Decoración de jardines

Arce japonés: el pequeño árbol que tiñe de rojo el jardín y la terraza cuando llega el otoño


La estación otoñal es cuando luce con mayor esplendor el 'Acer palmatum'. Descubre cómo cuidar esta especie de porte elegante y dimensiones contenidas para disfrutar durante todo el año de su belleza cambiante en el jardín o la terraza.


Follaje del arce japonés en otoño, un espectáculo de color para el jardín© Neil Morrell / Pixabay
23 de septiembre de 2026 a las 18:00 CEST

El arce japonés (Acer palmatum) es un pequeño árbol caducifolio de porte elegante y delicado, muy apreciado por la belleza de su follaje y por la variedad de formas que puede adoptar: desde ejemplares erguidos hasta otros más abiertos, redondeados o de ramas colgantes. Sus hojas, profundamente lobuladas, pueden ser verdes, rojizas o púrpuras y cambian de tonalidad a lo largo del año. Además, su crecimiento lento y sus dimensiones contenidas hacen que sea una elección especialmente interesante para jardines pequeños, patios e incluso para cultivar en maceta. 

Si hay una época en la que el arce japonés luce su mejor versión, es el otoño. Durante esta estación su follaje se transforma y ofrece uno de sus mayores atractivos: los verdes y púrpuras del resto del año dan paso a tonos amarillos, naranjas, rojos e incluso escarlatas, dependiendo de la variedad. Durante unas semanas, antes de que el árbol pierda sus hojas y entre en su periodo de reposo, se convierte en un auténtico foco de color en el jardín. Es, de hecho, una de las razones por las que estos árboles son tan valorados en jardinería: aportan interés estacional sin necesitar grandes dimensiones.

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Detalle de las hojas palmeadas del arce japonés (‘Hacer palmatum’) y los distintos coloridos que adquieren© Akira / Unsplash

Una hoja que recuerda a la palma de la mano

El nombre científico Acer palmatum hace referencia a la forma de sus hojas, cuyos lóbulos se abren como los dedos de una mano. Según la variedad, pueden tener cinco, siete o incluso más lóbulos, con formas que van desde hojas anchas hasta otras muy finamente recortadas. 

Además, el arce japonés es un árbol que cambia de ‘traje’ con las distintas estaciones. Aunque el otoño sea su gran momento de gloria, ofrece interés durante todo el año: en primavera aparecen sus discretas flores y sus hojas comienzan a desplegarse con nuevos colores; en verano luce un follaje frondoso y elegante; y en invierno, ya sin hojas, queda al descubierto su delicada estructura de ramas. Un auténtico espectáculo otoñal, sí, pero un árbol precioso también el resto del año.

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El bonsái del arce japonés debe cultivarse en exterior© Steve Greaves / Getty Images

Un arce japonés en miniatura

El arce japonés es uno de los árboles más apreciados para cultivar como bonsái, y no es difícil entender por qué. Su crecimiento lento, sus dimensiones contenidas, la belleza de sus hojas y la variedad de formas que puede adoptar permiten crear ejemplares en miniatura de gran atractivo. Además, sus cambios de color a lo largo de las estaciones hacen que el bonsái también se transforme con el paso de los meses. 

Eso sí, aunque tenga un tamaño diminuto, sus necesidades siguen siendo las de un árbol de exterior. No conviene instalarlo de forma permanente en el salón: necesita luz natural, aire y, sobre todo, pasar por su periodo de reposo en invierno. En un balcón, terraza o patio luminoso, protegido del sol fuerte y del calor excesivo, encontrará mucho mejores condiciones que dentro de casa.

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Las hojas del arce japonés (‘Acer palmatum’) pueden quemarse de recibir sol directo durante muchas horas, así que prefiere una ubicación luminosa, pero con sombra© Fernando Nájera Paisajista

No ama el sol directo

Originario de Japón y Corea, el arce japonés está adaptado a ambientes frescos y protegidos. Por eso su lugar ideal es luminoso y en semisombra, con sol suave por la mañana y protegido del sol intenso de la tarde. El exceso de rayos solares puede provocar quemaduras en sus delicadas hojas, especialmente si coincide con falta de humedad. 

En el jardín, búscale un emplazamiento fresco y resguardado del viento. Ten en cuenta, además, que este árbol tolera bien el frío, pero sufre más con el calor intenso; por eso, en climas mediterráneos conviene evitar situarlo en las zonas más expuestas y calurosas.

En este jardín madrileño diseñado por Fernando Nájera Paisajista, el arce japonés se ubica en un rincón.

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Pala y acolchado (o ‘mulching’)© Pexels

Que el arce japonés no pase sed en verano

El arce japonés se siente feliz con la tierra fresca y ligeramente húmeda, sobre todo durante el verano. No hace falta regarlo a diario: es preferible hacerlo en profundidad cuando el suelo empieza a secarse, prestando especial atención a los ejemplares jóvenes y a los periodos de calor. Si las hojas comienzan a presentar los bordes secos o marrones, puede ser señal de falta de humedad o de demasiado calor. 

Una estrategia inteligente para que la tierra conserve mejor la humedad consiste en cubrir la base con una capa de acolchado orgánico, como cortezas de árboles trituradas, hojas secas o compost. Eso sí, para no comprometer su salud el agua nunca debe quedar estancada: humedad sí, suelo encharcado no.

