La increíble historia de vida de Kucca Gotor no deja indiferente a nadie que la escuche. Lograr el éxito absoluto de la mano de su propia firma de ropa, consiguiendo vestir a las tops del momento y saltar, cada piedra del camino con éxito. El poder de la reinvención y la lucha, a pesar de la vida en contra, podría haber sido también, inventado por ella. Cuando era joven iba para bróker, pero por el fatal accidente de tráfico de Grace Kelly se quedó una plaza libre en el Chambre Syndicale de la Couture de París y terminó estudiando alta costura en París.
Tras ello triunfó como diseñadora, trabajando con Óscar de la Renta y vistiendo mujeres como las infantas Elena y Cristina o diseñando los vestidos de novias de Sonsoles Suárez y Nuria March. Cuando su firma Kucca Gotor se encontraba en lo más alto, estando embarazada a sus 42 años el médico le dijo que debía elegir, ya que tanto estrés no era bueno para el bebé y ya había sufrido un aborto anteriormente. En ese momento, Kucca lo tuvo claro y cerró su empresa en menos de 24 horas. Aunque su vínculo con la moda terminó con el embarazo de su segunda hija, hace poco lo retomó como si de un hilo rojo de tratara, ya que con tan solo años su pequeña trabaja como modelo. “Cuando Jimena empezó como modelo, le dije: 'Te ayudo, pero voy a ejercer de profesional de la moda. Te voy a decir todo, lo bueno y lo malo'. No voy como la mamá de la Pantoja", nos contó.
Sus hijas, sobrinas y primas de Pocholo
Hoy disfruta de ver crecer a sus dos hijas, que van labrando sus propios caminos. Entregada en cuerpo y alma a ellas, la hija del XVII barón de Gotor se define como 'una madre zulú': "No quiero proteger a Clotilde y Jimena, sino que se tropiecen y se levanten. Me ocupo y estoy pendiente de ellas, pero que tomen sus decisiones".
Ambas han visto luchar a su familia contra viento y marea y guardan mucho cariño a familiares como Carmen Martínez-Bordiúo y su tío Pocholo. Ambos siempre se han mantenido muy unidos a Kucca en los momentos más difíciles de su vida. También en los buenos momentos, donde Clotilde y Jimena disfrutan de la divertida personalidad de su carismático tío en primera persona. Unidas a su familia, también mantienen el contacto y aprovechan la presencia de Carmen Martínez-Bordiú cada vez que viene de visita, pasando tiempo en familia. Carmen reside desde hace años en Portugal, pero a pesar de la distancia geográfica, las jóvenes intentan mantener el contacto con ella y le guardan un inmenso cariño; para ellas es como una tía más.
Además, aunque ambas son muy diferentes entre ellas, tienen pequeños ápices de la personalidad de sus familiares: esa fuerza, delicadeza y elegancia que les caracteriza. Clotilde, la mayor de las dos hermanas, a sus 21 años trabaja junto a su otra hermana María - del anterior matrimonio de su padre- en su empresa como arquitecta de interiores. Jimena, a sus 19 años compagina sus estudios en psicología mientras triunfa como modelo. Su propia madre, que las conoce mejor que nadie, asegura que “son el día y la noche, pero forman el equipo perfecto”. “Clotilde es introvertida y muy muy fuerte, de cabeza y de físico. Siendo rubia, parece una princesa, pero tiene un carácter fortísimo. Luego, Jimena, que parece fuerte, es más cariñosa y extravertida”.
Clotilde y Jimena, hermanas y mejores amigas
Las dos hijas de Kucca se consideran "muy distintas; el yin y el yang perfecto", afirman a ¡HOLA! ambas. "Clotilde es mi mejor amiga, mi confidente. Es muy válida, inteligente, fuerte y muy buena. Siempre vela por mí", nos apunta Jimena. "Mi hermana también es mi mejor amiga. Siempre le cuento todo y está ahí", añade Clotilde.
¿Cómo definiríais a vuestra madre?
JIMENA.—Trabajadora, valiente y buena. Es mi mayor admiración. Siempre está cuidándonos y dándolo todo por los demás. Ha sido valiente, porque ha superado todo tipo de retos.
CLOTILE.—Es muy libre. Tiene las cosas muy claras y es muy ordenada. También, liberal.
Ella dice que es una madre 'zulú'.
J.—Está en el punto perfecto: se preocupa por nosotras y quiere saber que estamos bien, pero nos permite extender las alas y volar.
C.—Nos da muchísima libertad. Si cometemos algún error, lo dice, pero de forma sutil.
¿Qué admiráis de ella?
C.—Lo fuerte que es, física y mentalmente; superó un cáncer muy duro. Y pese a trabajar tanto, siempre tiene tiempo para su familia.
J.—Su flexibilidad. Ha pasado de bróker a diseñadora y es lotera. Ha superado un cáncer… Es lotera, madre y amiga. Tiene la capacidad de adaptarse a todo, de estar arriba y abajo, siempre con una actitud positiva. Es admirable.
Jimena, tu madre dejó la moda cuando se quedó embarazada de ti, pero la has devuelto a ese mundo.
J.—Me ayuda muchísimo. Al principio, me daba vergüenza ser modelo, porque yo no sabía caminar ni posar. Mi madre me enseñó y me dio confianza. En lo demás, con agencias y contactos, me he buscado la vida sola. Me hace mucha ilusión cuando la reconocen en los desfiles. Siempre me deja brillar. Soy muy afortunada.
Contadnos más de vosotras. ¿Tenéis pareja?
J.—Actualmente, yo no tengo.
C.—Yo sí. Se llama Juan Di y le conocí de fiesta. Somos distintos, pero encajamos muy bien.
¿Vuestro tío Pocholo es tan imprevisible como parece?
C.—Total y absolutamente (ríe).
J.—Es tal cual se le ve en la tele. Es superbueno, carismático, divertido… Es imprevisible en el mejor de los sentidos; no sabes por dónde te va a venir, pero siempre tiene buenos planes e ideas.
C.—Además de mi tío, es mi padrino. Se nota que cuida de quien quiere.
¿Y vuestra relación con la tía Carmen?
J.—No hablamos diariamente, como mi madre, pero nos adoramos y siempre nos hace mucha ilusión verla cuando viene de Portugal.
C.—Es supercariñosa con nosotras. Es la prima de nuestra madre pero es como si fuese mi tía.
¿Y el tener el apellido Martínez-Bordiú...?
C.—Ha sido un poco fastidioso y cansino. La gente tiende a pensar que somos de una forma cuando ni nos conocen ni tienen el afán por conocernos. Hay gente inculta que confunde nuestra familia con la familia de la prima de mi madre, pero ya paso de los comentarios negativos.
J.—Por suerte, en nuestra generación ya no tiene tanto impacto. A veces se sorprenden cuando decimos los apellidos o entregamos el DNI, pero respondemos con naturalidad. Nunca ha sido ni un impedimento ni una ventaja. Estamos muy orgullosas de nuestra familia, pero, al final, somos personas normales y corrientes.









