La llegada del calor, las camisetas de manga corta, la playa y los planes improvisados convierten el verano en la prueba de fuego para los niños y adolescentes con escoliosis. ¿Se puede negociar el uso del corsé durante las vacaciones sin arruinar los avances de todo el año?
El doctor Eduardo Hevia Sierra, especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología, resuelve las dudas más frecuentes sobre el cuidado de la piel, la práctica de deporte y la adaptación de horarios al usar dicho dispositivo médico, y revela los avances médicos que están revolucionando el tratamiento de esta deformidad vertebral.
El verano es una época complicada para los chicos que llevan corsé debido a la escoliosis. Entre el calor y las ganas de ir a la playa, ¿es normal que aumente el rechazo al tratamiento en estos meses?
Todas las variables que están implicadas en la vida tan diferente de las vacaciones y del verano influyen negativamente en el cumplimiento de los tratamientos con corsé para la escoliosis. No solo por el calor y la playa, sino, en general, por las vestimentas más ligeras, la omnipresencia del traje de baño y la mayor convivencia entre los jóvenes, que hacen muy difícil encontrar horas para llevar el corsé durante el día.
El verano también es una época importante para la calidad de vida del adolescente, y aquí es donde entra la individualización.
Muchos padres se enfrentan a negociaciones diarias con sus hijos para que no se lo quiten. ¿Se puede ser flexible con las horas de uso en verano o "relajar" el tratamiento unos meses puede tirar por tierra el trabajo de todo el año?
La respuesta corta es: depende de la fase del tratamiento, pero, en general, no es recomendable "dar vacaciones" al corsé durante todo el verano. Unas semanas de uso irregular pueden reducir parte del efecto conseguido durante el año, especialmente en adolescentes que todavía están creciendo.
Hay que recordar que el corsé no corrige definitivamente la escoliosis, sino que controla la progresión de la curva mientras el paciente está en crecimiento. Su eficacia depende, en gran medida, del número de horas de uso al día. Los grandes estudios han demostrado una relación clara entre adherencia y éxito: cuanto más se aproxima el paciente a las horas prescritas —habitualmente entre 18 y 23 horas diarias, según el caso—, mayor es la probabilidad de evitar que la curva progrese y de reducir la necesidad de cirugía.
El horario nocturno puede ser una buena estrategia para compensar parte de las horas que no pueden cumplirse durante el día.
Hablemos de las altas temperaturas: ¿qué problemas de piel suelen aparecer por el sudor bajo el corsé en verano y qué trucos o precauciones recomienda para evitarlos?
Las altas temperaturas aumentan el riesgo de problemas cutáneos derivados del uso del corsé. Tanto las precauciones como los errores deben considerarse en los dos sentidos: el del excesivo cumplimiento, con los problemas cutáneos que pueden ocasionarse, y el del excesivo abandono del tratamiento, con el riesgo de evolución de la curva.
Es muy conveniente el uso de camisetas de algodón 100 %, sin costuras laterales y ajustadas al cuerpo para evitar pliegues que causen ampollas, así como mantener una buena higiene de la piel, limpia y completamente seca.
Se desaconseja el uso de cremas hidratantes espesas justo antes de colocarse el corsé, ya que reblandecen la piel; se prefieren lociones astringentes o alcohol de romero para endurecer las zonas de roce.
Ir a la playa o a la piscina es la gran duda. ¿Deben quitarse el corsé para bañarse? ¿Es recomendable que pasen el día en la arena sin él o hay que ponérselo en cuanto salen del agua?
No deben bañarse con el corsé. El material plástico (polipropileno o polietileno) con el que se fabrica no es transpirable. El aumento de la temperatura local y la humedad favorecen la maceración de la piel y la dermatitis. Lógicamente, el calor hace aún más difícil su tolerancia.
Flexibilidad no significa abandonar el tratamiento. Es preferible adaptar los horarios que dejar de utilizar el corsé durante semanas.
Uno de los mitos más extendidos es que la natación corrige la escoliosis. La natación es un excelente deporte, pero no existe evidencia científica de que corrija una escoliosis ni de que detenga su progresión por sí sola
El verano invita a moverse más. ¿Qué deportes o actividades físicas veraniegas son totalmente seguras y cuáles deberían evitar los chicos con escoliosis?
Se recomiendan especialmente la natación y los deportes simétricos, y se desaconsejan los deportes muy enérgicos y asimétricos.
La respuesta que más tranquiliza a las familias es que el verano no debe vivirse como una época de restricciones, sino como una oportunidad para mantenerse activo. Salvo situaciones muy concretas, los adolescentes con escoliosis idiopática pueden participar en prácticamente cualquier actividad física.
