Su padre levantó un verdadero imperio textil que ha conquistado más allá de Arteixo, donde se ubica la sede central del grupo Inditex y el germen de Zara, transformando esta ciudad gallega en el motor de la moda mundial. Marta, la pequeña de las hijas de Amancio Ortega, no necesita presentaciones; ya que ha conseguido crear su nombre propio alejado de la sombra de la descomunal trayectoria de su progenitor. A sus 42 años es la presidenta no ejecutiva del consejo de administración del grupo textil —cargo que ostenta desde hace cuatro años, aunque trabaja para la empresa desde hace 20— y, a pesar de ser uno de los rostros más destacados del mundo fashion, mantiene su vida personal completamente hermética de puertas para fuera.
Marta dirige Zara bajo su filosofía personal —así como lo aprendido durante su formación universitaria— y teniendo especialmente en cuenta las enseñanzas de su padre, quien acaba de cumplir los 90 años, transformando la marca —y, con ella, a todo el grupo— en un fenómeno universal que todo el mundo sueña, posee y mantiene vivo con el boca a boca. Estudió Empresariales en A Coruña —aunque más tarde se fue a Londres y se graduó en la European Business School, actualmente integrada en Regent's University London, en comercio y negocios internacionales— y, para ella, lo más importante es que, desde dentro, todo se sienta como cuando su padre comenzó esta aventura, como "una gran familia".
Ha transformado la empresa familiar en un "fenómeno de a pie de calle"
Unas declaraciones que ha ofrecido para el número de septiembre de la revista Vogue —el cual, para el mundo de la moda, es uno de los meses más importantes—, donde ha sido fotografiada por Annie Leibovitz —la encargada de los retratos de los reyes Felipe VI y Letizia— y ha hablado como nunca, saltándose su regla de oro. Para ella, "las cosas hermosas y bien diseñadas no deberían estar reservadas a unos pocos"; mantra que lleva por bandera a la hora de tomar las decisiones del grupo empresarial, el cual se ha convertido en todo un referente del día a día, un "fenómeno a pie de calle", en sus propias palabras.
Según subraya, "la clase social no tiene nada que ver con el estilo", y es por eso que, tratando de mantener siempre la esencia e inherente elegancia de sus prendas, Zara ha afianzado una elevada posición en el mercado, trabajando con grandes figuras de la industria —tanto de la moda como de la cultura—. Steven Meisel, Luca Guadagnino, John Galliano, Bad Bunny... son solo algunos de la interminable lista de nombres de creativos con los que la firma ha trabajado durante los últimos años que demuestran que siempre ha ido un paso por delante que el resto —y es que no hay que hacer nada más que fijarse en los números, ya que Inditex es el mayor grupo de retail del mundo—.
"No tenemos muchos cargos. Somos una empresa enorme, pero desde dentro no se siente así", le confesaba a la mencionada revista; y quizá ese es el quid de la cuestión, que su "organización" sea "muy plana", a pesar con un engranaje que deja perplejo a cualquiera que lo visite —como fue el caso de John Galliano, según recuerdan en la entrevista—. "Al final formamos una gran familia y creo que ahí radica la magia", asegura, explicando que conoce a todos los empleados del grupo textil, ya que si bien comparte lazos familiares con muchos, otra gran parte los conoce desde hace décadas.
Para Marta, lo más importante es lo que su público busca, y es por eso que "nuestro modelo está enfocado totalmente a la demanda". "La clave reside en mantener un nivel de stock ajustadísimo y reducir los excedentes al mínimo", explica, incidiendo en que "menos del 1% del producto se queda sin vender". "No realizamos grandes tiradas que no funcionan y que luego hay que almacenar en una nave", confiesa, apostillando que "aunque haya quien insista en calificarlo de fast fashion, el modelo de negocio en sí que manejamos es probablemente lo más sostenible que tenemos".
