El Monasterio de Nuestra Señora de Cogullada se ha convertido en el escenario del gran debut institucional de la infanta Sofía, quien ha pronunciado su primer discurso rodeada de gran parte de los miembros de la Familia Real. Un emotivo momento en el que los reyes Felipe VI y doña Letizia han querido arropar a su hija, del mismo modo que hicieron con la princesa Leonor —quien también ha estado presente en el acto— durante los Premios Princesa de Asturias de 2019, cuando pronunció su primera intervención pública. Han sido unos minutos de gran emoción que, sin duda, ya forman parte de la historia de la nueva generación de la Familia Real, que se prepara para asumir una creciente presencia y responsabilidad institucional.
Los primeros pasos de la infanta Sofía
El acto, que ha comenzado con la llegada a pie de la infanta Sofía junto a sus padres, se ha trasladado posteriormente al interior del Monasterio de Nuestra Señora de Cogullada, donde la Familia Real ha sido recibida con una gran ovación y una cálida bienvenida por parte de una de las figuras más destacadas de la Fundación Ibercaja. Un recibimiento en el que toda la atención se ha centrado en la segunda en la línea de sucesión al trono, protagonista de una jornada especialmente significativa. "Permítanme, en primer lugar, que salude a su Alteza Real la infanta Sofía. Le agradezco su generosidad por aceptar la presidencia de honor", han sido las palabras con las que se ha puesto en valor el papel de la benjamina de los Reyes en esta nueva etapa institucional. Un gesto que, posteriormente, también ha querido extender a los Reyes y a la princesa Leonor, presentes en este emotivo momento que ha contado con la sorpresa de su asistencia. "Majestades, Altezas Reales, muchas gracias por honrarnos con su presencia", ha expresado, destacando una decisión que supone, sin duda, "una muestra del valor de la Corona". La intervención ha culminado con la invitación a la infanta Sofía a subir al escenario para presidir la entrega de la primera edición de las ayudas 'Docentes Referentes', un acto que ha continuado con el esperado momento en el que la hija menor de los Reyes ha pronunciado su primer discurso institucional.
Discurso íntegro de la infanta Sofía
"Buenas tardes. Conocí a Baktay cuando ella tenía seis años y yo, ocho. Fue en esas “tardes de domingo y de peli” en casa y nunca se me quitó de la cabeza esa escena. Baktay cogía unos huevos a escondidas para cambiarlos por un cuaderno medio roto en un mercado polvoriento y encima no le llegaba el trueque para añadir ¡un lápiz!... Esa niña pequeña se enfrentaba a todo un universo que le negaba el derecho a aprender, al conocimiento. La película a la que me refiero se titula “Buda explotó por vergüenza”. Aquella niña afgana que peleaba contra todo y todos por querer que le enseñaran (yo, claro, no tenía entones ni idea de qué sucedía, y sucede, en aquel país…), me hizo ir con ánimos renovados cada mañana a mi clase de tercero de Primaria…
Estamos aquí hoy porque nos importa la educación. Y quiero deciros que cuando me he puesto a leer y leer y leer sobre lo que significa la educación, con todas sus derivadas, he comprendido lo inabarcable que es y la enorme complejidad que contiene. Ibercaja, su fundación, lleva mucho tiempo dando importancia al trabajo de los docentes y poniendo a su disposición herramientas e ideas, creando redes y comunidad, para que los docentes españoles sigan contribuyendo de manera decisiva al desarrollo y al progreso de nuestra sociedad a través de la educación.
Nadie elige enseñar por dinero o por reconocimiento, lo sabéis bien vosotros… Y todos, también los más jóvenes, somos conscientes de que hay problemas: acoso escolar, pérdida de autoridad, retribuciones cuestionadas, abandono escolar, ratios en las aulas, alumnado con necesidades especiales, burocracia excesiva, financiación, inclusión educativa...
Conviene recordar esas tres palabras que el profesor de esta tierra Carlos López Otín atribuye al “arte de educar”, que va -además- más allá de la “tarea de enseñar”: respeto, curiosidad y compromiso. Porque hablar de educación, del sistema educativo, es demasiado amplio, ¡¡concierne a demasiadas cosas!! Por eso en cada centro, en cada escuela, hay un docente, a menudo agotado, que, pese a las dificultades, sigue tratando de llegar a nuestro corazón y a nuestra cabeza, uno a uno, alumno a alumno. En cada clase (urbana, rural, con profes recién graduados, con veteranos, en coles con titularidades diferentes: públicos, concertados, privados), en cada escuela hay un docente que defiende ese tiempo sagrado del aprendizaje donde, con calma si puede ser, nos ayuda a comprender el mundo y a desarrollar un criterio propio sobre la realidad, a crear nuestra propia mirada esperanzada y entusiasmada.
Y esta mañana lo he comprobado aquí, en La Cogullada: he visto esa misma mirada en nuestros Docentes Referentes. No son sólo transmisores de conocimientos: son maestros que acompañan a sus alumnos. Diego, Clement, Belén, Cristian, Mercedes, los accésits: a todos, enhorabuena. Y no seré yo quien hable ahora de: metodologías variadas y nuevas pedagogías, del debate sobre la IA en educación, de la diferencia entre alfabetización digital y educación digital, de educar en valores, de los sistemas de evaluación, de la pertinencia de insistir más en habilidades y destrezas O estructurar los currículos en torno a las humanidades y la filosofía, de la atención y la memoria y la concentración y la capacidad cognitiva. Así dicho, este pequeño inventario es bastante denso…
A mí me parece que la profesión del docente es de un valor y una relevancia que van más allá de lo estratégico y que entra en lo esencial. Y más allá de modas pedagógicas o de coyunturas o necesidades del mercado, más allá de si los alumnos prestamos más atención a un reel de no sé quién que a una explicación en clase, más allá del ruido (real o inventado), digo, hay un día, en nuestra clase, en nuestra infancia, que nunca se olvida. Un día en el que, cuando aún seguimos teniendo capacidad de asombro, una profesora, un profesor, nos dice algo que se queda aquí dentro, enganchado para siempre. Puede ser “tú eres inteligente” o “¿has leído este libro” o “¿has pensado en que…?” o “¿te has hecho la pregunta adecuada?”. O puede ser también una conversación en apariencia sencilla, pero bien argumentada, sin interrupciones, con ese cuidado por el tiempo lento del proceso de “aprender a querer aprender”.
Muchos pensamos que la vuestra es una de las mejores profesiones del mundo, que debería valorarse mucho más, que comporta una gran responsabilidad, que siembra hoy con esperanza. Y por eso merece respeto, recursos y todo el reconocimiento. Estas ayudas, esta comunidad docente que hoy inicia un camino, son muestra de ello. Y por eso agradezco que me hayáis acogido para que mi primera intervención en púbico forme parte de ese recorrido.
Muchas gracias".






