Marc Cucurella es uno de los nombres del momento. Su reciente fichaje por el Real Madrid lo ha situado en el centro de la actualidad deportiva, pero el futbolista también ha sido noticia por un motivo mucho más personal. En una reciente participación en El Partidazo de COPE, con Juanma Castaño, el jugador de la Selección Española abrió una ventana a su vida familiar y habló con enorme honestidad sobre la importancia de visibilizar el autismo, un trastorno que conoce de cerca porque su hijo Mateo lo es.
El lateral explicó que, aunque su hijo no suele acudir a los partidos, sí disfruta de las ocasiones en las que va al estadio del Chelsea, su equipo hasta ahora, gracias a la comodidad del palco familiar. “Él no va mucho, la verdad. Si va a Stamford Bridge tenemos nuestro palco. Y le encanta ir, pero porque no ve nada del partido, porque sabe que es su momento de tener el iPad y un poco ver pelis y YouTube, que lo tiene prohibido. Entonces sabe que es su momento”, contó. De hecho, reconoce que el pequeño se emociona cada fin de semana cuando se acercan al estadio, pero no precisamente por el hecho de ir a ver el partido: “A la que ve que estamos llegando ya se pone súper contento, pero el tema de la grada para él es difícil”.
Así les afectan las aglomeraciones y el calor
Cucurella precisó además que las aglomeraciones, el ruido y el calor son factores que le resultan muy complicados a su hijo. “Al final aquí también hace mucho calor y le agobia mucho. A él le gusta mucho más estar fresquito, con aire acondicionado, piscina… Si todo va bien, creo que solo va a venir a la final, o sea que ojalá sea así”, añadió en relación a la presencia de su pequeño en alguno de los partidos del Mundial. Hace así alusión a una de las situaciones a las que se enfrentan muchos padres de niños autistas en esta época y es que el verano es un desafío para ellos.
Durante la entrevista, también agradecieron al futbolista la visibilidad que ha dado al autismo en la infancia, algo que él reconoce que no siempre es fácil compartir. “Es difícil, cuesta contar los problemas de uno. Al final todo el mundo se piensa que nuestra vida es maravillosa y lo tenemos todo perfecto, pero al final tenemos problemas como tiene cualquier otra persona”, reflexionó. Aun así, asegura que la respuesta del público ha sido muy positiva: “Es difícil porque a nadie le gusta hablar de sus cosas, de sus problemas o inseguridades, pero al final el apoyo que tuvimos ha sido muy bueno. Estamos contentos de que la gente nos apoye y de poderle dar visibilidad a una cosa que hoy en día es bastante común”.
Para comprender mejor cómo viven estas situaciones tantas familias, hemos hablado con Ana González, psicóloga sanitaria especializada en neurodesarrollo y directora de Busca & Encuentra, una plataforma que conecta a familias y personas con condiciones del neurodesarrollo.
¿Qué impacto tiene que figuras públicas hablen abiertamente del autismo en sus hijos?
Durante mucho tiempo, muchas familias han silenciado o suavizado el diagnóstico de autismo de sus hijos por miedo a los juicios y opiniones de los demás. Que personas conocidas compartan de forma natural y respetuosa la experiencia de acompañar a un hijo autista tiene un efecto muy positivo a nivel social, porque ayuda a que el autismo deje de percibirse como algo excepcional, vergonzante o desconocido.
Un ejemplo reciente es el caso de Marc Cucurella, que ha hablado públicamente sobre el autismo de su hijo. Este tipo de testimonios ayudan a desmontar estereotipos. Muchas personas siguen teniendo una imagen muy limitada del autismo, cuando en realidad existe una enorme diversidad dentro del espectro.
Además, la visibilidad no solo tiene un valor informativo, sino también emocional. Muchas familias se sienten menos solas cuando ven que otras están viviendo experiencias similares. Eso favorece la comprensión, la empatía y la construcción de una sociedad más inclusiva. La visibilidad, además, resulta especialmente valiosa cuando va acompañada de información rigurosa y respetuosa.
