Tamara Pazos, nutricionista: "Gran parte de la serotonina corporal se produce en el intestino, pero no llega al cerebro"


Te explicamos qué papel qué desempeñan realmente la microbiota, la inflamación y la alimentación en nuestro bienestar emocional.


Mujer apoyada en los pies de la cama con el rostro serio © Getty Images
8 de julio de 2026 a las 20:01 CEST

En los últimos años hemos oído hablar mucho de la microbiota y del llamado eje intestino-cerebro. También se ha popularizado una frase que seguramente habrás escuchado más de una vez: "el 90 % de la serotonina se produce en el intestino". Es cierta, pero muchas veces se interpreta de forma equivocada.

Precisamente para aclarar qué dice realmente la ciencia, investigadores y especialistas se reunieron en un encuentro organizado por Activia, donde analizaron cómo se comunican el intestino y el cerebro y desmontaron algunos de los mitos más extendidos sobre la serotonina. Además, la neurobióloga Tamara Pazos nos ha confirmado que el intestino sí influye en nuestro bienestar, pero no de la forma en que muchas personas imaginan.

Mujer joven riéndose y feliz© Getty Images

¿Por qué el intestino influye en el cerebro?

Durante mucho tiempo pensamos que el intestino servía únicamente para digerir los alimentos. Hoy sabemos que hace mucho más. Mientras trabaja, envía información al cerebro de forma constante sobre lo que ocurre dentro del organismo.

"El intestino informa al cerebro de muchas cosas: si hay nutrientes disponibles, si hay inflamación, cómo está la barrera intestinal, cómo se mueve el tubo digestivo o qué señales químicas está produciendo la microbiota", explica la neurobióloga Tamara Pazos.

Ese intercambio de información se produce a través de diferentes vías. La más conocida es el nervio vago, que conecta directamente ambos órganos, aunque también participan hormonas, moléculas del sistema inmunitario y metabolitos producidos por las bacterias intestinales.

Gracias a esta comunicación continua, procesos como el apetito, la respuesta al estrés, la sensación de energía o incluso el estado de ánimo pueden verse influidos por lo que sucede en el intestino. Eso sí, los expertos insisten en que no existe una relación simple de causa y efecto. En este intercambio también intervienen el sistema inmune, las hormonas, el metabolismo, el sueño, la actividad física y las circunstancias personales de cada individuo.

pareja feliz en la cocina, preparando el desayuno, cocinando juntos© Adobe Stock

El gran mito de la serotonina que conviene desterrar

La serotonina suele conocerse como la "hormona de la felicidad", aunque en realidad es un neurotransmisor con funciones mucho más amplias. Participa, entre otras cosas, en la regulación del estado de ánimo, el sueño, el apetito y algunos procesos relacionados con la memoria y el aprendizaje.

Es cierto que alrededor del 90 % de la serotonina del organismo se produce en el intestino. Sin embargo, eso no significa que esa serotonina sea la responsable directa de cómo nos sentimos.

"Gran parte de la serotonina corporal se produce en el intestino, pero esa serotonina intestinal no cruza al cerebro en condiciones normales. No podemos decir que la microbiota produce serotonina y por eso somos felices", aclara Tamara Pazos.

La explicación está en que el cerebro fabrica su propia serotonina utilizando un aminoácido esencial llamado triptófano, que obtenemos a través de la alimentación. Mientras tanto, la serotonina intestinal desempeña funciones fundamentales dentro del aparato digestivo, como regular la motilidad intestinal, pero permanece allí. El problema aparece cuando no hay suficiente triptófano.

Mujer comiendo una ensalada © Getty Images

El cerebro necesita triptófano para producir su serotonina

Aunque el aparato digestivo produce casi toda la serotonina del cuerpo, la utiliza únicamente para funciones locales como la digestión. Esta sustancia jamás puede llegar al cerebro, porque el cerebro tiene esta barrera de seguridad que le corta el paso. Por lo tanto, el cerebro está obligado a fabricar su propia serotonina a partir de un ingrediente que se obtiene de los alimentos: el triptófano.

El problema surge cuando el intestino se inflama debido al estrés o a una mala alimentación. En ese momento, el organismo se pone en alerta y ocurre el "secuestro de triptófano", un proceso en el que una enzima roba este ingrediente y lo desvía del camino. Al quedarse sin su materia prima, el sistema nervioso deja de producir la serotonina necesaria, lo que puede alterar el estado de ánimo.

En cambio, si nuestra alimentación es sana y nuestros hábitos también lo son, podemos generar esta hormona del bienestar. 

mujer feliz comiendo manzana en la cocina© Getty Images

La alimentación también puede favorecer este equilibrio

Y es que la alimentación desempeña un papel importante porque puede favorecer o reducir esa inflamación de bajo grado. La nutricionista Paula Martín Clares, autora del libro Tu cerebro también come, explica que una dieta basada en ultraprocesados, azúcares añadidos y grasas trans favorece que el organismo desvíe el triptófano hacia esa vía inflamatoria.

"Cuando tu alimentación está cargada de ultraprocesados, azúcares añadidos y grasas trans, tu cuerpo desvía el triptófano hacia otra vía metabólica que no fabrica serotonina, sino compuestos que pueden aumentar el estrés, la fatiga mental y la ansiedad", explica.

En cambio, una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres, aceite de oliva virgen extra, frutos secos, pescado azul o cacao puro ayuda a crear un entorno menos inflamatorio y favorece el funcionamiento normal de este proceso.

Eso no significa que un alimento concreto vaya a mejorar el estado de ánimo de un día para otro. Los especialistas recuerdan que el efecto depende del patrón alimentario mantenido durante meses e incluso años.

Mujer con una taza de café, leyendo feliz en el sofá © Getty Images

Cómo cuidar el intestino para proteger también el cerebro

Aunque todavía quedan muchas preguntas por responder sobre el eje intestino-cerebro, los investigadores coinciden en un mensaje que sí está respaldado por la evidencia.

Cuidar la microbiota empieza mucho antes de pensar en suplementos. Significa llenar el plato de alimentos ricos en fibra, aumentar la variedad de vegetales, dormir lo suficiente, hacer ejercicio de forma regular, controlar el estrés en la medida de lo posible y utilizar los antibióticos solo cuando son realmente necesarios.

El intestino no decide por sí solo cómo nos sentimos ni fabrica la felicidad. Pero sí forma parte de una interacción permanente con el cerebro que influye en numerosos procesos relacionados con nuestro bienestar. Y cuanto mejor funcione ese diálogo, mejores serán también las condiciones para que todo el organismo funcione de forma equilibrada.