Psicología

Elena Sánchez Escobar, psicóloga, sobre cómo viven el Día del Padre niños que han perdido al suyo: "Escuchar cómo otros niños hablan de planes con su padre o preparar un regalo puede hacer que la ausencia se vuelva muy evidente"


La experta da pautas muy concretas sobre cómo ayudar a los niños en esta situación


Elena Sánchez Escobar, psicóloga, directora clínica y cofundadora de yees! © Yees!
18 de marzo de 2026 a las 18:00 CET

El Día del Padre, cada 19 de marzo, es motivo de celebración en la mayoría de familias con niños, pero ¿qué ocurre cuando un niño no tiene padre? Bien porque este halla fallecido o bien porque el niño haya nacido en una familia sin la figura paterna, ver cómo otros compañeros de su edad se regocijan en un día como este puede generar en él emociones difíciles de gestionar. ¿Cómo ayudarle a afrontar este día? ¿Cómo guiarle y acompañarle y, sobre todo, cómo darnos cuenta de que lo está pasando mal, aunque no diga ni muestre nada al respecto?

Se lo hemos preguntado a Elena Sánchez Escobar, psicóloga, directora clínica y cofundadora de yees! (https://yees.es), quien aclara qué cambios comportamentales son más significativos y aconseja qué puede hacer su familia para ayudarle en esta situación, partiendo de que incluso para los adultos puede resultar difícil asimilar la pérdida y gestionar las emociones de manera adecuada. 

Uno de los errores más comunes es intentar eliminar la tristeza.

Elena Sánchez Escobar, psicóloga

Manualidades que se preparan en el colegio semanas antes del Día del Padre, compañeros felices haciéndolas y contando planes que harán ese día con papá… ¿Cuáles son las reacciones más habituales, en esas situaciones, de los niños que han perdido a su padre?

Las reacciones pueden ser muy variadas, porque cada niño vive la pérdida de una forma distinta y también depende mucho de su edad, de cómo se haya hablado del tema en casa y de cuánto tiempo haya pasado desde la ausencia.

Algunos niños muestran tristeza de forma clara: se emocionan, se quedan callados o expresan que les gustaría que su padre estuviera ahí. Otros pueden sentir incomodidad o vergüenza y tratar de pasar desapercibidos cuando llega ese momento en clase. También es frecuente que aparezca cierta irritabilidad o enfado, que en realidad es otra forma de expresar el dolor.

En muchos casos surge la comparación con los compañeros. Escuchar cómo otros niños y otras niñas hablan de planes con su padre o preparar un regalo puede hacer que la ausencia se vuelva muy evidente. Pueden sentirse diferentes o incluso injustamente tratados por la vida. Otros, sin embargo, intentan protegerse emocionalmente diciendo que "no les importa" o restándole valor al día. Todas estas reacciones son normales y forman parte de cómo los niños procesan la pérdida y/o ausencia en días como éste.

¿Cómo ayudarle a gestionar sus emociones en esos momentos?

El primer paso es validar lo que el niño o la niña siente. Muchas veces los adultos, con la mejor intención, intentamos animar rápido o quitar importancia al momento, pero para el niño es muy importante sentir que su emoción tiene espacio y se tiene en cuenta.

Decirle cosas como "Entiendo que este día pueda ser un poco difícil para ti" o "Es normal que hoy te acuerdes más de papá" puede ser muy reparador. La enseñanza implícita en esta acción tan simple le va a acompañar en la adultez: sentir no es algo malo, es algo que debo transitar y compartir con mis puntos de apoyo.

También ayuda mucho anticipar estas fechas. Si sabemos que en el colegio van a trabajar el Día del Padre, podemos hablarlo previamente en casa: preguntarle cómo cree que se va a sentir, qué le gustaría hacer o cómo preferiría vivir ese momento. A algunos niños les ayuda poder decidir si quieren hacer la manualidad, para quién la quieren hacer o si prefieren dedicarla a otra persona importante.

Además, es importante recordar que los niños no siempre expresan sus emociones hablando. A veces necesitan hacerlo a través del juego, del dibujo o de pequeños gestos simbólicos. Darles esas alternativas también es una forma de ayudarles a gestionar lo que sienten.

Pero no todo el trabajo debe recaer únicamente en las herramientas del niño o en lo que ocurra en casa. También es muy importante mirar al contexto en el que se mueve. Muchos colegios son cada vez más conscientes de la diversidad de realidades familiares que existen hoy y, con muy buen criterio, optan por propuestas más inclusivas. Por ejemplo, sustituir celebraciones como el Día del Padre o el Día de la Madre por el Día de la Familia, donde todos los niños pueden sentirse representados, independientemente de cómo esté formada su familia, garantiza que ningún niño sienta que no tiene su lugar.

