Con la llegada del buen tiempo, son muchos los que buscan disfrutar de sus espacios exteriores, ya sea en su terraza, jardín o balcones. Sin embargo, las altas temperaturas, la radiación solar, el polvo, el polen o las tormentas propias de esta época pueden deteriorar rápidamente el mobiliario de exterior si no se le presta un mínimo de atención. La buena noticia es que, con unos cuidados sencillos y constantes, es posible mantener los muebles limpios, en buen estado y prolongar su vida útil durante muchos años.
1. Protege los muebles del sol y de la intemperie
Aunque muchos muebles de exterior están diseñados para soportar condiciones climáticas, la exposición continuada al sol puede decolorar los materiales, resecar la madera o deteriorar algunos acabados. Siempre que sea posible, conviene colocarlos bajo pérgolas, toldos o sombrillas durante las horas que más da el sol. Aplicar aceites o protectores específicos ayuda a nutrir el material y a evitar que el sol reseque las fibras.
Si los muebles no van a utilizarse durante varios días, una funda transpirable e impermeable es una excelente inversión para protegerlos del polvo, la lluvia o la humedad. No obstante, es importante que las fundas permitan la circulación de aire para evitar la aparición de moho.
2. Limpia regularmente
Uno de los errores más comunes es dejar que la suciedad y el polvo se acumulen durante toda la temporada. Por ello, lo recomendable es realizar una limpieza ligera cada una o dos semanas, utilizando agua tibia, jabón neutro, un detergente suave y un paño o esponja.
Cada material requiere unos cuidados específicos. La madera necesita productos adecuados que respeten su acabado y, en muchos casos, la aplicación periódica de aceites o protectores que eviten que se reseque. Los muebles de resina o plástico suelen ser más fáciles de mantener, mientras que los de aluminio o acero agradecen una limpieza regular para eliminar los restos de polvo, salitre u otro tipo de contaminación que puedan afectar a su aspecto.
También es recomendable evitar productos abrasivos o estropajos metálicos, ya que pueden dañar las superficies o disminuir su resistencia ante las intemperies.
3. Revisa el estado del mobiliario
El mantenimiento de los muebles no solo consiste en limpiar. Aprovechar el inicio o el final de la temporada para revisar tornillos que puedan estar sueltos, uniones, bisagras y estructuras ayuda a detectar pequeños desperfectos antes de que se conviertan en un problema mayor.
En el caso de los muebles de madera, conviene comprobar si existen grietas o zonas donde el barniz haya desaparecido. En los metálicos, es importante vigilar la posible aparición de óxido y actuar cuanto antes con los productos adecuados.
4. El cuidado de los textiles
Los cojines y otro tipo de textiles también sufren especialmente durante el calor. Lo ideal es guardarlos cuando no se estén utilizando en algún baúl o en el interior de la vivienda para protegerlos de la exposición al sol.
Además, conviene seguir siempre las recomendaciones de lavado del fabricante y asegurarse de que estén completamente secos antes de almacenarlos, evitando la aparición de malos olores o de humedad.
5. Elige bien los materiales
A la hora de elegir muebles de exterior, consideran los materiales que mejor resisten a temperaturas extremas, como el aluminio, el acero inoxidable o tejidos sintéticos. Este tipo de materiales es más resistente a los rayos UV y durará más tiempo.









