Hay algo especialmente revelador en las fotografías de Felipe VI cuando todavía era príncipe y los veranos transcurrían entre Mallorca, las regatas y los días de descanso familiar: el estilo que hoy se reconoce en el rey ya estaba ahí. Mucho antes de que su sastrería se convirtiera en objeto de análisis y de que aquella aparición en Wimbledon en 2023 despertara la atención de expertos internacionales, Felipe de Borbón ya dominaba una forma de vestir masculina basada en la proporción, la sencillez y los pequeños detalles. Camisas de algodón y lino con el cuello abierto, mangas remangadas, pantalones blancos, mocasines y zapatos náuticos componían un uniforme estival que tenía algo difícil de conseguir: parecía natural. Incluso en aquellas imágenes de juventud junto a la familia real británica, durante la visita de Carlos y Diana de Gales a España, el entonces príncipe demostraba que la elegancia le era innata.
Un estilo que estaba antes que el título de rey
La imagen contemporánea de Felipe VI como uno de los miembros de la realeza mejor vestidos de Europa suele asociarse a sus trajes perfectamente cortados, sus camisas impecables y una paleta cromática deliberadamente contenida. Pero reducir su estilo a la sastrería sería quedarse en la superficie. Una de sus grandes virtudes siempre ha sido saber cuándo relajarse.
En las fotografías de su adolescencia y juventud aparece una constante: incluso cuando lleva prendas completamente informales, existe una preocupación evidente por la proporción y por cómo se combinan las piezas. No hay exceso de accesorios ni una búsqueda evidente de tendencia. Hay camisas sencillas, pantalones rectos, cinturones, mocasines y náuticos. Y, sobre todo, una manera concreta de llevarlos.
El cuello ligeramente abierto, las mangas dobladas, la camisa por dentro del pantalón o la elección de un cinturón de tela transformaban prendas muy básicas en un conjunto mucho más sofisticado. Es precisamente esa capacidad para hacer que lo sencillo parezca especial la que hoy continúa definiendo su armario.
Mallorca en verano como escenario de estilo
Durante décadas, los veranos de la Familia Real española han estado ligados a Mallorca y al Palacio de Marivent, un escenario que también permite entender buena parte de la estética estival del entonces príncipe Felipe. El Mediterráneo exigía otro tipo de vestuario: tejidos ligeros, colores claros y prendas capaces de funcionar tanto para un paseo como para una jornada vinculada al mar.
Felipe parecía entenderlo perfectamente. El blanco, los azules, los tonos beige y los tejidos frescos se convirtieron en protagonistas de sus fotografías de verano, mientras que los zapatos náuticos y los mocasines aparecían una y otra vez.
Y había otro elemento que contribuía a aquella imagen: su aspecto físico de entonces. El pelo, mucho más rubio que en la actualidad, la piel bronceada y su porte ya marcadamente atlético —también vinculado a su afición por la vela— daban a aquellos conjuntos una apariencia especialmente mediterránea.
La camisa remangada que ya era su sello
Entre las fotografías de su adolescencia se repite una fórmula que, décadas después, sigue formando parte de su lenguaje sartorial: camisa azul, de algodón o lino, ligeramente abierta en el cuello y con las mangas remangadas.
A veces era lisa; en otras imágenes aparecía con rayas. La diferencia no estaba tanto en la prenda como en la manera de llevarla. Felipe evitaba convertirla en una camisa formal y dejaba respirar el cuello, mientras que el remangado de las mangas aportaba ese punto relajado que necesitaba un look de vacaciones.
Es una fórmula aparentemente sencilla, pero profundamente masculina: camisa ligera, piel bronceada y pantalón claro. Una combinación que funciona en Mallorca en los años ochenta y que podría aparecer hoy en cualquier editorial de moda masculina de inspiración mediterránea.
Los pantalones blancos y el cinturón de tela
Otro de los elementos que aparecen con frecuencia en las fotografías de sus veranos de juventud son los pantalones blancos o en tonos muy claros. La elección tiene sentido tanto desde el punto de vista práctico como estético: son una de las prendas más asociadas al verano mediterráneo y combinan especialmente bien con camisas azules, blancas o de rayas.
En aquellas imágenes, además, Felipe los llevaba en ocasiones con cinturones de tela, algunos con un marcado aire náutico y ligeramente bohemio. El detalle resulta especialmente interesante porque rompe la posible formalidad de unos pantalones blancos y conecta directamente con el ambiente de las Baleares y con la tradición náutica de sus vacaciones.
Abajo, casi siempre, aparecía otro de sus grandes básicos: el mocasín o el zapato náutico.
Cuando los años ochenta entraron en su armario
Felipe tampoco fue ajeno a las tendencias de su generación. En las fotografías de los años ochenta se puede apreciar cómo el entonces príncipe incorporó algunos de los códigos de aquella década sin perder su identidad.
Aparecen pantalones rectos con un ligero bajo acampanado y en colores más llamativos de lo que hoy asociamos con su armario, entre ellos el rojo y el rosa. También llevaba las características camisas de manga corta de la época, muchas veces por dentro del pantalón y dejando perfectamente visible el cinturón.
Es una imagen muy distinta del Felipe VI que hoy conocemos, pero hay algo que permanece: la elección de prendas clásicas y una silueta ordenada. Incluso cuando el color o el corte pertenecían inequívocamente a los años ochenta, el conjunto seguía teniendo estructura.
El uniforme más informal de las regatas
Si existe un contexto en el que Felipe podía permitirse abandonar por completo la imagen de príncipe impecablemente vestido era el mar. Su pasión por la vela y su participación en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 explican la presencia de numerosas fotografías en las que aparece con ropa deportiva.
