Confieso que empecé estos entrenamientos riéndome. Ves a Jane Fonda o Cindy Crawford con sus maillots ochenteras, la música, una silla y movimientos que parecen bastante sencillos y piensas "tampoco puede ser para tanto". Hasta que empiezas a hacerlos. A los pocos minutos ya estaba sudando muchísimo, con las piernas ardiendo y preguntándome cómo algo que parecía tan fácil podía resultar tan duro. Pero, aun así, quería seguir.
Eso es lo que más me ha sorprendido: engañan y enganchan a partes iguales. Los movimientos son pequeños, las repeticiones se acumulan y llega un momento en el que descubres que el entrenamiento que al principio hacía gracia va muy en serio. Lo mejor es que hasta Jane Fonda y Cindy Crawford se cansan en sus propios vídeos. Las ves respirar, esforzarse y seguir adelante contigo y, lejos de romper la fantasía, hace que la experiencia resulte mucho más cercana.
Yo los he probado estos días porque estoy lejos del estudio donde suelo entrenar. Buscaba una forma de seguir moviéndome y terminé encontrando algo mucho más entretenido de lo que esperaba. Lo que me ha dejado alucinada ha sido reconocer ejercicios que hago ahora en pilates y barre en vídeos grabados hace décadas.
Y parece que el fenómeno va mucho más allá de la nostalgia. En redes, hay cuentas que recuperan estas rutinas y muestran a mujeres haciéndolas hoy. Por ejemplo, Retro Fitness Babes reúne ya a más de medio millón de seguidores alrededor del fitness de los 80 y 90. Y en algunos vídeos ocurre justo lo que me pasó a mí: las caras van cambiando a medida que avanzan las repeticiones.
Por qué los entrenamientos 'retro' son tendencia
¿Cómo puede un entrenamiento de hace tres o cuatro décadas recordarme tanto a las clases que hago en 2026? Se lo he preguntado a Carmen Iza, trainer de B3B Woman Studio, y su respuesta explica bastante bien lo que he sentido al probarlos. "Creo que lo interesante es que no estamos recuperando tanto una estética como una forma de entender el entrenamiento", explica. En aquellas rutinas ya encontraba "mucho trabajo de fuerza-resistencia, control corporal, alineación, movimientos repetitivos, fatiga muscular, trabajo de core y, sobre todo, mucha conexión entre movimiento y música". Justo las similitudes que yo había empezado a encontrar con el barre actual.
"Aunque desde fuera parezcan movimientos mínimos, mantenerlos en el tiempo puede ser bastante exigente", explica Iza. Cuando hacemos esos pequeños pulsos, mantenemos el músculo bajo tensión durante un periodo prolongado. "No buscamos necesariamente mover mucho peso, sino aumentar el tiempo bajo tensión y trabajar la resistencia muscular local".
Ahí entendí por qué algo que parece tan fácil acaba siendo durísimo. El tamaño del movimiento engaña. Parece que apenas estás haciendo nada hasta que llegan las repeticiones, las piernas empiezan a arder y aparece ese momento en el que quieres parar.
Es, de hecho, una sensación que Carmen reconoce muy bien en sus clases: "Por eso llega ese momento tan característico del barre en el que piensas: 'Me arden las piernas' o directamente 'no puedo más'. Esa sensación de fuego, de llegar al fallo, es lo que buscamos". Los movimientos pequeños también permiten trabajar el control, la estabilidad y la precisión mientras se mantiene una tensión muscular continua. De repente, aquellos vídeos que había empezado viendo como una curiosidad retro empezaban a resultarme bastante familiares.
Lo que Jane Fonda ya hacía como hoy en sus entrenamientos
La similitud tiene un límite importante. El conocimiento sobre el entrenamiento ha avanzado muchísimo desde que aquellas rutinas se grabaron. "La diferencia es que hoy sabemos más sobre fisiología, biomecánica y programación del entrenamiento", explica Iza. En B3B, esa esencia se actualiza para buscar que el ejercicio sea "eficaz, pero también sostenible, seguro y disfrutable". Podemos reconocer ideas que siguen presentes en disciplinas actuales mientras aprovechamos todo lo que se ha aprendido desde entonces sobre técnica, progresión, movilidad, recuperación y adaptación del ejercicio a cuerpos y niveles diferentes.
