Almudena creció entre telas, costuras y muchos vestidos, una razón más que suficiente para que, cuando llegara su momento de vestirse de novia, supiera bastante bien qué quería. Su abuelo tenía un taller dedicado a la moda nupcial, por lo que desde pequeña estuvo muy familiarizada con este universo y con todo lo que rodea a la creación de una pieza tan especial. A ello se sumaba el apoyo incondicional de su madre, también gran amante de la moda y con amplios conocimientos sobre el tema. Por eso, a la hora de dar forma a su propio vestido, tenía muy claro lo que buscaba.
Fue así como decidió confiar en Navascués, atraída tanto por la calidad de los tejidos como por el saber hacer y la experiencia de la firma. "Cuando conocí a Guillermo y a Cristina, terminé de confirmar que había acertado. Son cercanos, cariñosos y hacen que te sientas en el taller como en tu propia casa", asegura nuestra protagonista.
El vestido, la pasión por la moda heredada de su abuelo
Tenía muy claro cómo imaginaba su vestido, desde el escote y el talle hasta los tejidos que quería incorporar al diseño. Sin embargo, reconoce que el proceso fue tan ilusionante como agobiante, sobre todo porque llegó en un momento especialmente intenso de su vida.
"Coincidió con que estaba montando mi propio negocio y más centrada en ello que en mi propia boda. Además, me acababa de mudar a Santander y mis padres al Puerto de Santa María, por lo que, estando cada una en una punta de España, teníamos que ir a Madrid y, al final, cada prueba era para nosotras un punto de encuentro", nos cuenta.
El resultado fue una propuesta de líneas limpias y discretas, con un aire sobrio y muy elegante. La silueta partía de una cintura baja que daba paso a una falda fluida de corte en A, mientras que el cuerpo, liso y entallado, se definía por un escote barco que recorría las clavículas de hombro a hombro.
Sobre ellos, unos detalles joya unían una pieza de tejido vaporoso que se prolongaba hacia la espalda, creando una caída ligera y llena de movimiento. Un detalle que aportaba un aire romántico al vestido y completaba un diseño marcado por la sencillez y la delicadeza de sus líneas.
No llevó un segundo look, sino que prefirió seguir el consejo de Cristina de Navascués e incorporar una llamativa flor XXL, confeccionada en la misma organza de la falda, con la que conseguía dar una nueva lectura al estilismo nupcial. "Me encantó el resultado. A día de hoy la utilizo para otros eventos", nos confiesa. Ya durante la cena y la fiesta, también prescindió de la cola y de las caídas de lamé que llevaba sobre los hombros, haciendo que el vestido adquiriera una imagen mucho más ligera y desenfadada.
El momento del maquillaje y peinado: un momento especial con su madre
Para dar forma a su propuesta de belleza, confió en Julia Hidalgo Barón, a quien curiosamente descubrió a través de Instagram. "Sus fotos me daban mucha tranquilidad", recuerda. Una sensación que terminó de confirmar durante los preparativos: "Es una profesional excelente y me permitió sentirme cómoda", asegura. Julia se encargó tanto de su maquillaje y peinado como de los de su madre, y el resultado no pudo ser mejor: ambas llegaron a las siete de la mañana con sus looks prácticamente intactos.
El tocado, además, terminó convirtiéndose en uno de los detalles más emotivos de su estilismo. "Mi madre estaba obsesionada con que llevara uno, porque tanto ella como mi abuela materna lo habían llevado en sus bodas, pero yo insistía en que no me veía con ninguno", nos cuenta. Finalmente, Julia tuvo la idea de utilizar unas hortensias blancas que Alfonso le había enviado esa misma mañana y combinarlas con otras flores preservadas en tonos dorados que tenían en casa. Una solución improvisada que terminó conquistando por completo a la novia.
Del velo a los zapatos, elementos con encanto
Entre todas las cosas que tenía claras desde un principio, nuestra protagonista sabía que quería ir velada. Así, llevó un velo de organza rústica que aportaba cuerpo y estructura mientras mantenía una textura viva. Además, dialogaba con la cola de azar, realizada en otro tipo de organza, y juntas creaban un atractivo juego de superficies y transparencias que aportaba profundidad al vestido.
En los pies, llevó unos zapatos hechos a medida de Flor de Asoka. "Los recomiendo infinitamente, aguanté con ellos durante toda la noche", nos confiesa, coincidiendo así con muchas otras novias españolas que, como ella, no dudan en confiar en la firma madrileña. También sumó un abanico de madera decorado con delicados motivos florales en tonos suaves, un accesorio práctico que reforzaba la estética natural y romántica del estilismo.
