La llegada del frío trae calefacciones encendidas, ventanas que se abren menos y corrientes de aire frío que sorprenden a las plantas cultivadas en interior. Para saber cómo protegerlas hablamos con Natalia Sáez, experta en plantas, autora de varios libros y conductora del programa ‘Tus plantas decoran’ de AMC Living. Hace años ella misma se consideraba una ‘mataplantas’, y en 2017 decidió contar su aprendizaje en ‘En Abril Hojas Mil’, un blog con consejos basados en su propia experiencia y explicados de forma sencilla y cercana.
© Wouter Koppen / iBulbPor qué las plantas lo pasan peor en casa cuando bajan las temperaturas
Con la llegada del frío suceden varias cosas a la vez. La luz es menos intensa y dura menos horas, lo que reduce la evaporación y la demanda de riego, y hace que algunas plantas no reciban la que sí tenían en los meses de calor. “En la calle bajan las temperaturas, pero en las casas solemos encender la calefacción, lo que promueve un aire más seco (vivamos en un clima húmedo o no)”, señala Natalia.
El resultado de esta combinación suele notarse de tres formas. Aparecen plagas, que a menudo asociamos con la primavera pero que también atacan con la llegada del frío. Las plantas se debilitan, porque reciben menos luz y soportan un aire más seco. Y las raíces pueden pudrirse por exceso de riego: con menos evaporación la tierra tarda más en secarse, y seguir regando como en verano la deja encharcada.
© Nora Hutton / UnsplashHojas amarillas, puntas marrones o caída repentina: cómo ‘leer’ lo que le sucede a la planta
Las hojas amarillentas, las puntas marrones, los bordes secos o la caída de hojas pueden responder a causas muy distintas, así que hay que ir descartando. Natalia recomienda empezar por lo más evidente y avanzar hacia lo más difícil de diagnosticar. “Lo más fácil es buscar muy bien en hojas y tallos si hay araña roja. Si no, revisar el sustrato: ¿está húmedo desde hace tiempo? Probablemente sea un exceso de riego. Y si nada de esto parece estar afectando, conviene pensar si debemos fertilizar porque hace tiempo que no lo hacemos”, explica.
Los bordes dan pistas claras. Si las puntas están secas y crujientes, sobre todo en el lado que mira al radiador, y el sustrato se seca muy rápido, la causa es la calefacción y la falta de humedad. Si son de un marrón muy oscuro y blandas o flexibles (apenas se rompen al doblarlas) y la tierra sigue húmeda días después de regar, lo más probable es un exceso de riego. La caída repentina de hojas sanas suele venir de un cambio brusco de temperatura o de una corriente: de forma coloquial decimos que la planta está estresada.
© Sven Brandsma / UnsplashDel calor al frío artificial: lo que cada aparato provoca en las plantas de casa
Como regla general, cuanto más lejos estén las macetas de radiadores, estufas y aparatos de aire acondicionado, mejor. La distancia concreta depende mucho de la especie: la calatea (Calathea) es mucho más sensible al calor, a la falta de humedad y a los cambios de temperatura que una suculenta.
“Sobre todo hay que evitar poner la planta sobre el radiador, ya que el aire caliente sube y puede secar a la planta que esté colgada sobre él (incluso a cierta distancia) en tiempo récord”, advierte Natalia. Si la calefacción es por suelo radiante, el efecto en las plantas es prácticamente nulo, porque funciona a baja temperatura y no lo notan.
Con el aire acondicionado, la experta aconseja sacarlas del flujo de aire: es someterlas al mismo estrés que una corriente fría.
© Ursula Fischer / PixabayUna sola mudanza para toda la temporada: cómo reubicar las macetas
Si las macetas están cerca de un radiador, hay que cambiarlas de sitio sin dudarlo. El momento es el inicio de la temporada, cuando se busca su ubicación hasta la primavera. “Lo que no conviene es ir cambiándolas de sitio cada semana: a la mayoría de las plantas les cuesta adaptarse a nuevas condiciones de luz y temperatura. Hay que mudarlas una vez y luego dejarlas tranquilas”, sostiene Natalia.
© Feey / UnsplashLas variedades de planta que temen menos al aire seco
Elegir bien ahorra muchos disgustos, porque hay plantas que toleran mejor el ambiente seco de una vivienda con calefacción. Resisten muy bien en ambientes secos la zamioculca (Zamioculcas zamiifolia), la lengua de suegra (Sansevieria trifasciata), la oxalis o planta mariposa (Oxalis triangularis) y la ceropegia (Ceropegia woodii), y también la mayoría de cactus y suculentas.
“Las que más sufren suelen ser las plantas de origen tropical, acostumbradas a temperaturas muy constantes y con altos niveles de humedad. Aquí se encuentran las calateas, las marantas, los helechos, alocasias y muchas begonias, entre otras”, destaca Natalia. Entre las tropicales hay excepciones que se adaptan con relativa facilidad al ambiente seco, aunque prefieran la humedad: muchas orquídeas, el potos (Epipremnum aureum) o la monstera (Monstera deliciosa).
Ante la duda, buscar la procedencia de la planta da muchas pistas sobre sus necesidades: si es originaria de un clima desértico, probablemente sea bastante más rústica que una de sotobosque.
