Por qué las personas hipersensibles viajan más según la psicología: "Exprimen estas experiencias con mayor intensidad"


Mientras que unos viajan por la experiencia, otros viajan también por la sensación que se llevan


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Paula MartínsColaboradora de Estar Bien
25 de abril de 2026 a las 19:30 CEST

A veces pasa que encuentras en viajar algo especial que no sabes bien qué es y que los demás no entienden. Más allá del asombro que pueden provocar ciertos monumentos, de las charlas que surgen de la nada en cualquier bar con desconocidos, de los mercadillos que dotan de esencia a las calles de cualquier ciudad, o de los paisajes impresionantes que se funden entre naturaleza y mar, aparece una sensación difícil de explicar que te hace sentirte tan bien que llegas a pensar que podrías pasarte la vida de viaje en viaje.

Esa sensación que no sabes definir podría ser la misma que sienten las personas hipersensibles. Es decir: aquellos que cuentan con esa capacidad para percibir y sentir todo mucho más tienden a reservar más viajes. Si te paras a pensar tiene sentido: "Las personas con una sensibilidad más desarrollada tienen mayor tendencia a observar y atender a estímulos que requieren más detalle. La sensibilidad, comprendida como la capacidad de percibir y procesar estímulos de mayor intensidad, se correlaciona con la emocionalidad en los viajes porque las personas que la viven, son capaces de experimentar y exprimir estas experiencias con mayor intensidad", señala la doctora en Psicología María Moya.

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Qué sienten las personas hipersensibles al viajar

Sin embargo, y aunque puede sonar contradictorio, a su vez, viajar apaga los estímulos y las responsabilidades habituales. Todo lo que rodea a nuestra rutina (trabajo, relaciones, horarios) pasa a un segundo plano y lo único que parece importar es vivir el momento presente, habitarlo. Por eso, quienes poseen esa hipersensibilidad tienen a conectar más con lo que les rodea en el momento. Y, un viaje, es el contexto perfecto para hacerlo.

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"Las personas hipersensibles pueden emocionarse con cualquier detalle. Ya sea un choque cultural, un monumento, un paisaje o una conversación en cualquier otro idioma. Viajar, en este caso, se convierte no solo en un desplazamiento hacia otro lugar, sino en poder experimentar otra manera de sentir, descubrir y conectar", señala la experta en Psicología. 

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A fin de cuentas, viajar emerge así como una manera de regularse emocionalmente y pulsar el pause aunque sea por unos días (y a veces incluso el reset). Así, la hipersensibilidad lleva a "buscar (y esperar encontrar) experiencias que sean gratificantes y les aporten algo de significado. El viaje, a modo general, suele aportar diferentes vivencias. Desde romper con la rutina, conectar con emociones y experiencias distintas, hasta, conocer otras realidades", comenta María Moya. Los beneficios son claros: "En algunas ocasiones, el desplazamiento y la propia estancia en otro destino, permite a estas personas la oportunidad de cambiar de entorno, bajar el ritmo o encontrar belleza en lo cotidiano de otro país o lugar y volver a su rutina con esa descarga emocional". 

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Cómo son los viajes de las personas que no son hipersensibles

Claro que esta relación entre la hipersensibilidad y los viajes lleva a pensar en el caso contrario: ¿Qué sucede con las personas que no son hipersensibles? ¿Son capaces de disfrutar igual los viajes? Aquí la respuesta es clara: también los aprovechan y disfrutan, pero con sensaciones diferentes. Es decir, no hay distinción en cuánto al grado de disfrute, sino, más bien, a la experiencia y el poso que cada uno se lleva durante y tras el viaje.

"En comparación con las personas con una mayor sensibilidad, el resto de las personas viajan de forma práctica y directa", comenta la doctora en Psicología, que continúa detallando las diferencias: "Disfrutan de lo que les aporta (idioma, entorno, o cultura), pero sin tanta experiencia emocional y sensorial. Y, obvio, esto no implica que la experiencia sea menos valiosa, sino que tiene otras necesidades que cubrir; ya sea la novedad, la diversión, el relax, o el entretenimiento".

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Para que quede más claro, la especialista en salud mental aclara: "Viven la experiencia, pero no viajan por el sentimiento hacia la misma, sino para cubrir la necesidad en sí". Para concluir, la experta finaliza con una idea clara que merece la pena interiorizar: "No hay una forma única ni correcta de viajar. Algunas personas recorren el mundo hacia fuera, y otras también lo hacen hacia dentro. En ambos casos, el viaje cumple su función, la de ampliar la experiencia y, de una manera u otra, transformarnos".