Que personas conocidas compartan de forma natural y respetuosa la experiencia de acompañar a un hijo autista tiene un efecto muy positivo a nivel social
¿Piensa que puede esta visibilidad reducir estigma y acelerar diagnósticos?
Sí. Cuando el autismo adquiere presencia en los medios de comunicación, aumenta el conocimiento general sobre sus características e indicadores tempranos. Esto puede favorecer la detección precoz y reducir las dificultades asociadas a una identificación tardía.
También contribuye a disminuir el estigma, ya que ayuda a comprender mejor qué es el autismo y a desmontar ideas erróneas que todavía persisten. Este aspecto es especialmente relevante en grupos que históricamente han estado infradiagnosticados, como muchas mujeres autistas, cuyas características han pasado desapercibidas durante años.
Además, la detección temprana facilita el acceso a apoyos y servicios especializados que pueden desempeñar un papel importante en el desarrollo de la comunicación, las habilidades adaptativas y la calidad de vida de la persona y su familia.
¿Qué factores hacen que los estadios, conciertos o eventos masivos sean especialmente difíciles para un niño con autismo?
Los estadios, conciertos y eventos multitudinarios concentran muchos de los factores que con frecuencia pueden resultar difíciles para algunas personas autistas: el ruido intenso e impredecible, las aglomeraciones, las largas esperas, el calor, las luces brillantes, la excepcionalidad del evento y los cambios en la rutina pueden generar una importante sobrecarga sensorial y cognitiva.
En estos casos, la dificultad no suele estar en el interés por participar, sino en que el entorno sea lo suficientemente accesible y predecible como para poder disfrutar de la experiencia con bienestar.
Afortunadamente, cada vez existen más iniciativas orientadas a facilitar esa participación. Un ejemplo reciente es la puesta en marcha de medidas específicas por parte de la Real Federación Española de Fútbol durante algunos partidos de la Copa del Rey. Esto demuestra que, con formación, sensibilidad y voluntad, es posible realizar ajustes que permitan que más personas disfruten plenamente de estos eventos.
¿Cómo pueden las familias anticipar y preparar a un niño para un entorno con ruido, calor y mucha gente?
La preparación empieza antes del evento. Conviene explicar al niño, utilizando apoyos visuales si los necesita, dónde va a ir, cuánto tiempo durará aproximadamente la actividad, qué sucederá allí y qué puede hacer si en algún momento se siente incómodo.
Las historias sociales, las fotografías del lugar, los vídeos breves o los horarios visuales suelen ser herramientas muy útiles para anticipar la experiencia y reducir la incertidumbre.
También puede ser útil identificar previamente espacios tranquilos o zonas de descanso donde la familia pueda acudir si el niño necesita regularse o hacer una pausa.
Además, es recomendable llevar un pequeño “kit de regulación” con aquellos elementos que puedan resultar útiles, como auriculares de protección auditiva, objetos de interés, música, juguetes sensoriales o un ventilador portátil. Pequeñas medidas como estas pueden marcar una gran diferencia en el bienestar durante la actividad.
¿Qué papel pueden tener las pantallas en el día a día de un niño con autismo y cómo regular su uso sin generar conflicto?
Las pantallas no son malas por sí mismas. Su impacto depende del uso que se haga de ellas, del tiempo dedicado y de las necesidades concretas de cada persona.
En muchos casos, la tecnología puede cumplir funciones muy positivas: favorecer intereses específicos, servir como herramienta de comunicación, facilitar el acceso a la información o aumentar la motivación por el aprendizaje. Además, el manejo de herramientas digitales es hoy una competencia fundamental para favorecer la participación social y reducir la brecha digital que todavía afecta a muchas personas con discapacidad.
El reto aparece cuando el uso de las pantallas se convierte en una actividad absorbente o desplaza otras experiencias importantes. Por ello, puede ser útil acordar horarios, supervisar los contenidos y ofrecer alternativas atractivas de ocio, interacción social y actividad física.
