"Recuerdo perfectamente la primera boda a la que asistí. Era muy joven y llevaba un vestido que no volvería a elegir", confesaba recientemente Inés Domecq a ¡HOLA! De aquella experiencia explica que aprendió una valiosa lección: el estilo no va de disfrazarse para una ocasión, sino de sentirse cómoda y segura.
Lo cierto es que resulta muy difícil encontrar una mancha en el historial de conjuntos de invitada de la marquesa de Almenara, pues es una de las mujeres más elegantes de nuestro país. Algo que demuestra con sus audaces elecciones, plasmando también su estilo —volúmenes, estampados y líneas arquitectónicas suelen caracterizarlo— en los diseños que tanto éxito tienen en The IQ Collection, la firma que fundó en 2020.
Pero esta vez queremos recordar uno de los primeros estilismos con los que logró captar nuestra atención hace catorce años, el que escogió para acudir a la boda de su prima, Mercedes Bohórquez Domecq, con Bruno Oliver Bultó. Un enlace que tuvo lugar en la iglesia de San Mateo, en Jerez de la Frontera, el 23 de junio del 2012 y al que acudió buena parte de la 'alta sociedad' andaluza, como los duques de Feria, Naty Abascal o Eugenia Osborne.
Inés Domecq sorprendió en esta cita luciendo un entallado vestido recto de corte justo por debajo de la rodilla, un modelo en gris azulado que destacaba, sin duda, por el espectacular cuerpo bordado. Una composición de inspiración barroca en hilatura dorada, que culminaba en marcadas hombreras puntiagudas.
El vestido de la diseñadora guardaba una conexión especial con el de la novia, pues ambos fueron confeccionados por Roberto Diz, que con el tiempo, ha acabado siendo uno de los diseñadores de cabecera de Inés. "Es una de las mujeres más elegantes del mundo", ha definido el modisto a la jerezana. Juntos, incluso han colaborado profesionalmente: sin ir más lejos, el pasado año lanzaron una colección conjunta.
El toque sobrio de aquel look lo introdujo a través de sus accesorios en color negro: unos altísimos zapatos destalonados de plataforma, a juego con un bolso de mano en tejido rugoso.
"¿Un accesorio imprescindible? Unos pendientes que te favorezcan o una joya con valor sentimental. En alguna boda, he apostado por algún detalle que no encajaba del todo con el contexto, pero me ha hecho sentir auténtica", nos contaba la propia Inés al preguntarle por las claves para triunfar como invitada. En este enlace, se decantó por unos maxipendientes dorados en forma de triángulo, a tono con el espectacular bordado de su vestido.
Y aunque sí mantuvo una de sus reglas, "un recogido sencillo, con movimiento, que no parezca demasiado trabajado", sí se saltó la de la naturalidad por la que habitualmente suele apostar en cuanto al maquillaje se refiere, con un increíble ahumado que marcaba la mirada, y que en realidad, tenía sentido ya que se trataba de una boda de tarde. "Ahora intento que todo sea más ligero. Una piel natural, trabajada con productos que aguanten bien el calor, y un maquillaje que no se sienta pesado, es esencial", nos explica.







