Este lunes Toni Acosta se alzaba con el Fotogramas de Plata 2025 a Mejor actriz de teatro por su papel en Una madre de película, un monólogo que aborda el síndrome del nido vacío, algo para lo que casi ninguna madre está preparada, y eso a pesar de que la educación de los hijos gira en torno precisamente a eso, a darles alas para que, llegado el momento, puedan volar solos. Por eso, las palabras de la actriz para agradecer el reconocimiento hablan de la maternidad.
En concreto, cita a Jessie Buckley y a su discurso al recibir el Oscar: "hablaba del precioso caos del corazón de una madre, y tiene un bebé de seis meses" -decía Acosta- "O sea, le queda caos, desierto, subir montañas, bajarlas... Qué bonita es la inocencia". Su compañera de profesión acaba de iniciar el camino de la maternidad; un camino lleno de curvas, de altibajos y, en la mayoría de los casos, cuando se cree que se ha superado lo peor de una etapa, llega la siguiente fase y muchas madres se topan de lleno contra ella. Es precisamente a lo que se refiere la ganadora del Fotogramas de Plata, a todas esas curvas y a esos baches que le quedan aún a Buckley, madre primeriza, por recorrer.
"No creo que cada etapa sea más difícil que la anterior, sino diferente", nos dice al respecto Raquel Torres, coach familiar y fundadora de Familiart (www.familiart.es). "Porque la maternidad no va solo de criar hijos, va de descubrirnos a nosotras mismas". Al inicio de la maternidad, "empezamos con el cansancio, las noches sin dormir, la culpa, la exigencia… queriendo llegar a todo y siendo todo para todos, pero nos olvidamos de lo más importante: nosotras", comenta Torres, que hace hincapié en la necesidad de quererse también a una misma, de cuidarse, para poder cuidar a los hijos. "Cuando eso se nos olvida, la maternidad deja de ser disfrute y se convierte en carga".
Los hijos han sido un regalo, un préstamo increíble que nos ha permitido descubrirnos a nosotras mismas.
Del caos de los primeros meses al síndrome del nido vacío
"Juan Carlos Rubio (director de Una madre de película) me ayudó a ordenar ese caos para hacer un monólogo", reconoce Toni Acosta. "Ese monólogo creo que representa muy bien lo que significa tener que soltar. Dos hijos tengo yo, Nicolás y Julia. A ellos les mando un abrazo muy fuerte, porque es verdad que no tiene que haber sido siempre fácil ser los hijos de una actriz". Acosta decía esto en un vídeo que grabó previamente a la entrega de premios por si ganaba, ya que no iba a poder asistir a la ceremonia, tal y como recoge la revista Fotogramas. En su lugar acudieron precisamente sus hijos, que fueron los encargados de recoger el galardón de manos de José Coronado.
Pero no es fácil soltar cuando a lo que nos referimos es a los hijos. La realidad es que ese caos del que hablaba, que en no pocas ocasiones desborda, se echa de menos cuando los niños, ya adultos, se han marchado de casa. "Si lo piensas, nos estamos preparando para esta etapa toda la vida", señala Raquel Torres.
La experta considera que la vida es un conjunto de despedidas y, más aún, desde el momento en el que una mujer se convierte en madre: "Cuando nacen, hay un cambio de identidad: dejamos de ser solo nosotras para convertirnos en ‘la mamá de’; cuando crecen y llegan a la adolescencia, también hay un duelo: despedimos su niñez, ya no nos necesitan de la misma manera; y cuando vuelan, lo que cambia es su presencia… ya no están en el día a día, y ahí es donde se hace más evidente". Y, a partir de ahí, aparece también una comprensión muy profunda: "nuestros hijos no nos pertenecen", indica la coach.
Las fases de la maternidad
"La maternidad es un viaje de autoconocimiento precioso… aunque tenga muchas montañas rusas", asegura Torres, quien considera que cada etapa de este maravilloso viaje "viene a enseñarte algo a ti". Primero llega el caos del que hablábamos anteriormente, y la clave para afrontarlo es reducir la autoexigencia: “si la madre está bien, todo lo demás se recoloca”, afirma, tajante, la coach familiar. "Si está descansada, sostenida y emocionalmente acompañada, el bebé también lo nota; si ella está desbordada, todo se desborda".
La maternidad no va solo de criar hijos, va de descubrirnos a nosotras mismas.
Y esta premisa se mantiene en el resto de las fases de la vida de los hijos (y, por tanto, de la maternidad), cuando llegan los mal llamados terribles dos años y, mucho después, la adolescencia. En la primera de estas dos etapas, porque "no puedes sostener a tu hijo si tú estás desbordada", como pone de manifiesto Torres; y en la segunda, la clave está en no llevarse a lo personal las malas respuestas o los desaires del hijo adolescente: "cuando tú estás en tu centro, cuando eres coherente entre lo que sientes, dices y piensas, y sabes poner límites sin perderte, todo cambia; y ahí la relación se transforma".
Lo complejo suele ser justo cuando el caos desaparece. Cuando, después de años volcada en los cuidados y la atención a los hijos, llega el momento de que éstos se independicen y se marchen de casa. "Como decía Khalil Gibran, nuestros hijos no nos pertenecen… vienen a través de nosotros. Y ahí es donde empieza el verdadero aprendizaje como madres", comenta la fundadora de Familiart.
De nuevo, en esta nueva fase es también necesario mantenerse fuerte por dentro, equilibrada emocionalmente, porque incluso aquí "somos su faro", según Torres. Los hijos "han sido un regalo, un préstamo increíble que nos ha permitido descubrirnos a nosotras mismas. Por eso, más que prepararnos para que se vayan, el verdadero trabajo está en cómo nos vamos construyendo durante todo el camino".






