La visita de Estado protagonizada por Carlos III y Donald Trump adquiere un valor especialmente significativo en términos de relaciones bilaterales. Se trata de un encuentro diplomático en el que la historia ha estado muy presente a través de las referencias tanto del monarca como del presidente y que, tras una intensa jornada, ha culminado en el histórico discurso ante el Congreso de los Estados Unidos. Con ello, el rey se convierte en el segundo monarca en dirigirse a esta institución, siendo su madre, Isabel II, la primera en hacerlo en 1991.
Las palabras del rey Carlos III
El monarca, ante la Sesión Conjunta del Congreso, ha dado inicio a sus palabras expresando su "especial gratitud a todos ustedes por el gran honor de dirigirme a esta Sesión Conjunta del Congreso y, en nombre de la reina y en el mío propio", enmarcando un nuevo hito desde su ascenso al trono en 2023. Unas palabras con las que el rey ha querido subrayar la relevancia desde los "tiempos de conflicto desde Europa hasta Oriente Medio que plantean enormes desafíos para la comunidad internacional", realizando un ejercicio de actualidad sobre una mesa decisiva en torno a la política internacional. "Nos reunimos también tras el incidente no lejos de este gran edificio que intentó dañar el liderazgo de su nación" —recordando el asalto al Capitolio en 2021—, subrayando que "tales actos de violencia nunca tendrán éxito. Sean cuales sean nuestras diferencias", poniendo en valor a quienes arriesgan sus vidas diariamente al servicio de nuestros países.
Un primer inicio que responde a la diplomacia, al rendimiento y al gesto constante del motivo de la visita: el 250.º aniversario de la independencia de Estados Unidos. "Al estar aquí hoy, es difícil no sentir el peso de la historia sobre mis hombros", ha dicho Carlos III, visiblemente emocionado. Un gesto con el que, a través de palabras, ha querido explicar los motivos de su histórica comparecencia, haciéndolo "con el mayor respeto hacia el Congreso de los Estados Unidos; esta ciudadela de la democracia creada para representar la voz de todo el pueblo estadounidense y promover derechos y libertades sagrados". Unas palabras que abrazaban —profundamente— un aire democrático, aunque también ejerciendo cierto recuerdo hacia quien fue la soberana del Reino Unido durante siete décadas. "Al hablar en esta reconocida cámara de debate y deliberación, no puedo evitar pensar en mi difunta madre, la reina Isabel, quien en 1991 también tuvo este gran honor y habló bajo la atenta mirada de la Estatua de la Libertad que se alza sobre nosotros", un signo con el que se interpreta que, de una forma u otra, Carlos III no solo asume el peso de una responsabilidad escrita en diamantes, sino el legado de una reina que sostuvo el poder británico.
La memoria histórica
"Hoy estoy aquí, en esta gran ocasión en la vida de nuestras naciones, para expresar el más alto respeto y amistad del pueblo británico hacia el pueblo de los Estados Unidos", ha destacado, ante un silencio que rodeaba a toda la cámara conjunta. Un momento en el que además ha querido destacar su papel como Príncipe de Gales, subrayando que "esta no es en absoluto mi primera visita a Washington, D.C., la capital de esta gran República. Es, de hecho, mi vigésima visita a los Estados Unidos y la primera como Rey y Jefe de la Commonwealth". Un gesto —casi melancólico— con el que ha explicado que este territorio "simboliza un periodo de nuestra historia compartida", haciendo alusión a la historia entre Inglaterra y Estados Unidos, una tierra a la que "Charles Dickens podría haber llamado 'Una historia de dos Jorges', el primer presidente, George Washington, y mi quinto bisabuelo, el rey Jorge III", a lo que ha querido recordar que "el primer soberano británico reinante en poner pie en América fue mi abuelo, el rey Jorge VI. Visitó en 1939 con mi querida abuela, la reina Isabel, la Reina Madre"
Con un tono de gran seriedad —cargado de memoria histórica— el monarca ha querido evocar aquellos momentos en los que "las fuerzas del fascismo en Europa estaban en marcha", recordando cómo, "algún tiempo después, los Estados Unidos se unieron a nosotros en la defensa de la libertad", en una alianza en la que, han subrayado, "nuestros valores compartidos prevalecieron". Hoy, ha añadido, el mundo se adentra en una nueva etapa: "nos encontramos en una nueva era" en la que esos mismos principios siguen intactos —"pero esos valores permanecen"—, aunque advirtiendo de que se trata de un tiempo "más volátil y más peligroso" que aquel en el que su madre, Isabel II, se dirigió a esta misma Cámara en 1991.
En esta línea, el rey ha alertado de que "los desafíos a los que nos enfrentamos son demasiado grandes para que una sola nación los soporte por sí sola", subrayando la necesidad de reforzar la cooperación en un contexto marcado por la incertidumbre. Lejos de acomodarse en los logros del pasado, ha insistido en que "nuestra Alianza no puede descansar en logros pasados ni asumir que los principios fundamentales simplemente perduran", apelando a una renovación constante del vínculo entre ambos países. Y, citando a su Primer Ministro, recordando que "la nuestra es una asociación indispensable" y que "no debemos ignorar todo lo que nos ha sostenido durante los últimos ochenta años. Debemos construir sobre ello", reforzando así la idea de una relación que mira al futuro sin perder de vista sus sólidas raíces, destacando que "La renovación comienza hoy con la seguridad…".









