El 23 de febrero arrancó Milan Fashion Week ante un panorama de la moda en Italia que plantea grandes interrogantes. Se trata de la primera edición prêt-à-porter que se celebra sin aquellos genios que hicieron del país de la bota un auténtico referente para esta industria. Ni Giorgio Armani ni Valentino Garavani se encuentran ya entre nosotros, y aunque el relevo de las direcciones creativas de sus casas ha caído en manos de sus sucesores —Silvia Armani y Alessandro Michele han tomado las riendas, respectivamente, de cada una—; resulta inevitable preguntarnos: ¿y ahora qué?
Al fallecimiento de estos genios se suma el complicado momento que atraviesa el sector del lujo. No solo en Italia, sino a nivel global: las grandes firmas llevan meses participando en un juego de tronos que se ha hecho especialmente evidente en las últimas ediciones de las semanas de la moda: el pasado año, entre Milán y París, debutaron un total de 12 diseñadores al frente de sellos como Chanel, Loewe, Dior, Bottega Veneta, Gucci o Balenciaga. Algo totalmente insólito.
Una edición que plantea interrogantes
Estamos ante una semana de la moda italiana que supone un punto de inflexión. De los 54 desfiles que se sucederán hasta el 2 de marzo —día en el que comenzarán los de París—, los ojos están puestos especialmente en dos. Por un lado, el debut de Maria Grazia Chiuri, que ya ha tomado las riendas de Fendi tras casi una década al frente de Dior. Y por otro, el de Demna Gvasalia en Gucci, sobre el que, además, recae una enorme responsabilidad: la de ayudar a transformar una compañía que lleva años enfrentando una notable crisis —cerró el 2025 con una caída del 22% en sus ingresos— y necesita encontrar el equilibrio entre la esencia de la marca y ese soplo de aire fresco que podría traer el georgiano, encargado de darle un giro completo antes a Balenciaga.
Pero en esta edición de la semana de la moda italiana no solo los desfiles generan expectación, también la ausencia de uno en concreto: el de Versace. El sello está pasando por un delicado proceso de transición tras la salida de Donatella Versace de su dirección y la adquisición de este por parte del grupo Prada, un movimiento que ha activado una reorganización interna completa. Se hacía evidente con la elección de Dario Vitale como director creativo, pero este solo llegó a presentar una única colección antes de abandonar el proyecto en 2025.
Ahora es Pieter Mulier su sustituto, pero Versace ha optado por no llevar ninguna colección a Milán por falta de tiempo y para evitar así mostrar un trabajo que aún no reflejaría su nueva etapa. Se trata de una pausa estratégica que apenas tiene precedentes en su historia reciente y que busca reservar el relanzamiento para más adelante, en septiembre, con la línea de Primavera/Verano 2027.
"Estamos ante un efecto dominó que no permite el asentamiento de los directores creativos en sus respectivas marcas y obstaculiza el flujo creativo, puesto que exige resultados rápidos frente a un panorama de incertidumbre social y financiera", explica Mariana Torres, redactora de moda en ¡HOLA! "Hubo un tiempo en el que los conglomerados buscaban diseñadores in-house, esos que conocen mejor que nadie los principios de la firma y que, a pesar de su anonimato, traen una perspectiva fresca que consigue atraer a nuevas audiencias. Sin embargo, es un privilegio que la mayoría de empresas no se pueden permitir a día de hoy, por lo que el star factor ha pasado a ser un requisito indispensable".
¿Puede volver el 'made in Italy' a su era dorada?
Este contexto de cambios creativos coincide además con un momento simbólico para la moda italiana. La reciente desaparición de Valentino Garavani, una de las figuras que ayudó a construir el prestigio internacional de la moda patria, ha abierto el debate sobre el futuro del modelo italiano en un mercado cada vez más globalizado. Valentino no solo marcó una estética desde sus comienzos en 1960, sino también una manera de entender el lujo ligada a la artesanía y a la independencia creativa. Para muchos, su adiós representa el cierre natural de una generación irrepetible, a la que también pertenecía Giorgio Armani, otro de los grandes arquitectos de esta industria.
El final de los 70 y la década de los 80 marcaron la auténtica edad de oro del made in Italy: Milán era el epicentro del lujo mundial y las grandes casas permanecían en manos locales. Logró desplazar parcialmente a París como capital de la moda, siendo la ciudad italiana partidaria de un lujo más terrenal, más ligado al ready-to-wear, a la sastrería y haciendo del diseño funcional y la sensualidad mediterránea conceptos aspiracionales. Valentino y Armani pertenecieron a esa generación fundadora del lujo italiano moderno —probablemente los últimos grandes diseñadores europeos capaces de unir visión creativa y control empresarial bajo un mismo nombre—, y su ausencia simboliza hoy el cierre de una era.
El reto de 'resucitar' firmas de moda
El mito no solo lo construye la obra del diseñador, sino también el paso del tiempo. Coco Chanel recibió críticas cuando comenzó a lanzar diseños más relajados y con cierta inspiración masculina a principios del siglo XX, suscitando dudas entre los sectores más conservadores de la moda. Y, sin embargo, hoy es recordada como una figura esencial. También lo es Karl Lagerfeld, que asumió la dirección creativa de la maison en 1983, permaneciendo casi cuatro décadas en este cargo, algo impensable tal y como está el panorama actual.