Su padre y su abuela, figuras clave en su infancia
Para Marta, la familia es de lo más importante en su vida; algo que refleja tanto en su día a día en su trabajo como cuando llega a casa y se reencuentra con sus tres hijos —Amancio, Matilda y Manuel—, sus pilares fundamentales. Cuando era pequeña, sus padres —es hija de Flora Pérez, la segunda mujer del magnate— trabajaban sin cesar en la expansión de Zara más allá de las fronteras de España y Portugal y, cuando ella tenía cinco años, la firma llegó a Nueva York (1989). Es por eso que siempre ha pasado gran parte de su tiempo junto a su abuela materna, a quien describe como "la persona que más me ha marcado en la vida".
El gran orgullo —y cariño— que siente por su abuela se nota en cada palabra que expresa a lo largo de la conversación, explicando que la mujer "crio a ocho hijos" y que "jamás le importó de donde venía nadie ni a qué se dedicaba". "Lo único que le interesaba era que las personas fueran trabajadoras y honradas", subrayaba, confesando que fue junto a ella que una parte de su pasión por la moda floreció, ya que cosían juntas los vestidos de sus muñecas.
Fue por esta etapa cuando conoció otro de sus grandes amores, la hípica, cuando una niñera británica la inició en el deporte y, a los 10 años, ya era una gran amazona. A pesar de que no dedicarse a ello de manera profesional, la equitación ha marcado, prácticamente, toda su vida, e incluso "competí en salto de obstáculos durante muchos años". Cuando nació Amancio, su primogénito, —fruto de su matrimonio con el jinete olímpico Sergio Álvarez Moya—, continuó compitiendo, aunque las ganas de llegar a casa para disfrutar junto al pequeño pudieron con sus ganas de pasar horas infinitas en los establos.
"Ahora tengo menos tiempo y más hijo", ha confesado, lamentando que cuando "nació mi hija, lo dejé", explicando que "para competir a ese nivel necesitas entrenar todos los días y yo ya no lo podía hacer". A pesar de que no continue compitiendo o montando todo lo a menudo que le gustaría, Marta continúa siendo una gran aficionada de la hípica y siempre que puede aprovecha para presenciar torneos. "Me encanta no haber perdido el contacto con ese mundo", apostilla, afirmando que "me ha aportado muchísimo durante mucho tiempo".
Quien también ha marcado su vida ha sido su padre. De él aprendió, entre otras cosas, que la constancia es agradecida y que la honradez va por delante de cualquier otra causa, incluido el mundo empresarial. "Para mí es motivo de orgullo", confiesa, sobre haber tomado el relevo de Amancio dentro del grupo empresarial, subrayando que "no pretendo ser como mi padre, porque nadie lo será jamás".
"Siento que estoy en un gran momento vital", apostilla, explicando que "hago un trabajo con el que disfruto cada día y comparto jornada con profesionales increíbles". "Poder dedicarme a esto en una ciudad que me permite estar cerca de los míos es un privilegio enorme", asegura, incidiendo en que "no solo de mis hijos, sino de toda mi familia, que me ayuda una barbaridad".
Su lado más personal, alejado de los focos
En Inditex, Marta comparte oficina con su marido, Carlos Torretta Echevarría, quien ejerce de responsable de comunicación de Zara; y quien es la persona que mejor la conoce. Se conocieron a principios de 2016 gracias a un amigo en común, en Nueva York —ya que, por ese entonces, él trabajaba en una delegación de Elite, una agencia de modelos, en la ciudad— y cuatro meses después, en abril, comenzaron su relación.
A finales de ese mismo año Carlos volvía a España y en 2018 se dieron el 'sí, quiero' en A Coruña. Comparten dos hijos juntos, Matilda —nacida en marzo de 2020— y Manuel —a quien dieron la bienvenida en diciembre de 2023—; y su día a día está repleto de complicidad. Para Marta, su marido es "una enciclopedia con patas"; y Carlos subraya que son "el yin y el yang", de ahí que su vínculo sea tan fuerte.
"Yo hablo muchísimo, ella habla menos. Ella es hiperorganizada y yo soy más caótico", confiesa, subrayando que "sé que la debo sacar de quicio un millón de veces al día, pero al final creo que hacemos muy buen equipo. A mí me viene francamente bien tener a alguien como ella a mi lado que me guíe por el buen camino".









