Fue el hombre que diseñó la tumba de John F. Kennedy y, con el tiempo, se convirtió en uno de los grandes amores secretos de su viuda. La historia de Jackie Kennedy y el arquitecto John Carl "Jack" Warnecke parece sacada de un guion romántico de Hollywood, pero ocurrió de verdad. Su relación comenzó cuando la exprimera dama intentaba rehacer su vida tras el asesinato de su marido y, aunque nunca llegaron a casarse, el vínculo entre ambos se mantuvo durante tres décadas, hasta los últimos meses de vida de Jackie. Ahora, unas memorias del arquitecto recuperadas por la revista People revelan los detalles más sorprendentes de una historia que, según sus protagonistas, "en realidad nunca terminó".
Todo comenzó mucho antes de que surgiera el amor. Warnecke, un prestigioso arquitecto estadounidense de casi 1,90 metros de altura, había conocido a John F. Kennedy en 1956. Años después, el presidente lo eligió para participar en la restauración de la histórica plaza Lafayette, frente a la Casa Blanca. Fue precisamente ese proyecto el que le permitió acercarse a Jackie.
En octubre de 1962, la noche anterior a una reunión de trabajo, ambos coincidieron en una cena en la embajada británica. Warnecke decidió romper el hielo de una manera inesperada: invitándola a bailar. "Soy el arquitecto con el que tienes que reunirte mañana a las once", le dijo. Jackie aceptó y los dos salieron a la pista.
Lo que ninguno imaginaba entonces era que aquel encuentro sería el comienzo de una historia que marcaría sus vidas.
El hombre que diseñó la tumba de su marido
El 22 de noviembre de 1963, John F. Kennedy fue asesinado en Dallas mientras viajaba en un coche junto a su mujer. Jackie, que presenció el ataque, quedó profundamente marcada por lo ocurrido. Las imágenes de aquel día la acompañaron durante años y, según relató la escritora Barbara Leaming en una biografía publicada en 2014, revivía una y otra vez los terribles momentos en los que perdió a su marido.
Pocos días después del asesinato, Jackie y Robert Kennedy, hermano del presidente, pidieron a Warnecke que los acompañara al Cementerio Nacional de Arlington. Allí, frente a la tumba provisional y la llama eterna, le encargaron diseñar el lugar donde descansaría definitivamente JFK.
Durante meses, el arquitecto y la antigua primera dama trabajaron juntos en todos los detalles del monumento. Se reunían con frecuencia y compartían largas conversaciones. Poco a poco, aquella relación profesional comenzó a convertirse en algo más.
"Me sentía muy atraído por ella, pero me contuve", reconoció Warnecke en sus memorias. Según explicó, entre ambos había surgido una cercanía especial, aunque durante un tiempo ninguno se atrevió a dar el primer paso.
Un amor secreto que estuvo a punto de acabar en boda
Fue en otoño de 1964, durante una estancia en la residencia familiar de Jackie en Rhode Island, cuando ambos se confesaron que estaban enamorados. Comenzaron entonces una relación secreta que duró unos dos años. A finales de ese mismo año ya hablaban de casarse y Warnecke, divorciado y padre de cuatro hijos, llegó a compartir celebraciones familiares con Jackie y sus dos hijos, Caroline y John John.
"Era solo nuestro y de nadie más", recordó el arquitecto sobre aquel romance que consiguieron mantener lejos de los focos.
Unas vacaciones en Hawái llenas de pasión
En el verano de 1966, Warnecke convenció a Jackie para que alquilara una casa junto al mar en Hawái, donde él estaba trabajando. Para evitar sospechas, acordaron contar que ella había viajado invitada por un amigo común.
En sus memorias, el arquitecto recuerda algunos momentos especialmente atrevidos. Una mañana encontró a Jackie tomando el sol completamente desnuda en la playa y, otra noche, ella lo sorprendió subiéndose sin ropa a la parte trasera de su descapotable. Ambos terminaron disfrutando de una escapada romántica junto al mar.
"Soy toda tuya. Toda yo. Te estoy haciendo saber cuánto te amo", le dijo Jackie, según el relato de Warnecke.
Una deuda millonaria acabó con sus planes de boda
Pero su felicidad se complicó en otoño de 1966, cuando Warnecke descubrió que tenía una deuda de un millón de dólares. Según explicó, había dedicado tanto tiempo a diseñar la tumba de Kennedy que había descuidado otros trabajos.
La noticia preocupó a Jackie y el arquitecto comenzó a pensar que no podría ofrecerle la seguridad y privacidad que necesitaba. Aunque esperaba que pudieran casarse cuando mejorara su situación económica, nunca ocurrió.
Tras el asesinato de Robert Kennedy en 1968, Jackie inició una relación con el multimillonario Aristóteles Onassis, con quien se casó el 20 de octubre de ese año. Warnecke volvió a casarse en 1969, pero ambos siguieron manteniendo el contacto.
La carta de amor que recibió Jackie poco antes de morir
Con los años, Jackie y Warnecke recuperaron su amistad. Se visitaban y pasaban horas conversando, aunque su relación ya no era física. Él reconoció que, de alguna manera, sentía que seguían viviendo un romance secreto.
En febrero de 1994, al enterarse de que Jackie tenía cáncer, le escribió una emotiva carta por San Valentín. En ella confesaba que, aunque las circunstancias los habían separado, su amor "en realidad nunca terminó". También soñaba con reencontrarse con ella en lo alto del Empire State Building, como en la película Algo para recordar.
Jackie lo llamó a la mañana siguiente para agradecerle sus palabras. "Me alegraste el día de San Valentín", le dijo antes de reconocer algo que él nunca olvidaría: "El amor que teníamos entonces nunca se rompió ni se dañó. Nada lo cambió jamás".
Su emotiva despedida tras treinta años de amor
Jackie Kennedy murió el 19 de mayo de 1994, a los 64 años. Desde California, Warnecke vio por televisión cómo era enterrada junto a John F. Kennedy, en la misma tumba que él había diseñado.
Emocionado, decidió despedirse de una manera muy especial. Recuperó una manta de piel que Jackie le había regalado en la Navidad de 1965 con una cariñosa nota para que no pasara frío cuando estuviera solo. Después de conservarla casi treinta años, la llevó hasta el río Russian y la dejó flotar sobre el agua, mientras recordaba su historia de amor.
Meses después visitó su tumba en Washington para darle el último adiós.
Warnecke murió en 2010, a los 91 años, pero antes pidió a su hija Margo que publicara sus memorias. Ahora, el libro Camelot's Architect recupera los detalles de ese amor que acabó perpetuándose en el tiempo.










