Los rincones del recinto más romántico de la agenda real se han engalanado para acoger la visita de los reyes Guillermo y Máxima, quienes, vestidos con el protocolo establecido, han dado inicio a una de las jornadas más esperadas del verano. Un gesto con el que la reina ha alcanzado el esplendor, luciendo un profundo look que ha combinado con una de las alhajas más imponentes del joyero real, recordando de esta forma la historia más arraigada a la dinastía Orange-Nassau.
Una cita rodeada de la 'jet set'
Los reyes de los Países Bajos se han convertido en los protagonistas de uno de los gestos más emotivos que formarán parte del legado de su reinado. Tanto Guillermo como Máxima se han trasladado hasta la Gala del Ballet Nacional —cuyo escenario está situado en Ámsterdam— para rendir homenaje a quien ha dirigido la compañía de ballet neerlandesa durante más de dos décadas. Un encuentro con el que los reyes, a través de su asistencia, han querido poner el broche de oro a la despedida de Ted Brandsen. Una cita que, precisamente, ha supuesto una gala rodeada de esplendor para conmemorar la trayectoria de quien hoy se despide de la dirección artística del país, y con la que la reina ha querido convertirse en protagonista a través de unas de las alhajas con más históricas de la Corona neerlandesa.
Para la ocasión —tan emotiva como protocolaria—, la reina de los Países Bajos se ha enfundado en un atuendo marcado por el rojo carmesí que ha envuelto su figura, el cual ha combinado con una de las alhajas más imponentes del joyero real, luciendo sobre su mano derecha la histórica pulsera de 385 piedras preciosas perteneciente al aderezo de rubíes de Mellerio. Una majestuosa pieza estructurada en tres hileras de diamantes, coronadas por un motivo floral y un gran rubí central que acapara toda la atención del diseño. Un guiño cargado de historia, ya que este exclusivo aderezo fue uno de los encargos más personales del rey Guillermo III a la histórica joyería Mellerio —allá por 1888—, concebido como un regalo para la reina Guillermina, figura inseparable de algunas de las joyas más emblemáticas de la monarquía neerlandesa. Y es que, se trata de una de las piezas más solemnes del joyero de la reina, por lo que su uso no es excepcional, sino que podría tratarse de un guiño por parte de la esposa del rey Guillermo-Alejandro para dar brillo a la que, quizá, sea una de las noches más emotivas del año.
Un gesto con el que la reina ha querido homenajear a una de las figuras más relevantes dentro de la producción artística del Ballet Nacional en Ámsterdam, luciendo algunas de las alhajas más impresionantes del joyero real como guiño histórico hacia quien ha dirigido la compañía durante veintitrés años. Una asistencia con la que —una vez más— los reyes de los Países Bajos subrayan sus lazos con la cultura más excepcional del país. Un cierre a una velada que, en cierta forma, trasciende lo artístico para reafirmar el apoyo constante de la institución en favor de la cultura nacional. Y es que, en una institución como el Ballet Nacional de Ámsterdam, donde la innovación y la tradición van unidas de la mano, la despedida de Ted Brandsen simboliza el cierre de una etapa clave, con la que Máxima ha querido brillar más que nunca con diamantes y rubíes históricos. Una noche en la que el arte, el reconocimiento y la presencia institucional se han unido para celebrar una trayectoria marcada por la excelencia.