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El arce japonés es una planta acidófila que requiere un suelo con un pH entre 4 y 6© Annie Spratt / Unsplash

Un suelo rico y bien drenado

Y tan importante como mantenerlo hidratado es ofrecerle una tierra capaz de retener esa humedad sin acumular agua. El arce japonés se siente cómodo en un sustrato fértil, rico en materia orgánica, ligeramente ácido o neutro y con buen drenaje. Así, sus raíces pueden disponer del agua que necesitan sin permanecer encharcadas. 

Si la tierra del jardín es muy arcillosa, compacta o calcárea, conviene mejorarla antes de plantarlo incorporando materia orgánica, como compost, y favoreciendo el drenaje. De este equilibrio depende buena parte de su bienestar: que la tierra conserve humedad, pero que el agua pueda salir fácilmente.

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Fertilizante líquido aplicado en el agua de riego© Adobe Stock

Abono sí, pero sin pasarse

El arce japonés no es especialmente exigente con el abono. Si está plantado en un suelo fértil y enriquecido con compost, normalmente no necesita aportes adicionales. En caso de que queramos darle un extra de nutrientes, podemos recurrir a un fertilizante equilibrado de liberación lenta en primavera. 

Lo importante es no abusar de los fertilizantes ricos en nitrógeno: favorecen un crecimiento demasiado rápido y tierno, más sensible al calor y a otros problemas, y pueden restar protagonismo a su espectacular coloración otoñal. De hecho, para que desarrolle bien sus tonalidades, es más importante ofrecerle buena luz (mejor matizada), un suelo adecuado y un riego correcto que pasarse con el abono.

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A finales del otoño o durante el invierno se puede realizar en el arce japonés la denominada poda de limpieza o mantenimiento© Kanenori / Pixabay

Mejor podar tu arce japonés poco y bien

El arce japonés no necesita una poda habitual: su porte natural es precisamente uno de sus grandes atractivos. Si hace falta intervenir, lo ideal es hacerlo cuando está en reposo, entre finales de otoño y el invierno, evitando los periodos en los que la savia circula con más intensidad. 

Más que recortarlo, se trata de ayudarle a conservar su bonita estructura: elimina ramas secas, dañadas o que se cruzan y rozan entre sí. También pueden retirarse las que crecen en una dirección poco conveniente, pero siempre respetando su forma natural. Te recomendamos una poda de mantenimiento ligera antes que intentar cambiar su porte a golpe de tijera.

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Los nuevos ejemplares de arce japonés deben plantarse preferiblemente durante el otoño© Mark Turner / Getty Images

Plantarlo en la época correcta, la clave para que prospere

En la mayoría de los árboles, el otoño es una de las mejores épocas para plantar, y el arce japonés no es una excepción. Al hacerlo, riega bien para asentar la tierra y mantén cierta humedad durante su primer periodo de crecimiento. Esta estación resulta especialmente favorable porque el suelo aún conserva parte del calor del verano, mientras las temperaturas son más suaves, lo que permite que las raíces se vayan asentando durante el invierno antes de afrontar el calor de la primavera y el verano.

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Si es hora de trasplantar tu arce japonés, hazlo en primavera u otoño© Johner RF / Getty Images

En maceta, ¿cada cuándo trasplantarlo?

El arce japonés también es una excelente opción para cultivar en maceta. En ese caso no solo necesitará más atención con el riego, también hay que cuidar que el tamaño del recipiente sea siempre el adecuado: conviene trasplantarlo a una maceta algo mayor cada dos años aproximadamente. La primavera o el otoño son buenos momentos para hacerlo, evitando los periodos de calor intenso. 

Aprovecha el cambio para renovar parte del sustrato y aportar materia orgánica, pero sin aumentar demasiado el tamaño del recipiente de una vez. Una maceta excesivamente grande puede retener más humedad de la necesaria. Comprueba también que tenga agujeros de drenaje y, al terminar, riega bien para que la nueva tierra se asiente alrededor de las raíces.

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Arce japonés con el follaje seco por las puntas, lo que suele ser signo de exceso de sol directo o calor, o que está pasando sed© Tony Zhai / Unsplash

Un árbol resistente, pero no a prueba de todo

El arce japonés es, en general, un árbol resistente, pero algunos problemas de salud pueden aparecer si las condiciones no son las óptimas. Uno de los más importantes es la clorosis, que puede producirse progresivamente si se riega de forma habitual con agua muy calcárea: las hojas pierden su color verde y adquieren una tonalidad amarillenta, mientras las nervaduras permanecen verdes. También hay que evitar el exceso de agua y los suelos mal drenados, que pueden favorecer la pudrición de las raíces y enfermedades como la verticilosis, un hongo del suelo que provoca el marchitamiento de ramas y para el que no existe un tratamiento curativo eficaz. 

Entre las plagas que pueden aparecer están los pulgones y las cochinillas, especialmente cuando el árbol está debilitado. Los bordes secos o marrones de las hojas, por su parte, no siempre significan que exista una enfermedad: suelen ser una señal de calor excesivo, sol directo, viento seco o falta de agua. Por eso, más que combatir problemas una vez aparecen, la mejor prevención consiste en darle el emplazamiento, riego y suelo adecuados. 

El arce japonés es un árbol de gran valor ornamental que, con unos cuidados adecuados, puede convertirse en una de las grandes joyas del jardín.