En "El primer año" (Ed. Destino), el escritor Francesc Serés relata cómo se abre paso la vida de su hijo Juli, desde las últimas semanas de embarazo hasta sus primeros meses de existencia. El padre acompaña al escritor, o viceversa, para reflejar los cambios que se van sucediendo en lo más visible y en lo invisible y en distintas esferas porque, como se recoge en el libro, desde el nacimiento del niño el mundo ya es otro. Hemos charlado con él.
Tiene que haber tiempo para todo, pero de pasar tiempo con los hijos nadie se arrepiente
En el libro, hablas de lo que va sucediendo en tu vida durante el primer año de tu hijo. ¿Cuál es la transformación más importante que has experimentado con la paternidad en lo personal y como escritor?
No quisiera hablar de un antes y un después, puesto que han pasado muchas cosas al mismo tiempo. Cambiar de país dos veces, cambiar de temas literarios, empezar nuevos proyectos, aprender otras lenguas y tener un hijo al mismo tiempo. Todo eso ha sucedido mientras empezaba una guerra en Ucrania, se acababa una pandemia y el cambio climático se acelera. Diría que hay un cambio de comprensión del mundo, del tiempo y de uno mismo.
"Tan irracional como la concepción, como el deseo de tener un hijo", puede leerse en tu obra. Tras este tiempo de paternidad, ¿sigues pensando que ser padre queda fuera de los circuitos de la razón?
Una parte sí, seguro, al menos en mi caso no lo puedo reducir a un razonamiento deductivo o conclusivo de porqués, causas y consecuencias. Y me alegro de que sea así, que haya una parte de caos, de descontrol y de azar. ¿Qué haríamos sin ellos?
Confiesas que intuiste muy pronto que era un niño y que el parto se iba a adelantar. ¿Cómo explicas esas revelaciones que parecen magia y que suceden a veces cuando eres padre?
Sí, parece un chiste, pero es así. Mi esposa empezó a pensar nombres de niña y le dije que no perdiera el tiempo que iba a ser un niño, dicho lo cual, a mí me era indiferente si era niño o niña, pero lo supe. O lo intuí, como con el adelanto del parto. Me acuerdo que al tercer mes me dije, “tienes cuatro o cinco meses, no más, acaba todos los trabajos que tienes pendientes porque va a venir antes.”
Cuando nace tu hijo y te encuentras con él en el hospital, refieres esas horas hasta que llega su madre a la habitación, las llamadas que haces a los familiares y concluyes: "El mundo ya era otro". ¿Ha vuelto el mundo a ser el mismo de antes o tenemos que asumir que la paternidad te cambia para siempre y te conviertes en otro ser distinto?
El mundo es otro, hay continuidades, por supuesto, pero imagino que alguien que ha nacido en 2024 puede tener una esperanza de vida (Dios lo quiera) de 100 años. Pues te irías a 2124, que parece una cifra de ciencia ficción. Y eso te hace ver cosas como el cambio climático o la política cotidiana de otra manera, claro está.
Sois padres en otro país, sin el apoyo familiar cerca, y comentas la ayuda que supone ese "café de los padres y de las madres", un espacio municipal que se pone a disposición de las recientes familias. ¿Qué sucede cuando la paternidad se vive más en solitario?
Pues tienes que crear tu red de apoyo, amigos, vecinos, etcétera. Necesitas gente, compañía… Y tienes que estar dispuesto a ofrecer tiempo y esfuerzo a los demás y, además, de hacerlo sin el carácter transaccional que tanto caracteriza nuestro tiempo. Dar sin pensar en esperar y, a veces, pedir sin vergüenza.
En el libro dices que no has tenido a tu hijo joven, y que incluso hay gente que te preguntaba por qué habías tardado tanto y te interrogaba sobre qué había más importante que un hijo a lo que dedicarle tiempo. ¿Qué ventajas y qué inconvenientes encuentras a una paternidad con más edad?
La paciencia; la alegría de pensar que “podría no haber sido y ha sido”; el hecho corporal, de cómo te encuentras, de cómo te cuidas; la percepción del tiempo y de los valores; la necesidad de ir al grano, de quedarte con lo importante… Hay muchas facetas de la personalidad que puede que –y hablo por mí– siendo joven a lo mejor no tienes tan desarrolladas. Por supuesto tienes otras. No se trata tanto de comparar como de aprender.
"Ahora has de tener esperanza por fuerza, acabas de tener un hijo, tú estás obligado", comenta un personaje del libro. ¿La paternidad te ha hecho confiar más en el mundo, ha agudizado tus miedos o una mezcla de ambas?
Una mezcla, es imposible desplazar la esperanza del ámbito del temor de que pase algo doloroso. Al mismo tiempo, solo hay una salida, ¿no? Echar para adelante y construir algo que sea mejor que lo que hay.
Cuando no tienes a tu hijo joven cambia la percepción del tiempo y de los valores, la necesidad de ir al grano, de quedarte con lo importante
Cuando no tienes hijos algunas personas te reprochan que tienes más tiempo libre, que puedes dedicarte más a ti o a tus ocupaciones, como revelas de una conversación que tuviste con otro escritor. ¿De dónde nace esa recriminación?
Eso me ha pasado algunas veces, pero creo que es falta de madurez. Somos todos adultos y tomamos nuestras decisiones. Culpar a los demás de tu falta de tiempo por tener que dedicárselo a tus hijos me parece tan mezquino que tengo la sensación que me ensucio solo con pensarlo.
Otro de los personajes de tu libro te aconseja sobre tu hijo: "Quédate con él como estás ahora. Podrás arrepentirte de mil cosas en la vida, pero hay una de la que es imposible que algún día te arrepientas, y es de haber pasado muchas horas con tu hijo". ¿Cómo influyó en ti este consejo?
Lo suficiente como para recordarlo y unirlo con uno de mis lemas vitales: lo único que tenemos es tiempo. A qué lo dedicamos nos define, y en ese ámbito hay un margen de actuación enorme para bien y para mal. Dedicarlo a tus hijos es para mí un “para bien” absoluto. Por supuesto tiene que haber tiempo para todo, pero de eso, de pasar tiempo con ellos, estoy seguro que nadie se arrepiente.
"Uno es del país y del tiempo en que crecen sus hijos", se recoge en tu obra. ¿De dónde te sientes tú ahora como padre y como escritor?
Es una pregunta muy difícil de responder puesto que hace cinco años que estamos fuera, que mi esposa es extranjera y que mi hijo ha nacido en otro país. Diría que sea cual sea mi sentimiento de pertenencia cada vez es más flexible y permeable. ¿Quién puede saber a dónde nos llevarán la vida y el mundo?








