La forma de entender la arquitectura, el interiorismo y el arte siempre está en plena evolución. Más allá de las tendencias escandinavas que han marcado el diseño en los últimos años, ahora la búsqueda constante de refugios con identidad propia, muebles con alma y piezas icónicas ha llegado para quedarse. Hablamos con el arquitecto Diego Raposo y con Juliana Volpini que, junto al experto en Real Estate Miguel Escudero, han fundado la marca Imbuia, con el objetivo de acercar al mercado español algunas de las piezas más representativas del diseño modernista brasileño. "Durante los años cincuenta y sesenta, el país vivía un gran optimismo: la arquitectura moderna, Brasilia, el crecimiento cultural… Todo eso se tradujo en una forma de habitar más abierta, más relajada y mucho más conectada con la naturaleza", nos explican sobre su proyecto.
"El lujo está dejando de asociarse con la ostentación para acercarse cada vez más a la autenticidad"
El proyecto surge de una premisa clara: explorar la relación entre el cuerpo, la materia y el espacio. Lo hace a través de una arquitectura marcada por la luz, los ambientes abiertos y el uso de materiales naturales, muy vinculados a la vida cotidiana brasileña. En lugar de buscar la novedad por la novedad, la propuesta se vertebra en torno a la recuperación histórica, reuniendo reediciones autorizadas de piezas históricas firmadas por auténticos referentes del diseño brasileño como Sérgio Rodrigues y José Zanine Caldas.
"Cuando una pieza sigue siendo actual cincuenta o sesenta años después de haber sido diseñada, significa que ha superado las modas. Ya no es solo un mueble; forma parte de la historia del diseño"
Cada una de estas piezas tiene una historia detrás. ¿Qué nos cuentan estos muebles sobre el diseño brasileño y sobre la forma de vivir de toda una época?
Cada pieza refleja un momento en el que Brasil empezó a construir una identidad propia en el diseño. Durante los años cincuenta y sesenta, el país vivía un gran optimismo: la arquitectura moderna, Brasilia, el crecimiento cultural… Todo eso se tradujo en una forma de habitar más abierta, más relajada y mucho más conectada con la naturaleza.
Los muebles brasileños cuentan precisamente esa historia. Hablan de una casa donde el confort es protagonista, donde la madera expresa su belleza de forma honesta y donde el lujo no está en el exceso, sino en la calidad de los materiales y en el trabajo artesanal. Son piezas que nacen de un contexto muy brasileño, pero que siguen siendo extraordinariamente contemporáneas.
¿Qué enseñan diseñadores como Sérgio Rodrigues o Zanine Caldas sobre una forma diferente de vivir la casa?
Tanto Sérgio Rodrigues como Zanine Caldas entendían que una casa debía vivirse, no contemplarse. Sus muebles invitan a sentarse, a conversar, a leer, a recibir amigos. Nunca diseñaron pensando únicamente en la estética.
Sérgio Rodrigues revolucionó el concepto de confort. Demostró que un mueble podía ser sofisticado sin perder calidez. Zanine, por su parte, nos enseñó un profundo respeto por la madera y por los procesos naturales, defendiendo siempre una producción responsable y una relación más consciente con los materiales.
Creo que ambos nos recuerdan que el diseño debe mejorar nuestra forma de vivir, no simplemente decorar un espacio.
Hoy hablamos mucho de muebles con alma. ¿Qué hace que una pieza trascienda su función y acabe convirtiéndose en un icono?
Un icono nunca nace con la intención de serlo. Lo consigue cuando reúne varias cualidades al mismo tiempo: una idea innovadora, una ejecución impecable, una identidad muy reconocible y la capacidad de emocionar incluso décadas después.
Cuando una pieza sigue siendo actual cincuenta o sesenta años después de haber sido diseñada, significa que ha superado las modas. Ya no es solo un mueble; forma parte de la historia del diseño.
Además, muchas de estas piezas conservan exactamente la misma capacidad de emocionar que cuando fueron creadas. Eso es algo muy difícil de conseguir.
¿Qué tienen los muebles brasileños que los diferencian del diseño escandinavo o del italiano, tan presentes en Europa?
Admiro profundamente tanto el diseño escandinavo como el italiano, pero el brasileño aporta una sensibilidad diferente.
Mientras el diseño escandinavo suele buscar la máxima síntesis y el italiano destaca por la sofisticación formal, el diseño brasileño pone el foco en la relación entre la persona, el material y la naturaleza.
Hay una sensualidad muy particular en las curvas, una enorme presencia de la madera maciza y una búsqueda constante del confort. Son muebles pensados para tocarse, para usarse y para durar generaciones. Esa combinación entre artesanía, modernidad y calidez es muy difícil de encontrar en otros lugares.
"Cada vez vemos casas más personales y menos condicionadas por las tendencias. La gente prefiere invertir en piezas que realmente representen su manera de vivir y que puedan acompañarla durante muchos años"
¿Cómo ha evolucionado el concepto de lujo en el interiorismo durante los últimos años en España?
Creo que el lujo está dejando de asociarse con la ostentación para acercarse cada vez más a la autenticidad.
Hoy existe un interés creciente por conocer el origen de las piezas, quién las diseñó, cómo fueron fabricadas y qué historia cuentan. También se valora mucho más la calidad frente a la cantidad y la capacidad de crear interiores con personalidad propia.
España está viviendo un momento especialmente interesante porque conviven una gran cultura del diseño contemporáneo con una sensibilidad creciente hacia la artesanía y el coleccionismo. En ese contexto, el diseño brasileño encuentra un diálogo muy natural.
¿Estamos entrando en una etapa en la que tener pocas piezas, pero muy especiales, pesa más que llenar una casa de muebles?
Estoy convencido de ello. Cada vez vemos casas más personales y menos condicionadas por las tendencias. La gente prefiere invertir en piezas que realmente representen su manera de vivir y que puedan acompañarla durante muchos años.
Una sola butaca de gran diseño puede transformar completamente un espacio y aportar mucho más carácter que una habitación llena de objetos sin identidad. Esa forma de consumir también es más responsable y más sostenible.
Si pudierais elegir una casa de un personaje conocido para incorporar una pieza de diseño brasileño, ¿cuál sería y por qué?
Elegiría una casa de Luis Barragán. Siempre me ha emocionado la manera en que entendía la arquitectura: espacios de una gran sencillez, donde la luz, el color, los materiales y el silencio construyen una experiencia profundamente emocional. Creo que esa sensibilidad conecta de forma natural con el mejor diseño brasileño.
Imagino una butaca de Sérgio Rodrigues o una pieza de Zanine Caldas en uno de sus interiores y siento que no parecerían elementos añadidos, sino parte del propio espacio. La nobleza de la madera, la artesanía y el confort dialogarían con la arquitectura de Barragán con absoluta naturalidad.
Al final, tanto Barragán como los grandes maestros del diseño brasileño nos enseñan que el verdadero lujo no reside en la abundancia, sino en la capacidad de emocionar con muy pocos elementos.







