Después de estudiar tres años en el Ejército y tras hacer Bachillerato Internacional en Gales, en el UWC Atlantic College, en Llantwit Major, próxima a Cardiff, la Princesa Leonor vuelve a casa. Continuará formándose en la Universidad, en concreto, estudiará Ciencias Políticas en la Carlos III de Madrid tal y como ha anunciado hoy mismo la Casa Real. Esta decisión “pone en valor justo todo lo que he aprendido fuera de casa porque, cuando uno regresa a su contexto familiar, es cuando realmente puede aplicar esa perspectiva”, nos indica Elena Ibáñez, experta en trabajos del futuro y CEO de Singularity Experts, que ha obtenido el reconocimiento en dos ocasiones de ser incluida en el Top 100 de Mujeres Líderes.
De sus dos años escolares estudiando Bachillerato Internacional en Gales, se trae mucho más que la perfección del idioma; trae la experiencia del contacto con personas de otras nacionalidades, otras perspectivas y otras maneras de entender el mundo, algo que para la heredera al trono, destinada a representar a su país en todo tipo de contextos, es fundamental.
Más valioso aún, si cabe, es lo aprendido en su paso por el Ejército: "Los valores que allí habrá adquirido y desarrollado no se transmiten en la universidad", enfatiza la experta. "Ese compromiso, esa responsabilidad, ese sacrificio, esa generosidad, son unos valores de resiliencia y de entrega que también son imprescindibles en el papel que ella va a tener que desempeñar".
Cualquier persona que está forzado a relacionarse con personas tan diferentes de otros países, viviendo situaciones que no han vivido nunca antes, resolviendo problemas nuevos por primera vez en su vida... desarrolla muchísima confianza en sí misma.
Pero ¿qué implica volver a casa después de haber estado tantos años formándose fuera? Recordemos que, en total, han sido cinco años fuera de su hogar. ¿Cómo lo viven un joven de su edad? "Desde lo psicológico, muchos jóvenes experimentan una sensación ambivalente: por un lado, alivio y necesidad de reencuentro con lo conocido; por otro, una cierta extrañeza respecto a su propia vida anterior", apunta Luis Guillén, psicólogo de Psicopartner. "La casa sigue ahí, pero ellos ya no son exactamente los mismos".
Durante esos años fuera no solo adquieren conocimientos académicos, sino que aprenden otros aspectos que son, seguramente, mucho más importantes: “aprenden a sostenerse emocionalmente, a convivir con la incertidumbre, a relacionarse con personas de culturas distintas y a construirse una identidad más autónoma”, añade Guillén. “Eso suele producir una aceleración madurativa importante. Cuando regresan junto a su familia, a veces sienten que han cambiado más ellos que su entorno, y puede aparecer una pequeña sensación de desajuste: siguen siendo hijos, pero ya no se perciben del todo como adolescentes”.
En este punto, Elena Ibáñez señala que es necesario que los padres tengan en cuenta el aprendizaje no formal de su hijo y su mayor madurez: “es una persona mucho más autónoma, menos dependiente de todo, de los cuidados, de sus criterios y de otras muchas otras”.
En jóvenes que han cursado programas exigentes e internacionales en otro país es habitual observar varios cambios: "Suelen desarrollar una mayor tolerancia a la diferencia, más flexibilidad mental y una mirada más amplia sobre el mundo", además de disciplina, capacidad de adaptación y más independencia emocional, según indica el psicólogo. "Han tenido que aprender a manejar la soledad, la presión académica y la distancia afectiva en una etapa vital especialmente vulnerable".
La experta en trabajos del futuro ve otras muchas habilidades que se ven reforzadas: "cualquier persona que está forzado a relacionarse con personas tan diferentes de otros países, viviendo situaciones que no han vivido nunca antes, resolviendo problemas nuevos por primera vez en su vida... desarrolla muchísima confianza en sí misma, porque vuelve a su casa sabiendo que tiene capacidad de resolver esos problemas".
Ibáñez nos cuenta que también se ven muy potenciadas las habilidades sociales: "son personas que han empezado de cero con personas diferentes; ya han aprendido cómo se hace y se pueden sentir más cómodos haciéndolo". Y suma un aspecto que no se suele tener tan en cuenta, pero que ensalza el valor de la persona que tiene esta capacidad, y es la de relativizar y juzgar de una manera muy diferente: "cuantas más experiencia se conocen, menos severamente juzga".
Todo ello, que sin duda es un bagaje infinitamente positivo para cualquier individuo, puede también venir de la mano de un coste emocional, tal y como advierte el psicólogo Luis Guillén. "Algunos jóvenes vuelven más exigentes consigo mismos, más autoobservadores o incluso con cierta sensación de desarraigo; a veces sienten que ya no encajan del todo ni en el lugar del que salieron ni en el lugar al que fueron", comenta. "En casos muy expuestos públicamente, como la princesa Leonor, además, puede añadirse otro elemento: la conciencia de estar siendo observados constantemente". Eso, de nuevo, "obliga muchas veces a desarrollar una madurez emocional precoz y una enorme capacidad de autocontrol".
La elección de estudiar en España
Además, el hecho de estudiar en España y de no haber elegido una universidad internacional, en el caso de la heredera al trono "tiene todo el sentido del mundo porque ella va a tener una representación importantísima de este país y creo que le hace un gran favor apoyando la educación y la formación aquí", señala Ibáñez. "Es realmente un apoyo y un reconocimiento de la calidad de la Universidad en España; que vaya a formarse aquí es bastante significativo".
En cuanto a la elección de la carrera de Ciencias Políticas, la experta lo considera una buena elección, no solamente por la función pública que la Princesa Leonor ejercerá en el futuro, sino porque, en la era de la Inteligencia Artificial (IA) y en el contexto geopolítico actual con tantos conflictos, "la importancia de las humanidades, del concepto humanista" es mucho mayor, si cabe. "Nos encontramos en un momento de la historia en la que cobra muchísima importancia el papel humano dentro de todos estos conflictos".
Algunos jóvenes vuelven más exigentes consigo mismos, más autoobservadores o incluso con cierta sensación de desarraigo.
"Cobra muchísimo sentido el tener una formación diplomática para saber cómo mejorar las relaciones entre países, entre personas", subraya Elena Ibález. "Esto es algo maravilloso porque la inteligencia artificial definitivamente no lo va a sustituir". Que la heredera al trono adquiera habilidades y conocimiento al respecto, teniendo en cuenta el papel que ella va a desempeñar en las relaciones internacionales y en relaciones institucionales podrá facilitar acuerdos entre instituciones internacionales, explica la experta.






