Quién tiene un pueblo, tiene un tesoro. La reina Letizia ha llevado siempre por bandera a su patria querida, Asturias, puesto que ha puesto en relieve la importancia de la conexión con las raíces y el arraigo. Doña Letizia recuerda siempre con cariño aquellos veranos de su infancia en Sardéu, una aldea situada en la parroquia de Moro, dentro del concejo de Ribadesella. La familia pasaba largas jornadas en una pequeña casa en medio de las colinas, un refugio que hoy en día es el deseo de casi todos, puesto que la última tendencia en viviendas es exactamente desconectar y alejarse del ajetreo de las grandes ciudades, pero también el auténtico lujo en 2026, el poder de no hacer nada porque ahí es donde nace el verdadero lujo silencioso.
Un refugio entre las montañas
La encantadora casa de Letizia y su familia para veranear junto a sus abuelos, Menchu Álvarez del Valle y Jesús Ortiz, es un refugio que resume el alma del norte. Se trata de una vivienda tradicional de Asturias, con una fachada de piedra natural y la cubierta de teja rojiza, que se integra perfectamente en el paisaje verde.
Su arquitectura sobria, compacta y funcional responde al clima húmedo de la región. La piedra vista aporta textura y autenticidad, mientras que la carpintería de madera oscura refuerza su carácter rústico.
Las casas locales están diseñadas para resistir el paso del tiempo y el clima. Los muros gruesos de piedra generan una sensación inmediata de refugio. Las ventanas, generalmente de madera oscura y robusta, filtran la luz natural para dar mayor calidez al interior y aportar equlibrio y calma.
Aunque no hay imágenes del interior de la casa familiar de la reina Letizia, se podría decir que respeta las líneas de la zona, con vigas de madera vista, suelos de tablón macizo o piedra natural. La vivienda tiene dos plantas, donde el eje central suele ser la cocina, donde las familias se reúnen para conservar y hacer vida. El mobiliario suele ser de madera, respetando la materia prima y local y la cocina de leña.
En cuanto al resto de las estancias, las casas antiguas no entienden de espacios abiertos, sobre todo para preservar el calor en los meses más frios. Las habitaciones son recogidas, rechos contenidos y pasillos estrechos, una estructura que poco a poco vuelve a crear tendendia hoy en día.
Una casa de gran valor e historia
Menchu Álvarez del Valle compró esta encantadora propiedad en 1982, desde entonces se convirtió en el punto de encuentro de la familia Ortiz Rocasolano, donde Letizia y sus hermanas jugaban de crías disfrutando de la naturalera y el aire libre, tal y como su propia abuela desveló en la prensa local. Una de las anédotas más llamativas y que refleja el caracter sencillo y humilde la casa, fue la reacción de Menchu al conocer que su nieta se había prometido con el futuro rey de España. “Le pregunté a mi nieta que cómo iba a traerle aquí: ‘Esta casa no está para recibir a un príncipe’.", afirmaba natural, espontanea y tan cercana como siempre durante una charla en la Casa de la Cultura de Ribadesella, donde era una vecina muy querida.
Menchu Álvarez del Valle adoraba su tierra, pero también sentía gran predilección por su hogar, donde decidió pasar los últimos años de su vida. "Ella eligió ese sitio hace treinta años y nunca quiso cambiarlo. Es una casa solitaria en el pico de una montaña, unida por caminos sin asfaltar, terribles, de esos donde no pueden cruzarse dos coches", nos contaba Tino Pérez, director de Cope Ribadesella.
Este refugio guarda mucho valor sentimental para la Reina, puesto que más allá de los grandes lujos y construcciones ostentosas, guarda entre sus paredes grandes recuerdos y secret










