Un envolvente escenario teñido de tonos oliva, vestidos de bajo abullonado con estampados Art Déco, chaquetas adornadas con plumas, vaporosas blusas tejidas a base de intrincados encajes, abrigos dotados con flecos que cobraban vida propia y sastrería de evidente inspiración vintage. Zimmermann no es solo referente de estilo para las mujeres bohemias; con su colección Otoño/Invierno 2026-2027, plantea un enfoque rompedor.
Su punto de partida fueron las pioneras australianas de la década de los años 20, entre las que se encuentra una figura muy personal: la propia abuela de las fundadoras, Nicky y Simone, quien fue socorrista en la playa de Coogee, algo que no era nada habitual porque, por aquel entonces, no se suponía que las mujeres hicieran ese tipo de cosas.
“Empecé a investigar sobre la época y descubrí a dos mujeres maravillosas, Kathleen Howell y Jean Robertson; se hicieron mecánicas y luego decidieron que querían ser pilotos. Así que cruzaron el país volando", explicaba Nicky Zimmermann, directora creativa y cofundadora. La colección también escondía preciosos guiños al equipo femenino de críquet australiano, que no fue reconocido oficialmente hasta la década de 1940, y a Miles Franklin, autora australiana y gran defensora de las escritoras emergentes.
Se trató de toda una declaración de intenciones, teniendo en cuenta que la cita tuvo lugar el 9 de marzo, tras el Día Internacional de la Mujer. En perfecta sintonía con este mensaje, la primera fila del desfile se convirtió en una cumbre de mujeres inspiradoras y de enorme talento. La productora y presentadora Oprah Winfrey; las actrices Jessica Chastain, Lily James y Naomi Watts, y unas cuantas españolas muy elegantes, desde Blanca Suárez hasta Inés de Cominges, acapararon los flashes en su front row, luciendo las inconfundibles creaciones de la marca con ese sello boho chic característico.
Más allá de los vestidos de ensueño y las faldas ricas en volumen, la propuesta de Zimmermann sorprendió al entrelazar un riguroso trabajo de sastrería a lo largo de toda la colección; eso sí, siempre pasado por su filtro ultrafemenino y de aires vintage. Para apreciar realmente estos looks, es necesario detenerse en el minucioso juego de capas, los accesorios artesanales y los estampados originales que construyen su identidad.
Las prendas de abrigo reclamaron su cuota de protagonismo, a menudo elevadas mediante apliques de pelo o combinadas con exquisitos maxibolsos de mano, guantes de piel o pañuelos de seda. La intención de su diseñadora era clara, y así lo confirmó a la prensa minutos después del desfile: "Quería mantener la atención en siluetas sencillas, pero con un altísimo nivel de textura".





























