En ellas encontramos una versión mucho más informal: camiseta blanca de manga corta con el nombre de la embarcación, bermudas azul marino y cinturón de tela rojo.
En otras ocasiones repetía la camiseta y cambiaba las bermudas por unos pantalones cortos finos de algodón en beige. Añadía gafas de sol y unos zapatos náuticos azul marino con detalles y suela blanca.
Incluso aquí la combinación resulta reveladora. Blanco, azul marino, beige y rojo: una paleta prácticamente náutica que vuelve a demostrar su capacidad para vestir de acuerdo con el contexto sin perder coherencia.
El otro uniforme de verano
En algunas fotografías relacionadas también con las embarcaciones aparece una versión ligeramente más arreglada de aquel vestuario deportivo: polo azul marino de manga corta, pantalón largo blanco, cinturón a juego y zapatillas deportivas blancas.
Es probablemente uno de los ejemplos más claros de esa frontera que Felipe siempre ha sabido manejar entre lo deportivo y lo elegante.
El verano de Lady Di
Uno de los capítulos más interesantes de aquellos años llegó cuando el entonces príncipe Felipe coincidió con Carlos y Diana de Gales y sus hijos, Guillermo y Harry, durante sus vacaciones en España.
En una de las imágenes de aquella visita aparece con una camisa azul claro de manga larga, remangada y con el cuello abierto, introducida dentro de unos pantalones rectos de color beige. El conjunto se completa con un cinturón de piel con hebilla plateada y sus habituales náuticos marrones de cordones.
Es una fotografía especialmente significativa porque resume prácticamente todos los códigos que aparecen en sus veranos de juventud: colores claros, camisa relajada, pantalón recto, cinturón visible y calzado náutico.
La guayabera y los mocasines
En otra de las fotografías de aquel verano aparece con una prenda que parece una guayabera azul marino, también con las mangas remangadas y el cuello abierto.
La combina con unos pantalones rectos en blanco roto y unos mocasines marrones de piel. Aquí el resultado es más sofisticado, pero conserva la misma naturalidad.
Es probablemente una de las mejores demostraciones de lo que hacía especial al joven Felipe: vestía como un príncipe, pero nunca parecía disfrazado de príncipe. Había una cierta despreocupación juvenil en la manera de llevar las prendas que impedía que la elegancia resultara solemne.
Cuando llegaron los vaqueros
A comienzos de los años noventa, el armario del entonces príncipe también se acercó a una estética más americana. El denim empezó a convivir con sus clásicos de verano y en algunas fotografías aparece con vaqueros rectos azules, camisa blanca de manga corta, varios botones abiertos en el cuello y cinturón de piel marrón.
El conjunto conecta con aquella estética de inspiración estadounidense que en esos años popularizó el universo de Ralph Lauren: masculina, deportiva, ligeramente western y basada en prendas reconocibles.
Pero, de nuevo, Felipe no necesitaba demasiados elementos. Una camisa blanca, unos vaqueros rectos y unos buenos zapatos eran suficientes.
El verano en Nueva York
Hay otra fotografía especialmente interesante porque demuestra que también sabía jugar con las tendencias de la década. Durante un verano en Nueva York, Felipe sustituyó la camisa blanca por una camisa oversize de color naranja melocotón, con grandes bolsillos delanteros, mangas remangadas y cuello abierto.
La combinó con unos pantalones azules de tono lavado y un cinturón con hebilla metálica.
La silueta es mucho más noventera que la de las fotografías de Mallorca, pero vuelve a aparecer la misma lógica: una camisa protagonista, pantalón sencillo y un accesorio que estructura el conjunto.
La elegancia como una cuestión de proporción
Vistos en conjunto, todos estos looks cuentan algo más interesante que una sucesión de modas antiguas. Felipe VI no ha construido su estilo desde cero al llegar al trono.
Las fotografías de juventud permiten comprobar que muchas de las características que hoy identificamos con él ya estaban presentes entonces: la importancia del corte, la preferencia por los colores fáciles de combinar, el gusto por los tejidos apropiados para cada contexto y una extraordinaria capacidad para vestir de manera relajada sin perder elegancia.
Del joven príncipe al rey mejor vestido
Hay también una explicación biográfica para esta coherencia. Felipe creció con una formación extraordinariamente vinculada al protocolo y a la representación institucional, pero al mismo tiempo desarrolló una intensa relación con el deporte, especialmente con la vela. Fue miembro del equipo olímpico español en los Juegos de Barcelona 1992 y abanderado de España en la ceremonia de inauguración.
Esa combinación entre disciplina y deporte aparece también en su forma de vestir.
Por eso resulta tan interesante volver ahora a sus fotografías de juventud. Antes de los trajes perfectamente ajustados, de los cuatro-in-hand y de las apariciones internacionales que han llevado a expertos en moda masculina a analizar su sastrería, estaba aquel joven príncipe de Mallorca: camisa abierta, mangas remangadas, pantalón blanco y náuticos.
Un estilo que no necesitó reinventarse
Quizá la mayor prueba de que el actual “glow up” de Felipe VI no es exactamente un cambio sea mirar estas fotografías con perspectiva.
El rey ha perfeccionado su manera de vestir, ha afinado las proporciones y ha convertido la sastrería en uno de los elementos más reconocibles de su imagen pública. Pero la intuición estaba allí mucho antes.
En los veranos de su juventud ya sabía que una camisa no tenía por qué llevarse completamente abotonada, que un pantalón blanco podía ser tan elegante como uno oscuro, que unos náuticos podían funcionar mejor que unos zapatos formales y que un buen cinturón podía cambiar por completo un conjunto.
La corona llegó después. El estilo, en cambio, llevaba décadas acompañándole.



