La gran mayoría de los deportes realizados con ánimo recreativo y no competitivo son seguros e incluso recomendables: natación, senderismo, ciclismo, carrera continua, voleibol, baloncesto, fútbol, danza, surf, piragüismo, actividades acuáticas y gimnasio supervisado.
Uno de los mitos más extendidos es que la natación corrige la escoliosis. La natación es un excelente deporte, pero no existe evidencia científica de que corrija una escoliosis ni de que detenga su progresión por sí sola. Puede formar parte de un estilo de vida saludable, pero no sustituye al seguimiento médico ni a otros tratamientos cuando están indicados.
En la escoliosis idiopática del adolescente no se ha demostrado que la práctica deportiva habitual provoque la progresión de la curva. Por ello, no suele ser necesario prohibir deportes específicos.
Algunos deportes de alta exigencia implican cargas repetitivas o movimientos extremos, como la gimnasia artística, la gimnasia rítmica, el ballet de alto nivel, la halterofilia competitiva o los deportes de élite con entrenamiento intensivo. No están necesariamente prohibidos, pero requieren una valoración más cuidadosa, especialmente si la curva es importante o el adolescente está en pleno pico de crecimiento.
¿Y en el caso de que el niño lleve corsé?
Muchos adolescentes pueden realizar deporte sin el corsé durante la actividad y volver a colocárselo después. De hecho, el ejercicio físico suele formar parte de una estrategia global de tratamiento y no debe abandonarse por el hecho de usar una ortesis.
Muchos equipos permiten organizar el horario para disfrutar de determinadas actividades durante el verano: quitar el corsé para ir a la playa o a la piscina, realizar deporte sin corsé si así está indicado y aprovechar las horas nocturnas y los periodos de descanso para compensar el tiempo retirado.
El objetivo es que, al finalizar las 24 horas, se siga alcanzando el número de horas prescrito.
Un mensaje que suele tranquilizar a las familias es que una excepción puntual —una boda, un campamento, un día de playa o una celebración especial— no suele arruinar el tratamiento. Lo que sí puede comprometerlo es que esa excepción se convierta en la norma durante dos o tres meses.
Se les puede resumir con una idea sencilla: El corsé funciona por constancia, no por perfección. Un día excepcional no cambia el pronóstico; un verano entero sin cumplir las horas sí puede hacerlo.
Si tuviéramos que hacer una lista, ¿cuál es el error más frecuente que cometen las familias durante las vacaciones con respecto al corsé?
Si hubiera que señalar un único error, sería este: pensar que un verano de descanso no tendrá consecuencias porque después, en septiembre, ya volverán a cumplir el tratamiento.
Es una idea muy comprensible, pero precisamente el verano suele coincidir con un periodo en el que muchos adolescentes siguen creciendo, y la escoliosis tampoco se toma vacaciones. Si el corsé deja de utilizarse durante semanas o meses, se pierde el efecto de contención que protege la columna durante esa etapa de crecimiento.
Otros errores frecuentes serían:
- Reducir las horas "solo unos días"... y que esos días se conviertan en todo el verano. Lo que empieza siendo una excepción acaba transformándose en un cambio de rutina.
- Quitarse el corsé para cualquier actividad. Es razonable retirarlo para nadar, hacer deporte o determinadas actividades físicas, pero no porque haga calor, para pasear o simplemente por comodidad.
- No adaptar el horario. Muchas familias piensan en las horas perdidas, cuando deberían pensar en las horas recuperables. Si el corsé se quita durante la playa o la piscina, normalmente puede compensarse utilizándolo más tiempo por la tarde, durante la noche o mientras se descansa.
- No consultar antes de modificar el tratamiento. Hay adolescentes que pueden permitirse cierta flexibilidad y otros en los que una reducción importante de horas supone un riesgo claro de progresión. Esa decisión debe individualizarse.
- Asumir que las molestias por el calor son inevitables y no aplicar medidas que mejoren la tolerancia al corsé. En ocasiones, pequeños ajustes del corsé, el uso de camisetas técnicas sin costuras, una correcta higiene de la piel o una revisión del ajuste mejoran mucho la tolerancia.
- Pensar que, como la radiografía anterior salió bien, el corsé ya ha hecho su trabajo. En realidad, una buena evolución suele ser precisamente la consecuencia de haber cumplido el tratamiento. Abandonarlo antes de finalizar el crecimiento puede hacer que la curva vuelva a progresar.
