Muchas mujeres empiezan a mirarse al espejo y sienten que algo ha cambiado. No siempre saben exactamente qué es. La piel parece más apagada, el rostro transmite cansancio incluso después de haber descansado y el óvalo facial pierde definición. La explicación suele atribuirse al estrés, al paso del tiempo o a una mala racha. Sin embargo, detrás de muchos de estos cambios hay un factor que pocas veces recibe toda la atención que merece: la menopausia.
La doctora Rita Sêco, especialista en medicina estética, explica que uno de los primeros signos suele ser la pérdida de luminosidad y firmeza de la piel. "Muchas mujeres describen el rostro como tengo un aspecto cansado incluso cuando descanso o mi piel ha perdido el brillo", señala. La experta nos cuenta que durante los cinco primeros años después de la menopausia una mujer puede perder alrededor del 30% del colágeno cutáneo. Una caída relativamente brusca que transforma el aspecto del rostro en poco tiempo.
Por qué la menopausia hace perder firmeza
Aunque el cambio afecta al rostro de forma global, existen zonas especialmente sensibles a la caída hormonal. Una de ellas es el tercio inferior de la cara. La línea mandibular pierde definición, el cuello comienza a mostrar más flacidez y el contorno facial deja de verse tan marcado como antes.
Los pómulos también cambian. Van perdiendo parte de la proyección que ayudaba a sostener visualmente el rostro, creando una sensación de descenso generalizado. A la vez, la mirada se transforma. "Los párpados se vuelven más pesados, las cejas descienden ligeramente y la zona periorbitaria pierde firmeza", explica la experta.
A todo esto, se le suma según la doctora, que la piel se vuelve "más fina, más seca, más reactiva y con tendencia a las manchas", ya que "la alteración hormonal también afecta a la producción de melanina". La especialista señala además que "la flacidez generalizada es el denominador común de todo esto" y que "la razón de fondo siempre es la misma: la caída del estrógeno".
Por qué los rellenos no son la solución
Cuando el rostro empieza a perder firmeza, muchas mujeres piensan automáticamente en recuperar volumen. Y ahí aparece uno de los errores más frecuentes que observa la especialista en consulta. "La flacidez de la menopausia no es falta de volumen", explica. Según su experiencia, intentar corregir la caída de los tejidos añadiendo rellenos de forma indiscriminada puede generar el efecto contrario al que queremos. "Añadir volumen a un rostro que está cediendo no lo levanta; lo hace más pesado, más ancho y, paradójicamente, más envejecido", explica.
Para Rita Sêco, es importante entender que la pérdida de firmeza y la pérdida de volumen son problemas diferentes. Mientras los rellenos pueden tener sentido en zonas concretas donde existe una pérdida real de soporte, cuando la flacidez empieza a aparecer, la especialista recomienda cambiar el enfoque. "Cuando el problema es la flacidez debemos pensar en tratamientos que aumenten la producción de colágeno", explica.
Entre ellos se encuentran los bioestimuladores y determinadas tecnologías médicas orientadas a mejorar la firmeza y la calidad de la piel. El objetivo, según defiende, no es añadir volumen de forma indiscriminada, sino conseguir "un rostro que era flácido y que se volvió más firme y con mayor calidad de piel, sin darle volumen".
Cambios en la cara que cambian tus prioridades
Parece que las arrugas son la gran preocupación estética femenina. Sin embargo, según explica Rita Sêco, las prioridades están cambiando. "Las pequeñas líneas de expresión son la obsesión de siempre y, paradójicamente, son las que menos deberían preocupar", afirma. Lo que realmente determina si un rostro se percibe joven o envejecido no son unas pocas arrugas, sino la calidad global de la piel.
La firmeza, la textura, la uniformidad del tono y la luminosidad se han convertido en los nuevos indicadores de una piel sana. No solo las hormonas sexuales influyen en este proceso. La dermatóloga Sabrina Guillén Fabi, una de las fundadoras de la firma de belleza centrada en el impacto del equilibrio hormonal en la apariencia de la piel XOMD y considerada una de las dermatólogas cosméticas más reconocidas de Estados Unidos, recuerda que con la edad también aumentan los niveles de cortisol.
"Con la edad, los niveles de cortisol aumentan y generan un estado inflamatorio mayor en la piel, lo que contribuye al envejecimiento cutáneo", explica. Según la especialista, este fenómeno hace que las células trabajen de forma menos eficiente, acelera la degradación del colágeno y debilita la barrera cutánea. De hecho, la especialista Rita Sêco observa cómo cada vez más pacientes preguntan por tratamientos destinados a mejorar la calidad cutánea antes que por procedimientos orientados a modificar el volumen o la estructura facial.
Esta tendencia también explica el auge de tratamientos preventivos entre mujeres más jóvenes. A los 35 años el objetivo suele ser mantener el colágeno y la calidad de la piel. A los 50, especialmente tras la menopausia, el reto es recuperar parte de la densidad perdida y ralentizar un proceso biológico que se acelera con la caída hormonal. La gran tendencia ya no consiste en parecer diez años más joven. Consiste en tener una piel más sana. Como resume Rita Sêco, "estamos entrando en una era en la que el cuidado de la piel es también una cuestión de salud".
Como recuerda Rita Sêco, el rostro que envejece mejor no es el que parece transformado por los tratamientos, sino aquel que mantiene su identidad mientras gana salud, calidad y equilibrio con el paso de los años. Para eso, si tuviera que priorizar, Rita Sêco lo tiene claro: protector solar todos los días, un buen antioxidante como la vitamina C y tratamientos orientados a estimular el colágeno.









