La pubertad marca el inicio de una nueva etapa en el desarrollo del niño; la maduración de sus órganos sexuales implica un paso importante tanto a nivel físico como emocional. Desde hace un tiempo, en Estados Unidos se venía advirtiendo de que la edad de inicio de la pubertad se estaba adelantando, algo que se ha confirmado también en Europa. Es un adelanto progresivo que se produce especialmente en las niñas y que puede cifrarse en unos tres meses por cada década que pasa, con respecto a los menores de otras épocas.
Para valorar este fenómeno, contamos con el Dr. César Herrera Molina, pediatra de Hospiten Roca, en Las Palmas de Gran Canaria, que nos habla de su repercusión.
La pubertad precoz puede tener un impacto emocional en el niño por su maduración física adelantada
¿Es peligroso que se adelante la pubertad?
Desde el punto de vista médico, la pubertad se inicia en las niñas cuando aparece el botón mamario en ambos lados; es lo que se conoce como telarquia. En los niños, este proceso se concreta cuando el volumen de los testículos llega o supera los cuatro centímetros cúbicos. Hasta hace unos años, esto no solía suceder hasta los ocho años en niñas y hasta los nueve en niños, pero ahora esta edad es mucho más variable y hay casos en que se adelanta.
¿Cómo valorar esta situación? "La interpretación de este adelanto debe hacerse con cautela. Resulta importante evitar la alarma social, pero también huir de la normalización automática de cualquier cambio en el ritmo puberal. En la mayoría de los casos se trata de una variante dentro de la normalidad. El papel del endocrinólogo pediátrico consiste en identificar qué niños necesitan un estudio más exhaustivo y cuáles pueden beneficiarse, cuando está indicado, de tratamientos destinados a modular el ritmo de la pubertad", aclara el especialista.
Puede haber una predisposición genética familiar que justifique ese adelanto, que se combine, a su vez, con factores ambientales, y todo ello no tiene que significar que hay un problema médico. No obstante, "las revisiones del niño sano desempeñan un papel clave en este proceso. En ellas se controla de forma sistemática el crecimiento, el peso y la aparición de los primeros signos puberales. Cuando surgen dudas, la valoración por parte de un endocrinólogo pediátrico permite estudiar cada caso de manera individualizada y decidir si es necesario ampliar el seguimiento o realizar pruebas complementarias", tranquiliza el Dr. Herrera.
El papel de la familia es importante también, pues deben ir observando la evolución de su hijo, en su contexto global de crecimiento y desarrollo, teniendo en cuenta su evolución previa y sus características individuales.
La influencia de la obesidad y de los disruptores endocrinos
"Tras la pandemia de la COVID-19 se produjo un aumento significativo de las consultas relacionadas con la pubertad precoz. Este incremento se ha vinculado a varios factores que actuaron de forma simultánea durante ese periodo, como el aumento del sobrepeso y la obesidad, el mayor uso de pantallas, las alteraciones del sueño y el incremento del estrés emocional. Entre todos ellos, la obesidad es el factor más relevante. El tejido graso cumple funciones hormonales activas y, cuando se encuentra en exceso, puede favorecer la activación temprana de los mecanismos que desencadenan la pubertad", revela el pediatra.
Disruptores endocrinos
Los disruptores endocrinos son sustancias químicas que pueden interferir en el sistema hormonal y a las que estamos expuestos en el día a día a través de la alimentación, los envases plásticos, algunos cosméticos y otros materiales de uso habitual. Entre los ejemplos más conocidos se encuentran los ftalatos y el bisfenol A.
"La evidencia científica muestra asociaciones entre la exposición a estos compuestos y el adelanto puberal, aunque no siempre es posible establecer una relación causal directa. Aun así, resulta razonable adoptar medidas de prudencia, como reducir el uso de plásticos en contacto con alimentos, limitar el consumo de productos ultraprocesados y enlatados y, promover políticas regulatorias que restrinjan la presencia de estas sustancias en productos destinados a la infancia", señala el experto de Hospiten Roca.
Obesidad infantil
Con respecto a la obesidad, hay que tener en cuenta que el tejido adiposo es un tejido hormonalmente activo. "Por un lado, transmite al organismo una señal de suficiencia energética necesaria para iniciar la pubertad. Sin embargo, cuando existe un exceso de grasa corporal, se genera un estado proinflamatorio que puede alterar el eje hipotálamo-hipófisis-gonadal y favorecer un inicio puberal más temprano. Además, el tejido adiposo contribuye a la producción periférica de hormonas sexuales", explica el Dr. César Herrera.
¿Significa esto que todos los niños con obesidad van a tener una pubertad precoz? No es así, pero el riesgo sí se incrementa. "Las medidas preventivas basadas en una alimentación saludable, la práctica regular de actividad física, la limitación del tiempo de uso de pantallas y un descanso adecuado no solo contribuyen a reducir el riesgo de pubertad precoz, sino que mejoran la salud global del niño", subraya.
¿Qué consecuencias tiene la pubertad precoz?
En algunos niños, la pubertad precoz se asocia a un mayor riesgo a largo plazo de alteraciones en la salud de tipo metabólico, como la obesidad o la resistencia a la insulina. "También se ha descrito una mayor probabilidad de conductas sexuales más tempranas y de alteraciones del estado de ánimo, en muchos casos relacionadas con la diferencia entre la maduración física y el desarrollo emocional. Estas asociaciones no son inevitables, pero sí justifican un seguimiento clínico y psicosocial adecuado", aconseja el pediatra.
Por eso, la pubertad precoz necesita de un acompañamiento coordinado entre distintos profesionales. "El endocrinólogo pediátrico se encarga de valorar el desarrollo hormonal y su evolución, mientras que el pediatra de Atención Primaria cumple un papel esencial en la detección temprana de los primeros signos. A este seguimiento se suma el apoyo psicológico cuando es necesario, especialmente ante el impacto emocional que puede generar una maduración física adelantada, así como el papel de los educadores en el entorno escolar. Esta coordinación permite ofrecer una atención más completa, cercana y eficaz, adaptada a las necesidades de cada niño", concluye.







