“Tienes tres meses de vida”. Así, sin anestesia y en apenas unas palabras, un médico cambió para siempre el rumbo de un día cualquiera de 2013. El diagnóstico era cáncer de mama y el pronóstico, demoledor. La respuesta de Esperanza Martínez-Bordiú, Kucca Gotor, sin embargo, estuvo a la altura de una mujer poco acostumbrada a dejarse llevar por los acontecimientos: “Pues no me viene bien morirme ahora mismo”. Tajante, casi con esa mezcla de ironía y determinación que forma parte de su carácter.
Y dicho y hecho. Contra todo pronóstico, Esperanza siguió adelante. Hoy, aquella sentencia que entonces parecía marcar una cuenta atrás se ha convertido en uno de los muchos episodios extraordinarios que guarda su biografía. Porque si algo define a Kucca Gotor —el nombre con el que se hizo conocida en el mundo de la moda— es precisamente su capacidad para esquivar los guiones establecidos. La suya es una historia de giros inesperados, de empezar de nuevo cuando parecía que ya no quedaban capítulos por escribir y, sobre todo, de una extraordinaria capacidad para reinventarse.
No es casualidad que recientemente la definiéramos como una mujer de las “mil vidas” en una de sus entrevistas junto a ¡HOLA!. Diseñadora de éxito, empresaria, madre, superviviente de un cáncer y, más tarde, lotera. Cada etapa parece pertenecer a una vida distinta, aunque todas forman parte de la misma mujer.
Aquel cáncer, además, tenía un componente especialmente doloroso. “Mi madre falleció del mismo cáncer, cinco años antes”, nos cuenta al recordar a Clotilde de Basso Roviralta, que murió el 21 de noviembre de 2008, a los 67 años. El diagnóstico de Esperanza llegó, por tanto, con el peso añadido de una historia familiar demasiado cercana. “Me lo pillaron a tiempo y me pude salvar”, añade. Pero salvarse no significó que el camino fuera sencillo.
Fueron tres años de tratamiento, de “quimio y radio”, como ella misma lo resume, en un proceso que puso a prueba su fortaleza física y emocional. Tres años en los que tuvo que aparcar cualquier idea de normalidad y concentrarse en algo mucho más básico: seguir adelante. Y lo hizo. Con la misma determinación con la que, años antes, había construido una carrera en la moda y con la que después volvería a darle la vuelta a su vida.
“Las prioridades te cambian… Si las tienes claras desde el principio, sigues luchando. Siempre me enseñaron que hay que seguir para adelante, luchar y que, para conseguir las cosas, hay que currar. Me llegó el cáncer y lo vi como un problema más. Dije: ‘Como el ‘no’ ya lo tienes, tira para adelante’. Y eso hice”, narra.
Una filosofía que resume en una frase todavía más contundente: “No es ser ni valiente ni luchadora. ¿Qué vas a hacer?”. Y añade: “Tampoco cambias de prioridades o ves la vida de otra manera. ¡Qué va! Eso son tonterías. Hay que tirar para adelante. Si no, ya sabes lo que ocurre”.
Ahora, con la perspectiva que dan los años, aquella experiencia también ha cambiado su manera de entender la prevención. “Por eso mis hijas (Clotilde y Jimena) ya van a revisión”, explica, consciente de la importancia de los controles médicos cuando existe un antecedente familiar. Después de haber vivido el cáncer en primera persona y de haber conocido demasiado de cerca sus consecuencias, tiene claro que prevenir y detectar a tiempo puede marcar la diferencia.
Pero en esa vida de idas y vueltas, de golpes y nuevos comienzos, hay alguien que aparece siempre a su lado: su marido, José Villaseñor. “Ahora va a hacer 23 años que nos casamos”, cuenta. Sin embargo, todavía recuerda con una sonrisa aquel primer encuentro en El Rocío y, especialmente, el rebujito que él le ofreció y que despertó su interés. Desde entonces, han recorrido juntos una buena colección de capítulos, de los luminosos y de los que nadie querría protagonizar.
“Nos ha pasado de todo: mi enfermedad, que, por suerte, me pillaron a tiempo; José también tuvo un cáncer de próstata... Y luego, su empresa de tematización pasó por la crisis terrible de 2009. Además, me estafaron en la lotería y, hace un año, me rompí la muñeca por la mitad: me caí desde la escalera y me separó la mano del brazo. Fue brutal. Ya estoy bien, pero lo he pasado muy mal”, revela.
La lista impresiona por sí sola. Enfermedades, crisis económicas, una estafa y hasta un accidente que pudo acabar de forma mucho más seria. Y, sin embargo, cuando habla de todos esos golpes, Esperanza vuelve a la misma idea que ha atravesado buena parte de su vida: seguir adelante. Con José a su lado, compartiendo “lo malo y lo bueno”, como ella misma dice.
“Nos ha pasado de todo, pero ahí seguimos… Es amor verdadero”. Quizá sea esa la mejor manera de cerrar el círculo de una historia que, a sus ojos, siempre ha consistido en continuar hacia delante. Una vida, varias vidas, demasiados giros y una certeza: mientras haya un siguiente capítulo, Kucca Gotor está dispuesta a escribirlo.








