La historia de Jacqueline Kennedy Onassis siempre ha estado envuelta en un halo de fascinación, elegancia y un innegable misterio. Cuando parecía que todos los capítulos de su vida ya habían sido escritos, la inminente publicación del libro Camelot’s Architect: The Untold Story of Jackie Kennedy, Lafayette Square and a Secret Romance, que verá la luz el 10 de noviembre, viene a descubrir un refugio sentimental que la ex primera dama mantuvo en la más estricta intimidad.
Escrito por el célebre y ya fallecido arquitecto John Carl "Jack" Warnecke, a petición de su hija Margo para que viera la luz póstumamente, la obra no solo relata el romance de dos años que vivieron, sino que desvela la confesión más desgarradora de Jackie sobre su segundo esposo, el todopoderoso Aristóteles Onassis.
El vínculo entre ambos comenzó años atrás, cuando el propio John F. Kennedy le encargó a Warnecke un proyecto de preservación en Washington en 1960. Sin embargo, fue tras el trágico asesinato del presidente, cuando el arquitecto, un padre de cuatro hijos ya divorciado, fue elegido para diseñar su tumba en el Cementerio de Arlington en 1964, que la chispa surgió irremediablemente.
Como relata el propio Warnecke en sus memorias al recordar aquel encuentro: "Fue ese fin de semana cuando abrimos nuestros sentimientos el uno hacia el otro, un fin de semana que superó nuestra imaginación... Ambos sabíamos en secreto que estábamos enamorados". Aquella historia de amor duró apenas dos años, pero tejió entre ellos unos lazos inquebrantables.
El mayor error de su vida
Fue precisamente esa extrema confianza la que llevó a Jackie a sincerarse con él en octubre de 1968, poco después de contraer matrimonio con el multimillonario griego. Warnecke recuerda cómo, tras encontrarse en el Ritz, fue invitado al apartamento de París de la pareja para un almuerzo que lo cambiaría todo.
"Las habitaciones eran grandes y oscuras, y las ventanas estaban cubiertas con pesadas cortinas", describe el arquitecto, plasmando la opresiva atmósfera en la que vivía. "De repente, llegamos a una habitación luminosa y contemporánea junto a un jardín, donde estaba preparada la mesa para nuestro almuerzo".
En aquel pequeño oasis de luz, la cruda realidad de la inolvidable viuda de América quedó al descubierto. "Ari había dejado a Jackie libre en esta pequeña área", explica en el libro, antes de dar paso a las palabras más duras de la ex primera dama. "Expresó sin dudarlo su frustración porque esta única habitación era todo lo que se le permitía decorar, y me dijo que creía que su matrimonio con Onassis era el mayor error que había cometido en su vida".
Una amistad que superó al amor
Aunque la relación sentimental entre Warnecke y Jackie había llegado a su fin, el arquitecto y la editora nunca dejaron de formar parte el uno de la vida del otro hasta el fallecimiento de ella en 1994. Su amor se transformó en una devoción mutua y en una amistad tan íntima como singular. "En estos últimos años, me parecía que se deleitaba aconsejándome en lo que ella percibía como mis relaciones serias con otras mujeres, o posiblemente me estaba poniendo a prueba", reflexiona Warnecke en sus páginas.
Las visitas a su hogar se convirtieron en un refugio habitual para Jackie. "A veces Jackie venía a visitarme a mi apartamento de camino a casa desde el trabajo. Se recostaba de manera informal a los pies de la cama, mientras yo apoyaba la espalda contra el alto cabecero, hablando de manera íntima y fluida durante horas, dándonos el tipo de consejo sincero que solo dos personas que están muy unidas pueden darse".
Un final cómplice para un romance que, en el fondo, jamás se apagó del todo: "No había nada físico entre nosotros, pero se sentía como si, de alguna manera, todavía estuviéramos llevando a cabo una emocionante aventura secreta".