- El mensaje que más ayuda a las familias es cambiar el enfoque: el objetivo del verano no es "cumplir el corsé a pesar de las vacaciones", sino integrar el corsé en las vacaciones. Con un poco de planificación, la mayoría de los adolescentes pueden ir a la playa, bañarse, hacer deporte, viajar, acudir a campamentos o disfrutar con sus amigos sin renunciar a la eficacia del tratamiento.
Una frase que resume bien esta idea sería que las vacaciones pueden cambiar los horarios, pero no deberían cambiar el objetivo del tratamiento. La clave no es llevar el corsé a todas horas sin excepción, sino conseguir que, al final del día, la columna haya recibido el tiempo de tratamiento que necesita.
Precisamente el verano suele coincidir con un periodo en el que muchos adolescentes siguen creciendo, y la escoliosis tampoco se toma vacaciones
A veces, a pesar de cumplir a rajatabla con el corsé, la escoliosis sigue progresando. ¿Por qué ocurre esto?
La progresión de una escoliosis es un fenómeno complejo y multifactorial. No todas las escoliosis progresan, pero cuando lo hacen suele deberse a un desequilibrio biomecánico que se perpetúa durante el crecimiento o a procesos degenerativos en el adulto. La explicación más aceptada es la de un origen biomecánico basado en el denominado "círculo vicioso de la progresión".
Una curva en la columna provoca que el lado cóncavo soporte más carga de compresión, mientras que el lado convexo soporta menos carga. Durante el crecimiento, las vértebras y los discos crecen menos donde reciben más presión y más donde reciben menos presión, lo que provoca un aumento de la deformidad vertebral, de la inclinación de la columna, de la asimetría y, en consecuencia, de la deformidad.
Es un auténtico círculo vicioso de crecimiento asimétrico.
¿Cuáles son los principales avances en relación con el tratamiento de este problema de salud?
La nueva técnica desarrollada en España por un equipo junto al Dr. Jesús Burgos Flores realiza la corrección de la escoliosis mediante modulación vertebral y presenta muchas ventajas. Fundamentalmente, permite evitar la fijación (artrodesis) de por vida de la columna vertebral, conseguir una columna recta y fisiológica al final del tratamiento y evitar llevar tornillos o implantes metálicos en el cuerpo durante tantísimos años.
Pero no es menos importante la enorme ventaja de no necesitar corsé durante la especial etapa de la adolescencia, permitiendo que estos niños y niñas vivan una juventud sin los estigmas y limitaciones que suelen conllevar estos tratamientos, tanto por factores físicos como psicológicos. No solo el verano es una época importante para la calidad de vida del adolescente.
¿Qué mensaje de tranquilidad o consejo clave le daría a unos padres que acaban de recibir el diagnóstico de su hijo a las puertas de las vacaciones?
La escoliosis idiopática del adolescente rara vez constituye una urgencia médica. Las vacaciones pueden disfrutarse con normalidad y lo importante ahora es informarse bien, realizar una valoración adecuada del riesgo de progresión y seguir los controles recomendados.
La palabra "escoliosis" suele generar una gran preocupación porque los padres la asocian inmediatamente con cirugía, discapacidad o limitaciones futuras. Dejar pasar unos meses de verano mientras asumen la necesidad de llevar corsé durante unos años ayuda también a comprobar la capacidad de progresión de la curva y a enfatizar las ventajas del tratamiento.
La realidad, desde el punto de vista estadístico, es que la mayoría de las escoliosis diagnosticadas en la adolescencia no requerirán cirugía, ya que muchas curvas pequeñas permanecen estables o progresan muy lentamente. Incluso cuando existe riesgo de progresión, disponemos de herramientas eficaces de seguimiento y tratamiento, como la observación periódica, la fisioterapia específica y, en determinados casos, el corsé. El diagnóstico precoz es precisamente lo que permite actuar a tiempo si fuera necesario.
También les diría que durante las vacaciones no deben convertir la escoliosis en el centro de la vida familiar. El adolescente debe seguir haciendo una vida normal: practicar deporte, nadar, correr, bailar o montar en bicicleta si le gusta, viajar, salir con amigos, dormir y moverse con normalidad. No existe una postura "perfecta" que vaya a corregir la curva ni una actividad cotidiana que vaya a empeorarla de forma significativa.
En resumen, preocuparnos menos por la radiografía aislada y más por el contexto global del paciente. La gran mayoría de los adolescentes con escoliosis idiopática llevan una vida completamente normal, practican deporte, estudian y desarrollan su vida sin limitaciones importantes derivadas de la deformidad.






