Dra. Milagros Merino, neurofisióloga: "Los niños con TDAH empiezan a tener problemas de sueño mucho antes del diagnóstico y de que presenten síntomas"


Los menores con TDAH tienen más problemas de sueño que la población general, pero hay que tener en cuenta que precisamente esas mismas dificultades para descansar bien pueden ofrecer señales parecidas a dicho trastorno sin llegar a serlo.


Dra. Milagros Merino, neurofisióloga© SES
27 de agosto de 2026 a las 18:04 CEST

Alrededor de un 5% de los niños en España tienen TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad), según FEAADAH (Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad). De hecho, este es el trastorno crónico del neurodesarrollo más frecuente, hasta el punto de que la mitad de los afectados conservan esta condición en la edad adulta.

La calidad del sueño y los problemas que acontecen al descanso nocturno están íntimamente ligados con este trastorno. La Dra. Milagros Merino, neurofisióloga clínica y miembro del Grupo de Trabajo de Pediatría de la Sociedad Española del Sueño (SES), aclara hasta qué punto los problemas del sueño y el TDAH están relacionados.

Los niños con TDAH que duermen mal se despiertan activos, dinámicos, 'se comen el mundo'. Por el contrario, los niños inquietos y/o inatentos a causa del mal sueño se despiertan con dificultad, ya cansados, aunque mejoran los fines de semana

Dra. Milagros Merino, neurofisióloga

Un problema muy frecuente

Entre la mitad y el 75% de los niños con TDAH tienen también problemas de sueño, un porcentaje que quintuplica las dificultades para dormir en la población normotípica (sin alteraciones en el neurodesarrollo). De hecho, es bastante común que los progenitores consulten precisamente por estos problemas para descansar, antes de que el menor haya sido diagnosticado. "El sueño suele ser un motivo habitual y precoz de consulta médica por parte de los progenitores, ya que los niños con TDAH comienzan a tener problemas de sueño mucho antes del diagnóstico o la aparición de los síntomas de TDAH”, recalca la especialista.

Los problemas de sueño más frecuentes que presentan estos menores son los siguientes, como detalla la especialista de la SES:

  • Problemas para conciliar el sueño: que pueden estar asociados al síndrome de retraso de fase, una alteración en el ritmo circadiano del sueño, por el que se duermen más tarde. El 70% de los niños con TDAH tienen esta dificultad para lograr dormirse.
  • Ronquido y apneas del sueño: que se pueden presentar por separado o juntos. Está presente en un tercio de los menores con TDAH.
  • Síntomas similares al síndrome de piernas inquietas: uno de cada cinco niños con TDAH lo padece, una proporción 10 veces superior a la que presentan los niños sin TDAH. “Los niños con TDAH tienen una inquietud que dura 24 horas: están inquietos durante el día y su sueño nocturno es muy agitado, con cambios posturales frecuentes y sacudidas en las extremidades”, señala la Dra. Merino.
  • Fragmentación del sueño: hasta la mitad de los pequeños con TDAH sufren interrupciones durante el periodo en que están dormidos.

No obstante, tanto en el síndrome de piernas inquietas como en el trastorno por sueño inquieto y en el trastorno por movimientos periódicos en las extremidades, el origen suele estar en la deficiencia de hierro, por lo que, cuando se instaura un tratamiento para suplementar los depósitos férricos, el sueño puede mejorar.

Niña recién despierta estirándose en la cama© Getty Images

 Cómo afecta la falta de sueño al TDAH

La relación entre la falta de sueño y el TDAH va en ambas direcciones. Cuando el niño duerme poco, la corteza prefrontal, que es la estructura del cerebro más sensible desde el punto de vista metabólico a la falta de sueño, se ve afectada, y esto es muy importante, ya que actúa como freno, por ejemplo, ante la impulsividad y la inquietud de quienes tienen TDAH. También tiene un efecto sobre la atención, disminuyéndola.

“A diferencia del adulto, que ante la privación de sueño responde con somnolencia, el sistema nervioso central del niño, aún en desarrollo, reacciona mediante mecanismos de compensación conductual (hiperactivación paradójica). Es decir, 'lucha contra el sueño' para no dormirse. Esto provoca que los niños que no duermen bien estén aparentemente 'desinhibidos', inquietos, irritables, con tendencia a las rabietas, porque carecen de ese freno”, explica la representante de la Sociedad Española del Sueño.

Pero hay un aspecto muy importante a considerar y es que los niños sin TDAH que tienen problemas de sueño muestran los mismos síntomas que estos: inquietud, irritabilidad e inatención, por lo que, tal como aconseja la experta, es muy importante descartar si ante estas manifestaciones estamos ante este trastorno o ante una alteración del sueño. “Una clave para saber cuál es el problema primario, si el TDAH o el trastorno de sueño, es preguntarnos cómo se despierta el niño por la mañana: los niños con TDAH se despiertan activos, dinámicos, 'se comen el mundo'. por el contrario, los niños inquietos y/o inatentos a causa del mal sueño se despiertan con dificultad, ya cansados, aunque mejoran los fines de semana”, aclara la Dra. Milagros Merino.

Niño con energía recién despertado© Getty Images

Personalizar el tratamiento

En los niños con TDAH y problemas de sueño, es esencial personalizar el tratamiento para ofrecerles lo mejor en su caso. “No se debe proponer un tratamiento tipo 'café para todos', sino que debe individualizarse en función del trastorno de sueño y del paciente”, afirma la neurofisióloga, que destaca cómo el insomnio de conciliación mejora frecuentemente con la supresión del uso de pantallas al final del día y la melatonina ajustada a su hora circadiana; mientras que si existe ronquido, apneas e hipertrofia amigdalar, “es el especialista en otorrinolaringología quien tiene la clave”.

De cualquier forma, y "aunque no sea suficiente", la especialista aboga por implantar una buena higiene del sueño en estos pacientes. En ese sentido, estas son sus recomendaciones:

  • Eliminar pantallas (móviles, tablets, televisión, videojuegos, etc.) dos horas antes de la hora de dormir.
  • Promover la oscuridad total durante la noche.
  • Exponer al niño a la luz del sol natural nada más levantarse (durante 15 o 20 minutos).
  • Mantener unos horarios estables de acostarse y despertarse.
  • Promover la actividad física moderada o intensa durante el día para aumentar la presión homeostática del sueño.
  • Evitar las siestas prolongadas y más allá de las 16:00 horas en niños mayores de cinco años.