Para las joyas, por su parte, escogió unos pendientes que le habían regalado sus amigas de MdePaulet. Se trataba de un diseño largo realizado en plata y adornado con cristales, en sintonía con el resto de piezas elegidas para la ocasión. Sumó también el anillo de pedida que le regaló Alfonso y, sobre el escote, dos broches con un significado muy especial, realizados a partir de la pulsera de pedida de su abuela materna. Una forma de rendir homenaje a su historia familiar y llevar consigo un recuerdo tan especial en uno de los días más importantes de su vida.
Un ramo sencillo y natural, tal y como lo había imaginado
Alejándose de las tendencias que están predominando esta temporada, Almudena se decantó por un ramo en tonos verdes firmado por Flor Enea. "Fue un regalo de mis tíos, María y Pablo, y fue tal cual como lo quería", asegura. Se trataba de una propuesta sencilla pero con mucha presencia, pensada para acompañar el vestido sin competir con él y mantener esa estética serena y orgánica presente en el resto del look.
Una historia que comenzó en El Puerto de Santa María
Se conocieron en El Puerto de Santa María con una historia casi de película. Ella necesitaba volver a Madrid y no tenía cómo hacerlo; él salía ese mismo día y tenía un hueco libre en el coche. Así comenzó un viaje de siete horas que, casi como si estuviera escrito por el destino, terminó cruzando sus caminos. "Nos reímos diciendo que fue en BlaBlaCar", bromea la novia. Desde entonces han compartido cuatro años en los que Alfonso se convirtió en uno de sus mayores apoyos, especialmente mientras Almudena preparaba las oposiciones a notarías.
No fue un noviazgo fácil, sobre todo porque aquellos años estuvieron marcados por las renuncias, el sacrificio y la falta de tiempo libre. "Fue como estar en la mili", bromea el novio. Sin embargo, todo aquello también les enseñó a disfrutar mucho más del presente. El compromiso llegó poco después de que Almudena aprobara la oposición, cerrando así uno de los periodos más exigentes de su vida. Superar aquel reto y comenzar una nueva etapa junto a Alfonso le dejó, según recuerda, una profunda sensación de liberación y una felicidad difícil de explicar.
Una boda en Jerez, el lugar en donde también se casaron sus abuelas
Siguiendo la tradición familiar, y teniendo muy presente que sus abuelas también se habían casado en Jerez, decidieron celebrar allí su enlace, concretamente en la iglesia de San Marcos. La ceremonia terminó convirtiéndose, sin duda, en uno de los grandes recuerdos de la jornada y en el favorito de ambos. "Estábamos prácticamente encima del altar; nunca habíamos vivido una ceremonia tan de cerca y sentirnos tan partícipes, precisamente en el día en el que te estás comprometiendo para toda la vida, fue algo único", nos cuenta la novia.
Después de la misa, se trasladaron a la Hacienda La Peñula, también en Jerez. Una finca llena de encanto cuya elección corrió por cuenta de Alfonso y que, según reconoce Almudena, no pudo ser más acertada, especialmente porque apenas necesitó decoración: el propio espacio tenía suficiente personalidad por sí solo.
De la organización se ocupó principalmente la novia, ya que coincidió con unos meses en los que no estaba trabajando y tenía tiempo de sobra. "El mundo nupcial me chifla, por lo que no conté con la ayuda de ninguna wedding planner, ¡más allá de mi madre y de Fabiola, la responsable de la hacienda!", nos cuenta.
Al ser una boda de noche, optaron por iluminar los distintos rincones con muchas velas y aprovechar la belleza natural del lugar. "Mi parte favorita fue el comedor que se montó debajo de una parra con más de mil velas colgantes que iluminaron el techo", nos asegura. Flor Enea, responsable también del ramo, se encargó de vestir las mesas y dar forma al seating plan.
De la cena se encargó Alfardos, una elección que terminó siendo todo un acierto. "Sin duda, fueron los más alabados de la boda", nos cuenta la novia. Su propuesta gastronómica fue uno de los grandes éxitos de la noche, y Rosario y Luiz, los dueños del catering, se ganaron también un diez por su cercanía, profesionalidad y atención a cada detalle.
El DJ fue Nacho, de Icon Experience, encargado de poner música a una fiesta que terminó alargándose mucho más de lo previsto. "Nos lo pasamos tan bien que Alfonso tuvo que ir a hablar con los autobuseros para decirles que los autobuses no iban a salir a la hora prevista y que esperaran a que terminara la fiesta", nos cuenta.
