Las normas suelen funcionar mejor cuando son predecibles, consistentes y se explican de forma comprensible para el niño. El objetivo no debería ser eliminar las pantallas, sino integrarlas de manera equilibrada dentro de una vida rica en experiencias, relaciones y oportunidades de desarrollo.
Durante el curso escolar suelen existir rutinas estructuradas, horarios estables y apoyos regulares que aportan seguridad y facilitan la organización del día a día
¿Por qué el verano puede ser una época especialmente desafiante para los niños con autismo?
Muchas personas autistas se sienten más cómodas en entornos previsibles y conocidos. Durante el curso escolar suelen existir rutinas estructuradas, horarios estables y apoyos regulares que aportan seguridad y facilitan la organización del día a día.
Con la llegada de las vacaciones, gran parte de esa estructura desaparece de forma repentina. Esto implica una mayor necesidad de adaptación y puede generar incertidumbre o malestar.
Además, algunas personas pueden experimentar una reducción de sus oportunidades de interacción social durante el verano, lo que puede incrementar el sentimiento de aislamiento.
A todo ello se suman factores físicos y sensoriales como las altas temperaturas, los cambios en los horarios de sueño, los desplazamientos, las aglomeraciones o la exposición a entornos desconocidos, que pueden aumentar el cansancio y dificultar la regulación emocional.
Por último, todavía son limitados los espacios verdaderamente accesibles y adaptados para personas autistas y sus familias, lo que puede dificultar la participación y el disfrute de las actividades vacacionales.
¿Cómo afectan los cambios de horarios, viajes o calor a su regulación emocional y sensorial?
Los cambios en las rutinas pueden provocar un aumento de la ansiedad, la irritabilidad, las dificultades para dormir o la sensación de pérdida de control sobre el entorno.
En los viajes se añaden otros factores como las esperas, los ruidos, los espacios desconocidos, las comidas diferentes o la imposibilidad de anticipar todo lo que va a ocurrir. La acumulación de estos elementos puede generar una importante carga emocional y sensorial.
Además, algunas personas autistas pueden experimentar dificultades en funciones ejecutivas como la planificación, la organización o la toma de decisiones. Cuando existe mucho tiempo libre y poca estructura, puede resultar más complicado decidir qué hacer o cómo organizar la jornada.
Todo ello puede dar lugar a conductas que reflejan malestar, estrés o sobrecarga, y que en ocasiones se interpretan erróneamente como un problema de comportamiento cuando, en realidad, constituyen una forma de comunicar una necesidad o una dificultad.
¿Qué recomendaciones daría para que las vacaciones sean más predecibles y seguras para ellos?
La recomendación principal es intentar mantener cierta estructura durante las vacaciones, conservando algunos puntos de referencia estables como los horarios de sueño, las comidas, determinadas actividades y los momentos de descanso.
También resulta útil anticipar los planes con suficiente tiempo mediante explicaciones sencillas, fotografías, calendarios visuales o pequeños itinerarios cuando sea necesario. Saber dónde van a estar, cuánto tiempo permanecerán allí y qué ocurrirá después puede reducir significativamente la ansiedad.
Conviene evitar agendas excesivamente cargadas y disponer siempre de una alternativa tranquila o de un espacio donde poder descansar si la situación se vuelve demasiado exigente.
En cuanto a la seguridad, es importante prestar especial atención a lugares como playas, piscinas, estaciones o espacios muy concurridos. Algunos niños pueden alejarse sin ser plenamente conscientes del riesgo o tener dificultades para pedir ayuda si se desorientan, por lo que la supervisión y la preparación previa son fundamentales.
Por último, durante los meses más calurosos es importante vigilar la hidratación y ofrecer agua con frecuencia, especialmente en aquellos niños que pueden tener dificultades para identificar o comunicar la sensación de sed.







