A sus 79 años, Susan Sarandon es uno de los talentos más consolidados de la pantalla. Un ritmo profesional exigente que no le impide mantener un estilo de vida saludable. Ella no presume de entrenamientos imposibles ni de rutinas extremas. Su fórmula, como contó a la revista People, es mucho más sencilla: moverse cada día. Vive en Nueva York y convierte la ciudad en su gimnasio. Camina a todas partes, pedalea por la West Side Highway y corre 30 minutos en cinta.
Al contrario de lo que muchos defienden en Instagram y vídeos de TikTok, la filosofía de la actriz está bien encaminada. La entrenadora experta en mujeres Laura Banyoles (@laurabanyoles) lo explica con claridad: "Desde la evidencia científica sabemos que las adaptaciones musculares y cardiovasculares no dependen de hacer entrenamientos extremos, sino de la exposición repetida a estímulos adecuados con buena recuperación".
Moverse de forma regular, clave en la salud física (y mental)
Imagina que, en lugar de pasar todo el día sentada y compensarlo yendo tres veces por semana al gimnasio, decides caminar 20 minutos cada mañana, subir escaleras siempre que puedas y bajarte una parada antes del metro. No parece gran cosa, pero al cabo de una semana has acumulado más movimiento del que creías. Ese es el tipo de estímulo repetido que el cuerpo sí sabe aprovechar.
No es casualidad que entidades internacionales expertas en salud respalden esta idea. "Organismos como la Organización Mundial de la Salud recomiendan acumular actividad física de forma regular y sostenida, priorizando la adherencia". Y aquí está la clave: más que la intensidad puntual, lo determinante es la regularidad. La propia Susan Sarandon lo demuestra integrando caminar o pedalear como hábitos cotidianos, no como esfuerzos aislados.
Bajo esta estela, Laura Banyoles añade que "las actividades repetitivas de intensidad moderada que podemos integrar en el día a día (caminar, fuerza básica, movilidad) generan adaptaciones metabólicas y neuromusculares sin provocar daño muscular significativo ni fatiga excesiva". Un fenómeno especialmente relevante a partir de los 60 o 70 años, cuando las articulaciones y la recuperación requieren más atención.
La entrenadora lo resume en una idea clara: "No se trata de agotarnos, sino de poder repetir el estímulo semana tras semana, porque lo que realmente mejora la salud es lo que podemos sostener en el tiempo". En otras palabras, la consistencia es el verdadero motor del cambio.
Pero además del movimiento diario, la actriz incorpora trabajo estructurado. Corre en cinta, monta en bicicleta y suma sesiones de boxeo, pesas y pilates. Una combinación que tiene sentido fisiológico y que, según Laura Banyoles, es acertada, pues a su juicio, "un plan de actividad física efectivo no consiste solo en ir a entrenar, sino en integrar el movimiento dentro de la vida real".
Rutinas de bajo impacto y entrenamientos de fuerza: el tándem perfecto
Hay diferencia entre una sesión intensa que te deja agotada durante dos días y una rutina que te permite entrenar fuerza, pero al día siguiente seguir activa, pasear, moverte sin dolor. La segunda opción no impresiona en redes sociales, pero es la que construye verdadera capacidad funcional: poder cargar bolsas, subir pendientes o mantener energía durante una jornada larga.
Desde el punto de vista del rendimiento, la mezcla es estratégica. "Sabemos que la salud mejora cuando combinamos ejercicio estructurado (fuerza y trabajo cardiovascular planificado) con actividad cotidiana. Ya sea caminar para desplazarnos, subir escaleras, movernos en bicicleta urbana o mantenernos activos durante el día", señala la experta.
Aunque en el día a día puede parecer que no es suficiente, los beneficios a largo plazo son evidentes: "Desde el punto de vista fisiológico, esta combinación es muy potente. Las sesiones de fuerza y cardio generan el estímulo necesario; las actividades diarias, al no generar un daño muscular elevado ni fatiga excesiva, permiten acumular movimiento sin comprometer la recuperación", comenta la entrenadora.
Si bien estas rutinas están recomendadas para mujeres de cualquier edad, lo cierto es que resultan fundamentales y cobran aún más importancia en la edad madura. Más allá de los cambios fisiológicos asociados al paso del tiempo, también influyen factores relacionales y psicológicos. Por eso, para reforzar la adherencia y favorecer el bienestar mental, la entrenadora recomienda entrenar acompañada de vez en cuando.
¿Funciona a cualquier edad?
En un contexto donde el aislamiento aumenta con la edad, este punto es fundamental. Así lo detalla la entrenadora: "Entrenar acompañadas, caminar en grupo o compartir una clase no solo mejora la adherencia, sino también la salud mental, la motivación y la sensación de pertenencia. Es una herramienta de salud física y emocional".
Pero ¿funciona igual esta estrategia a los 30 que a los 70? Laura Banyoles responde con matices: "La respuesta es más compleja de lo que parece". Y explica que "en teoría, la edad marca diferencias fisiológicas claras. Con 30 años deberíamos tener mejor capacidad de recuperación, mayor eficiencia hormonal y sistemas funcionando de forma más óptima que a los 70".
Sin embargo, la práctica cuenta otra historia. "No es solo la edad lo que determina cómo responde una persona al entrenamiento, sino la vida que ha llevado". Y pone un ejemplo revelador: "Una persona de 70 años que ha sido activa, que ha entrenado fuerza, que ha caminado, que ha cuidado su descanso y su salud mental, puede presentar mejor capacidad funcional que alguien de 30 con años de sedentarismo, estrés crónico y baja masa muscular".
Si con 30 años llevas una vida sedentaria y apenas te mueves fuera del gimnasio, tu margen de adaptación será distinto al de alguien de 70 que lleva décadas caminando a diario. El cuerpo no entiende de números redondos, entiende de estímulos acumulados. Cada paseo cuenta y cada hábito sostenido suma reservas físicas para el futuro.
Aquí entra en juego el concepto de "llegar con los deberes hechos". Como explica Laura Banyoles, "llegar a edades más adultas 'con los deberes hechos' —masa muscular preservada, buena capacidad cardiorrespiratoria y hábitos sólidos— marca una diferencia enorme en calidad de vida". No es cuestión de suerte genética, sino de hábitos acumulados.
La entrenadora también advierte sobre el contexto actual: "El problema es que la sociedad actual tiende a ser cada vez más sedentaria". Y añade que "si no integramos rutinas saludables, tanto físicas como mentales, nuestro proceso de envejecimiento no será el mismo que el de generaciones anteriores que se movían más de forma natural".
En definitiva, el estilo de vida acumulado a lo largo de los años es el verdadero factor determinante cuando hablamos de adaptación al ejercicio. "Aunque fisiológicamente la respuesta debería ser un 'no' rotundo —no funciona exactamente igual a los 30 que a los 70—, en la realidad actual la edad por sí sola ya no es el factor más determinante. El estilo de vida acumulado pesa tanto o más que el número de años", determina la experta.
La conclusión es clara y aplicable a cualquiera: "Más que preguntarnos cuántos años tenemos, deberíamos preguntarnos cómo hemos vivido esos años. Porque eso es lo que realmente condiciona nuestra salud y nuestra capacidad de adaptación". Quizá ahí esté el verdadero secreto de Susan Sarandon: no entrenar más, sino moverse mejor y durante más tiempo.