© Vladyslav Huivyk / PexelsLa casa se ventila igual, pero las plantas quedan fuera de la corriente
El problema de las corrientes que se producen cuando ventilamos la casa no es tanto el frío en sí como el cambio brusco de temperatura. Una planta tropical que pasa de 22º C a una ráfaga de 5º C puede reaccionar con manchas oscuras o traslúcidas en las hojas, hojas arrugadas o una caída masiva. El ficus benjamina (Ficus benjamina) es uno de los ejemplos más populares: puede perder todas sus hojas en 24 o 48 horas. Si la corriente se repite a diario, la planta se debilita, queda más expuesta a plagas y enfermedades e incluso puede morir; si ha sido algo puntual, en la mayoría de casos se recupera con los cuidados adecuados.
Natalia tiene claro que no hay que renunciar a ventilar, algo fundamental para nosotros y también para las plantas, incluso cuando hace frío. “Lo único que debemos evitar es colocar las plantas en la trayectoria directa entre la ventana que abrimos para ventilar y la puerta”, aconseja. Otra opción es dejar el rato de ventilar para las horas centrales del día, cuando fuera hace menos frío.
© Cottonbro Studio / PexelsQué se puede esperar de la estrategia de agrupar plantas
Reunir varias macetas en un mismo rincón es un recurso habitual para ganar humedad alrededor de las plantas. “Ayuda, pero ojo: sin milagros. Las plantas transpiran y al juntarlas se crea una pequeña bolsa de aire algo más húmeda”, cuenta Natalia.
Funciona sobre todo con plantas de necesidades parecidas en un rincón resguardado, y mucho mejor si además hay un humidificador cerca. No es recomendable con muchos cactus y suculentas, que necesitan aire seco y circulante, ni cuando alguna tiene plaga o enfermedad, porque muchas se contagian rápidamente. Y pretender que solo agrupándolas el entorno pase de un 40 % a un 80 % de humedad es muy poco probable.
© DimaBerlin / Adobe StockPulverizar agua sobre las hojas no resuelve la sequedad del ambiente y puede perjudicar
El humidificador es la mejor solución para elevar la humedad ambiental y el que Natalia recomienda en primer lugar: es la forma más eficaz y directa, sin grandes inconvenientes y con un control mucho más estable que otros métodos.
Entre las alternativas, cada vez es más habitual cultivar las plantas más exigentes en invernaderos, vitrinas o terrarios, con opciones variadas y muy estéticas que se adaptan a todos los hogares. Otro clásico es poner bajo la maceta una bandeja con guijarros o arcilla expandida y agua, sin que la maceta toque el agua, para que la evaporación suba justo donde la planta la necesita. La bandeja con guijarros funciona solo si hay suficiente evaporación, algo que depende directamente del calor de la habitación, y como cada casa es distinta conviene medir con un higrómetro colocado muy cerca de la planta y comparar los valores con y sin bandeja. Además, en algunas épocas del año es el caldo de cultivo perfecto para la mosca del sustrato.
Respecto a pulverizar agua sobre las hojas, no es una buena solución y hasta puede resultar contraproducente para la salud de las plantas. “En algunos climas es casi un gesto simbólico: la humedad sube durante un tiempo y en cuanto el agua se evapora por completo, vuelves al punto de partida”, detalla Natalia. A ello se suma que el agua que queda en las hojas puede favorecer hongos y manchas.
© Teona Swift / PexelsEl estado del sustrato manda más que el calendario de riego
Reducir la frecuencia de riego no se debe a la calefacción en sí, sino a que su encendido coincide con la bajada de temperaturas y los días más cortos. “Para evitar cometer errores innecesarios, yo siempre aconsejo olvidarnos de calendarios fijos y guiarnos siempre por el estado del sustrato”, asegura Natalia.
© Anna Shvets / PexelsUna lámpara de crecimiento da a las plantas la luz que les falta en casas oscuras
La luz se convierte en el factor limitante para las plantas y condiciona dónde colocarlas. “Los días son más cortos y los rayos solares entran más bajos, así que un sitio que en verano era perfecto puede quedarse corto ahora”, comenta Natalia. Su consejo es acercarlas a las ventanas que menos abramos y buscar especialmente las orientadas al este, al sur o al oeste, con temperatura estable y sin corrientes.
Si la casa es muy oscura, una lámpara de crecimiento LED es una muy buena alternativa para aportar ese extra de luz: hoy consumen muy poco y marcan la diferencia.
© Saha Kim / PexelsMenos intervenciones y más observación: la receta para plantas sanas con la calefacción encendida
El consejo clave de Natalia para mantener sanas las plantas en una casa con calefacción durante el otoño e invierno resume todo lo anterior. “Hay que observar más y cuidar menos. En los meses fríos matamos más plantas por exceso de cariño que por descuido: riegos de más, abonos a destiempo, cambios de sitio constantes”, afirma.
Basta con dedicar 5 minutos a la semana a mirarlas de cerca, porque ellas avisan de lo que les pasa y solo hay que aprender a escucharlas.
Quien quiera profundizar encontrará su método en ‘Los mataplantas no existen: Enciclopedia de cuidados de 50 géneros y especies de plantas de interior’, el libro con el que Natalia desmonta la etiqueta que ella misma llevó durante años.




