¿Ya sabes cómo debe ser el juguete ideal de los más pequeños?

Debe entretener, divertir, dejar volar la imaginación, y estimular su personalidad e inteligencia

Dr. Eduardo Junco


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Muchos padres, tíos y abuelos estarán colocando ya el regalo de los más pequeños de la casa bajo el árbol de Navidad. Otros tantos, aguardarán hasta el día de Reyes. Aprovechamos, por ello, estas fechas para hablaros de un tema muy importante sobre la educación y el bienestar infantil: los regalos. ¿Cómo tiene que ser el juguete ideal? A continuación os lo explicamos.

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El juguete ideal

En la actualidad, los pequeños tienen un amplio abanico de ofertas y, a veces, nos resulta difícil seleccionar cuál es el mejor regalo para ellos. Desde el principio, no debemos perder el objetivo de un juguete: divertir y entretener. Partiendo de esta premisa, vamos a ver qué hace que un juguete sea el más apropiado para nuestros hijos, nietos y sobrinos.

Menos sofisticado, más imaginación. Los juguetes simples y sencillos, poco sofisticados, son los más recomendables, pues permiten al niño aplicar su imaginación sobre ellos, transformarlos en lo que desean, estimulando su imaginación y su fantasía.

Desarrolla su personalidad. Es importante saber que el juego constituye la actividad intelectual más importante del niño, y los juguetes son los objetos a través de los cuales, la practican. Para cualquier niño normal, jugar no constituye una actividad complementaria. Muy al contrario, jugar es el medio a través del cual consigue adquirir cierto dominio sobre sí mismo y sobre el mundo que le rodea. Jugando, induce el desarrollo de su personalidad, estimula su intelecto y aumenta su creatividad.

Juguetes estimulantes. Los juguetes didácticos enseñan a jugar, a aprender, enseñan a compartir, estimulan el razonamiento y la atención, estimulan la coordinación y la memoria, el gusto por el aprendizaje, el estudio y el conocimiento.  No son juguetes en el sentido estricto de la palabra, sino métodos originales, diferentes y entretenidos de enseñanza.

Cómo calmarles en Nochebuena y Reyes

Nochebuena y la noche de Reyes son fechas que se quedarán grabadas en la memoria de muchos niños. ¿Quién no recuerda en su infancia la emoción, la ansiedad y los nervios que nos provocaba la espera, hasta la mañana siguiente, con la ilusión de ver y disfrutar de los regalos que habíamos pedido en nuestras cartas? Es algo que no se olvida fácilmente y los sentimientos que generaron en su día van unidos íntimamente a los recuerdos de nuestra infancia, pues desaparecieron acompañando a la pérdida de la inocencia.

Debido a esta ilusión, los niños pequeños, aunque también los más mayores, unos por su ilusión y por su creencia, los otros por el ambiente y los regalos, están en estas noches, especialmente, la de Reyes, nerviosos, tensos, activos y más rebeldes. Aunque es difícil sujetarles, se les puede calmar recordándoles que el buen comportamiento traerá una mañana de felicidad y de regalos.

Asimismo, el día que le sigue, pueden aparecer decepciones, celos y rabietas. El desencanto por no ver lo esperado, la envidia de otros juguetes de los hermanos y otros parientes, y  el estrés y la frustración por no poder dominar la situación, hacen que los propensos a ello, cojan rabietas, se enfaden y no disfruten como la fecha merecía. Los padres que conozcan a sus hijos deben estar prevenidos a ello y acomodar las situaciones, así como controlar los acontecimientos, para que eso no suceda.

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