El balonmano español está de luto. Silvia Ederra Urra ha fallecido este martes 8 de septiembre a los 43 años, después de una larga enfermedad. La noticia ha causado una profunda conmoción en el mundo del deporte, especialmente en Navarra, donde la exjugadora era una de las grandes referentes del balonmano femenino. Formada en el Itxako y protagonista de una brillante etapa en el Bera Bera, Ederra deja tras de sí una trayectoria marcada por los éxitos, pero también por una extraordinaria capacidad para sobreponerse a las dificultades.
Silvia Ederra, una vida dedicada al balonmano desde los ocho años
Nacida en Estella-Lizarra, Silvia Ederra comenzó a jugar al balonmano cuando apenas tenía ocho años. Siguió los pasos de su hermana y, lo que comenzó como una afición durante su infancia, terminó convirtiéndose en una carrera profesional que se prolongó durante cerca de tres décadas. El Itxako fue fundamental en sus primeros pasos. Allí se formó, creció como jugadora y permaneció durante 14 temporadas antes de emprender una trayectoria por diferentes clubes de la máxima categoría. Mar Alicante, Castro Urdiales, Sporting La Rioja y Bera Bera fueron algunos de los equipos que contaron con la pivote navarra.
Una carrera de éxitos y 13 títulos
Fue en el Bera Bera donde Silvia Ederra vivió una de las etapas más brillantes de su carrera. Entre 2012 y 2018, la jugadora formó parte de un equipo que se convirtió en uno de los grandes dominadores del balonmano femenino español. Con el conjunto donostiarra conquistó cinco Ligas, tres Copas de la Reina y cinco Supercopas de España, además de disputar competiciones europeas y la Champions League. En total, llegó a sumar 13 títulos de clubes durante su trayectoria.
Su calidad también le abrió las puertas de la selección española absoluta. Antes había sido internacional en categorías inferiores y logró, entre otros reconocimientos, una medalla de bronce en el Europeo júnior disputado en Finlandia. En 2016, su ciudad natal reconoció su trayectoria con el premio Estrella del Deporte de Estella-Lizarra.
El accidente que puso a prueba su carrera
La historia deportiva de Silvia Ederra estuvo marcada también por momentos especialmente complicados. En 2011 sufrió un grave accidente de tráfico cuando viajaba hacia Castro Urdiales. Las consecuencias fueron importantes y llegó a quedarse prácticamente sin fuerza en las piernas debido a los problemas provocados en el nervio ciático.
Tuvo que apartarse temporalmente de las pistas y afrontar una larga recuperación. Sin embargo, consiguió regresar a la competición y continuar desarrollando una carrera de alto nivel. Las lesiones volvieron a aparecer posteriormente, pero tampoco entonces renunció a su pasión por el balonmano. Esa capacidad de levantarse una y otra vez terminó siendo una de las grandes señas de identidad de la deportista.
'La Roca de Estella' que volvió a las pistas
Su carácter y su manera de competir hicieron que fuera conocida como 'La Roca' de Estella. Como pivote y defensora, destacaba por su fortaleza física, su capacidad de trabajo y una mentalidad especialmente competitiva. En 2020 anunció su retirada después de 28 años vinculada al balonmano. Parecía entonces haber llegado el momento de cerrar definitivamente una etapa, pero el deporte todavía tenía un último capítulo reservado para ella.
En 2023, con 39 años, regresó a las pistas para ayudar al Sporting La Rioja después del ascenso del equipo a la máxima categoría. Continuó compitiendo hasta 2025 y ese mismo año recibió el premio a la mejor jugadora de División de Honor femenina de la Federación Navarra de Balonmano.
El mundo del balonmano se despide de una de sus grandes referentes
La noticia de su muerte ha provocado numerosas muestras de cariño y condolencias por parte de clubes, federaciones y personas que compartieron con ella vestuario y competición. El presidente de la Real Federación Española de Balonmano, Paco Blázquez, se declaró "absolutamente consternado" y destacó la pasión que Ederra transmitía por este deporte.
La Federación Navarra de Balonmano también ha lamentado públicamente su pérdida y la ha recordado como un referente del balonmano femenino navarro.
Su legado va mucho más allá de sus 13 títulos: queda la historia de una deportista que comenzó a jugar de niña, alcanzó la élite, vistió la camiseta de España, superó graves dificultades físicas y regresó a competir incluso cuando parecía haber llegado el momento de despedirse.







