La decisión de llevar a un padre o a una madre a una residencia suele estar acompañada de dudas, culpa y una profunda sensación de tristeza. Incluso cuando las circunstancias dejan claro que ya no es posible proporcionar en casa la atención que necesita, dar ese paso rara vez resulta sencillo. Sin embargo, más allá de los cuidados físicos y asistenciales, las residencias pueden aportar beneficios emocionales que a menudo pasan desapercibidos para las familias.
Precisamente en ellos hemos querido poner el foco. Porque, para muchas personas mayores, ingresar en una residencia no solo supone recibir la atención adecuada, sino también recuperar espacios de convivencia, mantener una mayor autonomía y sentirse acompañadas en el día a día. De ello hemos hablado con Carla Ruiz, psicóloga de la residencia Bouco Valdemarín, que destaca cómo el contacto cotidiano con otros residentes y con los profesionales del centro puede ayudar a combatir la soledad y favorecer un mayor bienestar emocional y calidad de vida.
Muchos mayores se sentían ya solos antes de ir a una residencia porque el día a día impide a muchos hijos pasar todo el tiempo que les gustaría con ellos.
Tomar la decisión de llevar a un padre o a una madre a una residencia no suele ser fácil y viene condicionado por la dificultad de darle los cuidados que precisa. ¿Por qué esta decisión suele generar culpa incluso cuando está justificada?
Ese sentimiento ocasional puede explicarse por el sentido de responsabilidad que los hijos puedan tener hacia sus padres, llegando a percibir que deberían de ser ellos quienes les dieran esos cuidados. Sin embargo, resulta fundamental aceptar y reconocer que, en determinadas circunstancias, nuestros mayores necesitan cuidados específicos que no se pueden ofrecer en los hogares ni en el entorno familiar.
Una vez que el padre o la madre se traslada a una residencia, ¿cómo pueden los hijos gestionar las emociones que aparecen después en el progenitor?
Escuchando activamente a sus familiares, validando y reconociendo las distintas emociones que el mayor pueda estar experimentando y acompañándole durante todo el proceso de adaptación. Asimismo, es importante mantener una presencia activa a través de las visitas, para que siga sintiendo el apoyo y la cercanía de sus seres queridos. Por último, es fundamental respetar los tiempos de adaptación, tanto de la persona mayor como de sus familiares.
Un estudio de la Fundación IDIS recoge que el 70% de las personas mayores que viven en una residencia opinan que estos centros ayudan a reducir la soledad. ¿De qué manera les ayuda en este sentido?
Las residencias ofrecen un contexto de mayor oportunidad para que surjan interacciones sociales, creación de vínculos afectivos y sentimiento de pertenencia a una comunidad. Tanto con otros residentes como con el equipo del centro. Todo ello ayuda a reducir la sensación de soledad en las personas mayores.
Muchos mayores se sentían ya solos antes de ir a una residencia porque el día a día impide a muchos hijos pasar todo el tiempo que les gustaría con ellos. ¿Puede el traslado a una residencia ayudarles a mejorar su bienestar emocional?
Las residencias favorecen, en muchos casos, el bienestar emocional, ya que las personas mayores reciben una mayor estimulación social, física y cognitiva. Todo ello contribuye a que mantengan un papel activo en sus propias vidas, fomentando su autonomía, participación y sentimiento de pertenencia a una comunidad, aspectos importantes para su bienestar emocional. Además, la presencia de los profesionales favorece el acompañamiento emocional y la atención individualizada, contribuyendo a su bienestar y proceso de adaptación.
¿En qué casos el ingreso en una residencia puede mejorar la calidad de vida emocional de una persona?
Si el mayor se siente solo en casa, por ejemplo, o en aquellos casos en las que las necesidades asistenciales y el acompañamiento que la persona mayor requiere, no se puede cubrir en su domicilio. En este sentido, estar rodeado de otras personas, participar en actividades significativas, y estar acompañado de los profesionales de la residencia, ayudan a reducir la sensación de soledad, fomentando su autonomía y calidad de vida emocional.
Comprobar que el progenitor al que se ha tenido que llevar a una residencia se encuentra allí bien emocionalmente es clave para la tranquilidad de los hijos. ¿Cómo pueden comprobar que efectivamente está a gusto?
Resulta fundamental que los profesionales de la residencia mantengan una comunicación fluida y continua con los familiares de la persona mayor, tanto durante los primeros días y semanas, como a través de un seguimiento posterior. Además de estas reuniones más formales, es importante fomentar la participación de las familias en actividades abiertas organizadas por el centro.
Nosotros, por ejemplo, tenemos el comedor abierto a los familiares que deseen comer el menú diario del centro con sus mayores, organizamos eventos gastronómicos, actividades de ocio o fiestas especiales, que les permitan compartir tiempo juntos y observar cómo se siente su familiar en el entorno residencial.
Es importante continuar mostrando interés por sus necesidades y preocupaciones, para que la persona mayor sienta que sigue formando parte su entorno y de la vida familiar, y que esto no ha cambiado por el hecho de vivir en una residencia.
¿Qué pueden hacer las familias para mantener el vínculo afectivo con la persona mayor una vez que se ha trasladado a una residencia?
Seguir acompañándole en este nuevo entorno a través de las visitas, llamadas y las actividades anteriormente mencionadas. Asimismo, es importante continuar mostrando interés por sus necesidades y preocupaciones, para que la persona mayor sienta que sigue formando parte su entorno y de la vida familiar, y que esto no ha cambiado por el hecho de vivir en una residencia.
¿Qué importancia tienen las visitas y el contacto emocional en esta nueva etapa?
Las visitas y el contacto emocional tras el ingreso en la residencia son fundamentales. La ausencia de las mismas, puede favorecer sentimientos de abandono o desconexión. Para que la persona mayor siga sintiéndose conectada al entorno familiar tras ingresar en la residencia, resulta imprescindible que los familiares mantengan una presencia activa.
¿Cómo pueden los familiares contribuir a que la adaptación sea más sencilla?
Respetando los tiempos de adaptación, que resultan diferentes en cada persona y cada historia. Validando las emociones que puedan experimentar durante todo el proceso sin restarles importancia o atención. Mantener una presencia activa y colaborar con los profesionales de la residencia para favorecer su adaptación y bienestar en su nueva etapa vital.
¿Qué actitudes ayudan a que una persona mayor siga sintiéndose querida y acompañada?
Para que la persona mayor se siga sintiendo querida y acompañada, es importante mantener una comunicación verbal y no verbal cercana, cuidando aspectos como el tono de voz o el contacto visual, entre otros. Asimismo, es importante practicar la escucha activa, validar sus emociones y evitar actitudes que infantilicen al mayor. Respetando siempre su autonomía y dignidad.