Este tipo de iniciativas ayudan mucho a prevenir situaciones de incomodidad o exclusión y transmiten un mensaje muy valioso: que todas las familias son válidas y merecen ser reconocidas.

La manera de acompañar al niño, ¿debe ser diferente según el motivo de esa ausencia? Es decir, si es por fallecimiento, si no tiene padre porque su madre decidió tener al hijo ella sola, porque nunca conoció a su padre… Si es así, ¿qué decirles en cada caso?

El acompañamiento siempre debe adaptarse a la historia de cada niño, porque no es lo mismo vivir una pérdida que crecer en una familia en la que desde el principio no hay una figura paterna. Sin embargo, hay algo que es común a todas las situaciones: hablar con naturalidad, sin tabúes y con un lenguaje que el niño pueda comprender.

Si el padre ha fallecido, es importante reconocer la ausencia y permitir que el recuerdo tenga un lugar. A veces los adultos evitamos mencionar al padre porque nos da miedo entristecer al niño, pero en realidad muchos niños necesitan y agradecen poder hablar de él. No es extraño encontrarnos con menores que optan por no hablar para no entristecer ellos a sus familias. Así que nuestra responsabilidad es descargarles de ese peso, y podemos decir cosas como: "Hoy es un día en el que muchas personas piensan en su papá, y si tú quieres podemos recordar al tuyo o hablar de él".

En el caso de familias monoparentales por decisión, lo más importante es transmitir con claridad que existen muchas formas de familia y que todas son igualmente válidas. Los niños necesitan escuchar que su familia no es "menos completa", sino simplemente diferente. Se puede explicar de forma sencilla: "Hay niños que tienen mamá y papá, otros que tienen solo mamá, otros dos mamás o dos papás... lo más importante es que haya personas que cuiden y quieran".

Si el niño o la niña nunca conoció a su padre, lo fundamental es responder a sus preguntas con honestidad y tranquilidad, ajustándonos a su edad. Los niños suelen percibir cuándo los adultos evitamos el tema, y eso puede generar más confusión que claridad, puesto que aquellas preguntas que no respondamos o que no dejemos que se hagan abiertamente, van a generar respuestas en el menor desde su imaginación: "si no lo he conocido, ¿es que nunca me quiso?"

Madre abraza a su hija, triste© Getty Images/Westend61

En caso de que el papá falleciera, ¿es un desafío añadido el primer Día del Padre sin él?

Sí, suele ser especialmente difícil. El primer Día del Padre después de la pérdida, al igual que todas las primeras ocasiones especiales que deba afrontar, puede activar el duelo con mucha intensidad, porque es la primera vez que se enfrenta una fecha simbólica sin su papá.

En ese momento el niño puede tomar mayor conciencia de la ausencia. A veces se mezcla la tristeza con preguntas o con una sensación de injusticia. También es un día que nos puede remover mucho a los adultos de la familia, y los niños son capaces de percibir ese clima emocional.

Por eso suele ser útil anticiparlo un poco y no ocultar lo que significa para nosotros como adultos. Hablar unos días antes de que ese día llegará y preguntarle al/la niño/a cómo cree que le gustaría vivirlo, dándole opciones… devuelve al núcleo familiar cierto control sobre una situación que no hemos elegido, y nos devuelve la confianza para saber que juntos, podemos seguir adelante.

A veces los adultos evitamos mencionar al padre porque nos da miedo entristecer al niño, pero en realidad muchos niños necesitan y agradecen poder hablar de él.

Elena Sánchez Escobar, psicóloga

¿Cómo afrontar ese día?

No existe una única forma correcta de afrontarlo, y esto es muy importante. Cada familia y cada niño encuentran su propio camino para transitarlo. Para algunos niños es importante mantener el recuerdo presente. Pueden mirar fotos, contar anécdotas, escribir una carta, hacer un dibujo…. Este tipo de pequeños rituales ayudan a que la relación con la persona que ha fallecido siga teniendo un lugar simbólico en la vida del niño.

En otras familias prefieren vivir el día con normalidad o centrarse en las personas que siguen estando presentes: un abuelo, un tío, una figura de referencia importante. Lo importante es que el niño sienta que no hay una forma “obligatoria” de vivir ese día. Lo más saludable suele ser permitir que el recuerdo conviva con la vida cotidiana.