El tiempo, de nuevo, y su talento, hicieron que Chanel pasara de ser respetada a deseada, tras haber perdido relevancia. "Cuando me hice cargo de la marca todo el mundo me aconsejaba que no lo hiciese. Pero funcionó. Ahora la gente es muy buena resucitando cosas, pero en aquellos tiempos, cuando una firma estaba muerta, se suponía que estaba muerta para siempre", llegó a decir el Kaiser. Quién sabe si dentro de medio siglo, Matthieu Blazy consigue obtener el mismo reconocimiento (viendo sus últimas colecciones para Chanel desde su debut en 2025, va por muy buen camino).
Resulta curioso el problema cíclico al que se enfrentan varios sellos de lujo. Tras la muerte de su fundadora en 1971, Chanel quedó anclada a sus códigos clásicos, salvando sus ventas con su icónico perfume y los accesorios, pero su ropa no conectaba con una nueva generación de mujeres ni lograba calar en las tendencias como lo hizo en sus inicios. Karl volvió a convertirla en una firma aspiracional, algo que mantiene hoy en día y que buscan conseguir otros sellos que sufren el mismo dilema, vapuleados, además, por la situación geopolítica actual.
Nuevos diseñadores dispuestos a hacer historia
No resulta del todo realista vaticinar qué creativos actuales podrían seguir los pasos de figuras como Armani, Valentino o Lagerfeld y hacer que su nombre quede grabado para siempre en los anales de la historia, pues como hemos visto, depende de diversos factores. Pero está claro que hay un enorme potencial entre los creativos que lideran el sector actual, con nombres como Jonathan Anderson, ahora al mando de las creaciones de Dior.
"Jonathan Anderson no pierde de vista su sello propio, pero sabe magnificar con respeto las firmas para las que trabaja sin perder el legado histórico de las mismas", explica Luis Javier Merino, redactor jefe de moda en ¡HOLA! "Si con Loewe triunfó, Dior le va a consagrar con una moda que aúna arte e innovación, con detalles que juegan con una fluidez de género y que buscan sorprender con lo nunca visto. Y es que su narrativa visual es única, consiguiendo crear piezas de gran personalidad que rápidamente traen su nombre a la mente”.
Nuestro experto (y la redacción coincide) valora también el trabajo de uno de los nombres emergentes con más potencial del momento. Hablamos de Robert Wun, que con tan solo cinco colecciones —aunque fundó su marca homónima en 2014 centrada en encargos—, ha conseguido entrar en el exigente calendario de la Alta Costura y dejar boquiabiertos a los expertos con la teatralidad y técnica de sus diseños.
"Para mí es un pionero y no solo por ser el primer diseñador de Hong Kong en mostrar su colección oficial en la Alta Costura de París. Él consigue fusionar moda artesanal, cuidada e innovadora con una apuesta teatral que nos recuerda a los años de John Galliano en Dior", apunta. "Formas futuristas y siluetas dramáticas rompen convencionalismos a la hora de vestir a aquellas mujeres que quieren salirse de lo clásico sobre la alfombra roja. Por eso, no es de extrañar que las redes sociales se hayan puesto on fire con su último desfile en París".
Reinventar una casa histórica: un desafío para el lujo
Y si hablamos de Alta Costura, no podemos pasar por alto el desempeño de Daniel Roseberry en Schiaparelli. El estadounidense ha revitalizado la firma desde que asumió el timón de esta en 2019, manteniendo la estética escultórica tan reconocible de sus archivos, pero también aportando una visión moderna, deseable, culturalmente relevante y siempre innovadora en sus técnicas.
"Algo que valoro mucho en un director creativo es la capacidad de reinvención de marcas que habían caído en el olvido o que se encuentran en un proceso de transformación. Esos que saben leer el zeitgeist, lo que conecta con el consumidor ahora (especialmente el nativo digital, el más difícil de fidelizar)", cuenta Mariana Torres, redactora de moda en ¡HOLA! "Y esto es algo que está haciendo de manera excelente el británico Daniel Lee. Fue él quien puso en el mapa mundial a Bottega Veneta, convirtiendo una casa italiana tradicional de marroquinería en la más viral. Él diseña productos culturales, fenómenos, aplicando la artesanía de maneras inesperadas: que el cuero parezca denim, que los estampados sean, en realidad, bordados intricados, como si se tratara de un cuadro impresionista que te invita a mirar de cerca para descubrir sus secretos".
El trabajo actual de Daniel Lee en Burberry es prueba de que su enfoque funciona. "En menos de cinco años ha revitalizado esta enseña de ropa exterior con una estrategia de rebranding magistral que abarca campañas irónicas sobre la idiosincrasia inglesa, el rescate de su logo original o la elección de un color corporativo con el que todos podamos asociar a la marca. Poco se habla de cómo él ha ayudado a moldear la forma en la que las firmas de lujo comunican", concluye.























