La reina Letizia ha vuelto a llevar tacones. Y la ocasión lo requería. Después de varias ocasiones apostando por el calzado plano o por el conocido tacón kitten heels (o, tacón chupete), que miden aproximadamente 4 centímetros de altura para proteger su pie, la monarca española ha recuperado uno de sus recursos de estilo más reconocibles. Lo ha hecho, además, con una elección nada discreta: unas sandalias metalizadas de Martinelli, con plataforma y un tacón que suma alrededor de doce centímetros a su silueta. Una decisión especialmente llamativa teniendo en cuenta que Letizia padece desde hace años un neuroma de Morton, una afección que ha condicionado sus elecciones de calzado en numerosas apariciones públicas.
Del mocasín a los tacones
Durante las últimas semanas, la reina había reducido considerablemente la presencia de tacones altos en sus estilismos y había encontrado en el calzado plano a uno de sus mejores aliados. Entre sus elecciones más habituales han estado los mocasines, un clásico de inspiración noventera que regresó con fuerza a las tendencias y que Letizia ha incorporado con naturalidad a su armario. También los viajes oficiales han dejado claro ese cambio de estrategia.
A principios de octubre, los Reyes de España viajaron a Finlandia con motivo de una visita de Estado, con Helsinki y Rovaniemi como principales destinos. Para su salida desde el aeropuerto de Madrid, Letizia escogió un conjunto de sastrería de aire relajado: pantalones holgados y fluidos y un blazer oversize de doble botonadura a juego y sus entrañables mocasines. Sin embargo, ahora, los tacones han vuelto.
Una noche para recuperar la altura
La ocasión no podía ser más apropiada. La reina Letizia acompañó al rey Felipe VI durante la visita de Estado del presidente francés, Emmanuel Macron, y su esposa, Brigitte Macron, una cita diplomática de especial relevancia. La jornada comenzó en el Patio de Armas del Palacio Real, donde los Reyes recibieron con todos los honores a sus invitados. Después, la actividad se trasladó al Palacio de la Zarzuela, donde tuvo lugar un almuerzo privado.
El gran momento llegó por la noche, en los salones de Estado del Palacio Real, escenario de una cena de gala que quedará marcada en la agenda de la Casa Real. Era, además, la primera cena de gala ofrecida a un presidente francés desde la visita de Estado de Nicolas Sarkozy y Carla Bruni en 2009. Y Letizia entendió el código de la noche.
Vestida como una auténtica reina de cuento, la monarca apareció con un espectacular vestido azul y unas sandalias metalizadas de Martinelli que volvían a poner los tacones en el centro de su look. La plataforma y sus doce centímetros de altura aportaban una silueta especialmente estilizada, en uno de esos estilismos de gala en los que cada detalle parece calculado.
Las reacciones no se hicieron esperar. La prensa europea, y especialmente la española, convirtió la aparición de Letizia en uno de los momentos de la noche. El vestido fue, por supuesto, protagonista, pero también lo fue la actitud de la reina: segura, serena y absolutamente natural bajo la solemnidad de una cena de Estado. Una imagen que trascendió fronteras y que dejó un veredicto prácticamente unánime: “Guapísima”.
El neuroma de Morton que cambió sus zapatos
La relación de Letizia con los tacones no ha sido sencilla en los últimos años. Fue en 2024 cuando se hizo especialmente visible el problema que sufría en su pie izquierdo, después de que la reina tuviera que permanecer sentada durante el saludo a los invitados previo al banquete de Estado ofrecido por los reyes Guillermo y Máxima de los Países Bajos en Ámsterdam.
La imagen llamó la atención porque, en circunstancias normales, Letizia habría permanecido de pie durante el tradicional besamanos. Sin embargo, la dolencia que padecía en el pie hizo aconsejable reducir el tiempo que permanecía sobre sus zapatos. En aquella ocasión, además, llevaba unas sandalias de tacón de doce centímetros, de Martinelli x Redondo Brand, una altura considerable para permanecer durante cerca de una hora de pie y prácticamente sin moverse.
Desde entonces, el calzado de la reina ha experimentado una transformación evidente. Los tacones muy altos dejaron paso a modelos más bajos y cómodos, incluidos los conocidos kitten heels o tacones chupete, que se convirtieron en una de sus señas de identidad durante numerosos actos oficiales.
La nueva estrategia de Letizia: dosificar las alturas
Y quizá por eso su regreso a los tacones altos resulta ahora especialmente significativo. No porque el neuroma de Morton haya desaparecido —no existe confirmación pública de que se haya curado—, sino porque, en los últimos años, Letizia ha aprendido a dosificar las alturas y a adaptar el calzado a cada ocasión.
Ya no todos los compromisos requieren unos tacones altos. La reina ha demostrado que también hay espacio para los kitten heels, los tacones más menudos, los mocasines e incluso el calzado completamente plano. Una nueva forma de entender su armario en la que la comodidad ha ganado terreno, pero sin renunciar a esos momentos en los que un gran tacón sigue siendo el complemento perfecto.
Porque si algo ha aprendido Letizia es que no hace falta llevar tacones todos los días para saber cuándo merece la pena ponérselos. Y esta vez, ante una cena de Estado y una de las grandes noches de su agenda, la ocasión pedía altura. Y la reina se la concedió.