En el caso de familias que estén conformadas sin la figura paterna, pueden transformar ese día en un momento para celebrar su propia familia, sintiéndose orgullosos/as y empoderándose en la creación de sus propios recuerdos y celebraciones, que son tan válidas y lícitas, como las que se han impuesto tradicionalmente en la sociedad.

¿Qué señales pueden indicar que ese día está generando malestar o tristeza en el niño, aunque no lo exprese directamente?

Los niños no siempre expresan su malestar de forma verbal. Generalmente lo hacen a través de cambios en su comportamiento. Podemos observar señales como mayor irritabilidad, enfados más frecuentes, retraimiento o aislamiento. Algunos niños evitan hablar del tema o rechazan participar en actividades relacionadas con el Día del Padre. También pueden aparecer quejas físicas, como dolor de barriga o de cabeza, especialmente en niños más pequeños.

En otros casos ocurre lo contrario: el niño o la niña se muestra aparentemente indiferente o demasiado "desconectado" del tema. Esto también puede ser una forma de protegerse emocionalmente.

Estas señales no siempre indican un problema grave, pero sí nos dan pistas de que el niño puede estar necesitando más acompañamiento emocional. Lo que es más importante es que a través de la conducta que observamos, los adultos actuemos como un "traductor emocional" y ayudemos a nuestros niños a interpretar lo que sienten, y animarles a encontrar la manera de acompañar a esa emoción.

Madre abraza a su hijo© Getty Images

¿Qué errores suelen cometer los adultos cuando intentan proteger al niño de la tristeza en fechas como esta?

Uno de los errores más comunes es intentar eliminar la tristeza. Los adultos solemos sentir mucha incomodidad ante el sufrimiento de los niños, como es natural, y tratamos de distraerlos o de minimizar lo que sienten. Frases como "No pienses en eso", "no estés triste" o "vamos a hacer otra cosa para que se te pase" se dicen con cariño, pero pueden transmitir al pequeño que su emoción no es adecuada.

Otro error frecuente es el silencio. Cuando no se habla de la ausencia, el niño puede interpretar que es un tema prohibido o que no debe expresar lo que siente para no preocupar a los adultos.

Otro error muy frecuente es "trasladar" nuestro propio dolor a la cabeza de nuestro niño. Ellos tienen otras preguntas, otros desafíos… no debemos dar nada por sentado y nuestro objetivo será abrir espacio para el diálogo, de una forma honesta, compartiendo incluso nuestros miedos, o lo que significa para nosotros. El modelado, es decir, el aprendizaje a través del modelo que representamos para nuestros menores, es la herramienta más potente de aprendizaje. Mostrarles que hablar de nuestros sentimientos es válido y tiene lugar, es una impronta que va a perdurar en ellos/as.

Nadie nos enseña a relacionarnos con el dolor, especialmente de aquellas personitas a las que más amamos en el mundo. Pero estamos aprendiendo.

¿Qué estrategias o actividades pueden ayudar a que el niño transite ese día con mayor bienestar emocional?

Hay pequeñas estrategias que pueden ayudar mucho. Una de ellas es dar al niño cierto margen de elección: preguntarle cómo quiere vivir ese día o qué le gustaría hacer. Sentirse escuchado y tener cierta capacidad de decisión, le enseña que es visto y tenido en cuenta.

Otra opción es transformar el momento en algo significativo. Por ejemplo, escribir un mensaje, hacer un dibujo o crear una pequeña caja de recuerdos si el padre ha fallecido.

También puede ser útil ampliar el foco del día. En lugar de centrarlo exclusivamente en la figura del padre, se puede hablar de las personas que cuidan, que acompañan y que quieren al niño en su vida. O incluso, no hacer nada significativo también está bien. Vivimos en un momento en el que todas nuestras acciones deban ser trascendentes e importantes, y sobre todo visibles. Y un día en casa, sin mayor expectativa que estar con quien más quieres, es todo lo que necesita un niño.

Al final, lo que más ayuda a un niño o una niña no es encontrar la actividad perfecta, sino dejarle claro que sus emociones son comprendidas y que no tiene que atravesar ese día solo. Cuando un niño percibe esa seguridad emocional, entiende que su familia le acompañará pase lo que pase, sin minimizar lo que siente, tendiendo puentes a la comunicación y estando presentes de una forma genuina, construye unas herramientas poderosísimas para afrontar la maravillosa aventura de vivir.