La importancia de los brazos cuando practicas 'running'

Un buen braceo a la hora de correr es una herramienta más con la que contamos para mejorar nuestra postura y poder hacer una buena carrera.

Por Cristina Soria

Correr es muy sencillo y a la vez muy complicado. Es decir, el acto de correr es principio no necesita ninguna indicación previa: un buen calzado y poco más. Pero si queremos convertirlo en nuestro modo de entrenamiento (o en uno de ellos) y marcarnos objetivos, conseguir buen fondo y protegernos de posibles lesiones. Entonces es cuando debemos prestar atención a la pisada, la respiración, la importancia de usar ropa transpirable, especialmente los calcetines, etc.

 Y lo lógico es pensar que todo el trabajo lo realiza el tren inferior (que realiza mucho, es cierto), pero es más habitual de lo que parece olvidar la importancia que tienen nuestros brazos a la hora de correr. Un buen braceo que nos permita hacer una buena carrera tiene también su técnica y es importante conocerla y saber todo lo que te aporta.

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Ventajas de un buen movimiento de brazos

El movimiento de los brazos impulsa el cuerpo hacia adelante, en una inercia que te ayuda a ahorrar energía si la utilizas en el sentido de la carrera. Ayuda a tener una correcta posición del tronco, impidiendo que te desequilibres y que tu cuerpo realice vaivenes innecesarios que solo pueden causarte dolor o provocarte lesiones.

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Si combinas correctamente el movimiento de brazos y piernas (pierna izquierda-brazo derecho y viceversa) puedes modificar la longitud de la zancad y la frecuencia de apoyos en el suelo. Por ejemplo, en las cuestas el braceo puede ser más rápido para hacer unas zancadas más cortas pero más frecuentes.

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Cómo deben moverse los brazos 

Tus codos han de formar un ángulo de 90º sin pegarse demasiado al tronco, pero sin alejarse de él. No es cuestión de que obsesiones con esta medida, pero sí que la tengas de referencia. Tienes que conseguir que los codos estén cercanos al tronco sin que resulte forzado. Mueve los brazos en paralelo y asegúrate de que la postura, además de correcta, es cómoda. Los brazos han de moverse de manera natural.

Ten tus hombros, brazos y manos sueltos y relajados para que se muevan acompasados. Si no es así, mantendrán una tensión que te hará gastar energía de manera innecesaria.
No lleves las manos demasiado abiertas, ni cierres los puños, solo intenta recogerlas ligeramente. Para ayudarte imagina que llevas un huevo en la mano: esa es la apertura y la tensión adecuada. Los únicos que llevan las manos completamente abiertas son los velocistas puros, para ser más aerodinámicos.

El movimiento de los brazos ha de consistir en un balanceo que vaya de delante atrás, guiado por los codos y en el sentido de la marcha. Evita ralentizar el ritmo de la marcha y no bajes tus manos más allá de la cintura.

Estos son los errores más comunes

Encoger los hombros o cerrar los puños,  causando una tensión muscular innecesaria. Estirar demasiado los brazos y pegarlos al cuerpo. Así no aprovechas su inercia y pierdes eficacia en la carrera.

Cruzar los brazos delante del tronco o realizar un braceo demasiado corto. En ambos casos se producirían movimientos del cuerpo, perpendiculares y de rotación, que nos dificultarían la carrera y nos harían perder energía.

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