Por qué engancha más que un gimnasio
Esta ha sido para mí la gran sorpresa. Esperaba cansarme (algo); lo que esperaba menos era tener ganas de volver a poner el vídeo. Carmen cree que la explicación empieza por un elemento que a veces dejamos en segundo plano cuando hablamos de ejercicio: pasárselo bien. "Una rutina convencional puede ser estupenda, pero si a una persona le aburre, le cuesta muchísimo convertirla en un hábito", explica. Cuando entran en juego la música, una coreografía, pequeños retos y la sensación de que el tiempo pasa rápido, cambia toda la experiencia.
Lo he notado mucho haciéndolos. Apenas termino un movimiento, empieza el siguiente. Tengo que seguir el ritmo, intentar entender qué están haciendo y aguantar unas repeticiones más. Estoy cansada, pero también entretenida, y eso hace que mire mucho menos cuánto falta para terminar.
En las clases actuales de barre o pilates sculpt ocurre algo parecido. "Tienes constantemente pequeños objetivos: aguantar unos segundos más, hacer unos pulsos más, mejorar la técnica… Eso genera una sensación de progreso muy inmediata", explica Iza. "No queremos que vengas porque 'tienes que entrenar'; queremos que vengas porque te apetece entrenar". "El mejor entrenamiento no es necesariamente el más completo; es el que encaja contigo, eres capaz de mantener y, sobre todo, disfrutas", explica Iza.
También está la música. En los entrenamientos retro resulta difícil separarla del ejercicio. "La investigación sobre música y ejercicio encuentra que puede mejorar el estado de ánimo, aumentar la motivación y, en determinados contextos, reducir la percepción subjetiva del esfuerzo", señala Carmen. En sus clases lo comprueban a diario. "Si estás haciendo una serie, sabes que te quedan 20 segundos y entra un temazo que te encanta, probablemente tu cerebro está mucho más pendiente del ritmo, de la música y del grupo que de pensar 'me estoy muriendo'". La música, las risas y la conexión con el resto del grupo desplazan parte de la atención hacia algo distinto al cansancio.
"No significa que la música haga que el ejercicio deje de ser intenso. Hace que la experiencia de esa intensidad pueda sentirse diferente", puntualiza. Después de probar estas rutinas, esa frase me parece especialmente acertada.
El 'aerobic' tenía algo que correr o pedalear dejan fuera
El otro descubrimiento ha sido el aerobic. Desde fuera puede parecer una versión más teatral del cardio, pero seguir una coreografía introduce elementos que desaparecen cuando nos limitamos a correr o pedalear. "A nivel cardiovascular, puedes conseguir beneficios muy similares si la intensidad y la duración son comparables. El corazón no entiende si estás corriendo, pedaleando o haciendo una coreografía: responde a la demanda que le estás pidiendo", explica Iza.
"El aerobic tiene algo diferente: la combinación de cardio, coordinación, memoria y música. Es como bailar", nos explica. Por eso Carmen evita establecer una competición entre disciplinas. El aerobic es otra forma de conseguir que el cuerpo se mueva y, para algunas personas, puede resultar mucho más motivador y fácil de mantener en el tiempo.
Lo que merece la pena recuperar de los 80 y lo que podemos dejar allí
La nostalgia tampoco debería hacernos idealizar todo lo que rodeaba al fitness de aquella época. Jane Fonda, Cindy Crawford y las grandes figuras de los vídeos de entrenamiento "entendieron el poder de la música, de las clases dirigidas, de repetir movimientos hasta dominarlos y de crear una experiencia alrededor del ejercicio", explica Carmen.
Pero el discurso que acompañaba al fitness era distinto. "Antes había mucho 'tienes que entrenar para estar delgada' o 'para conseguir este cuerpo'. Hoy lo enfocamos desde la salud y el bienestar". Para Iza, la oportunidad está en recuperar lo mejor de los 80 y 90 quitándole la presión estética que muchas veces lo acompañaba.











