Lourdes Montes supo desde el principio que quería casarse en Ronda. No en cualquier sitio: en El Recreo de San Cayetano, la finca familiar de los Rivera-Ordóñez, donde en 2013 celebró su boda civil con Fran Rivera y donde, más de una década después, sigue pasando parte del verano con su familia. Ella es sevillana, pero su vínculo con Ronda es ya otra historia.
Hace solo unas semanas, volvió a la ciudad del Tajo con motivo de la Corrida Goyesca, que cumplía su 75.º aniversario y regresaba después de dos años de ausencia. La diseñadora estuvo acompañada por su marido y sus hijos, Carmen, Curro y Nicolás, y compartió algunos momentos con amigos. Allí coincidió también con Tana y Roca Rey, que no quisieron perderse esta cita taurina tan ligada a la historia de los Rivera y los Ordóñez.
Para conocer la Ronda más personal de Lourdes, habría que empezar por El Recreo de San Cayetano, pero la finca —a unos cinco kilómetros del centro de la ciudad—, llena de fotografías y recuerdos de varias generaciones de su familia política —incluidos los de Antonio Ordóñez y su relación con personajes como Ernest Hemingway y Orson Welles—, no está abierta a las visitas. Lo que sí desveló la sevillana en una entrevista a ¡Hola! es que para ella “fue un lugar especial desde el primer día. Está exactamente igual que hace 30 años y tiene ese sabor tradicional que ya es difícil encontrar. Fui yo quien quiso casarse aquí, no Fran. Es una casa muy vivida, con mucha gente. Para mí tiene las dimensiones perfectas: es grande como para organizar cosas con muchos amigos, pero no deja de ser muy acogedora. Y ahora, además, se suma que los niños están felices cada vez que venimos aquí". Y añadía: “Toda la casa tiene una energía especial y muy buenas vibraciones. Mi sitio favorito, sin duda, es la cocina; el mejor sitio para una tertulia larga, sin prisas".
Lo que sí se puede recorrer es la Ronda que la rodea y los lugares que explican por qué esta ciudad malagueña lleva tantos años ligada a la familia de su marido, empezando por la Real Maestranza de Caballería, una de las plazas de toros más antiguas y monumentales de España. Se puede visitar cuando no hay corrida y acercarse a su ruedo, recorrer los tendidos y conocer el museo taurino, donde se cuenta la relación de Ronda con la tauromaquia.
UN PUENTE QUE UNE DOS CIUDADES
Desde la plaza, el paseo lleva enseguida hacia otro de los lugares que explican Ronda, aunque aquí la historia sea otra: el Puente Nuevo. Construido en el siglo XVIII con tres ojos, salva el profundo Tajo que parte la ciudad en dos. Sus 92 metros de altura hacen que asomarse al puente sea también asomarse a la propia geografía de la ciudad: abajo queda el Guadalevín y, alrededor, las paredes de roca que forman este espectacular corte en la montaña. Para conocer en detalle la historia de la imponente construcción, ningún sitio mejor que el centro de interpretación situado en el mismo puente, que llegó a ser considerada la mayor obra civil en España.
Cruzarlo es solo el principio. Desde el mirador de la Aldehuela, junto al antiguo convento de Santo Domingo, se obtiene otra perspectiva del puente. Después, sin prisa, se llega a la Alameda del Tajo, un paseo arbolado que se abre al borde del desfiladero. Diferentes son las vistas desde el jardín de la modernista Casa de Don Bosco, y otra muy distinta la que propone la Casa del Rey Moro: aquí toca bajar, literalmente, hacia el Tajo. Una escalera en zigzag de 194 escalones excavada en la roca desciende hasta las orillas del Guadalevín por la llamada Mina de Agua, un conjunto de galerías del siglo XIV.
DE PALACIO EN PALACIO
De vuelta arriba, toca callejear por el casco histórico, con la calle Armiñán y la plaza Duquesa de Parcent como referencias. El paseo pasa junto al Palacio de Salvatierra, reconocible por su fachada decorada con figuras y elementos de inspiración bíblica y precolombina, y continúa hasta el Palacio de Mondragón, convertido en museo de la ciudad, con patios mudéjares, jardines y una colección arqueológica. Cerca queda también la Casa del Gigante, una antigua casa nazarí que conserva la huella de aquella Ronda musulmana.
Desde aquí, el paseo vuelve a bajar. Cerca de las antiguas murallas se encuentran los Baños Árabes, uno de los conjuntos termales de época musulmana mejor conservados de la península. Llegar hasta ellos supone dejar atrás las grandes vistas del Tajo para adentrarse en otra Ronda, más recogida y ligada a su pasado. Una muestra más de que la ciudad va cambiando de escala a cada paso.
DÓNDE COMER
Ronda se ha convertido en uno de los referentes de la gastronomía andaluza y uno de sus grandes nombres es Bardal (restaurantebardal.com), el restaurante de Benito Gómez con dos estrellas Michelin. También está al frente de Tragatá (tragata.com), en la calle Nueva, una propuesta más informal de cocina andaluza y tapas. En Kütral (restaurantekutral.com), las carnes rojas a la brasa son las protagonistas. Y Almocábar, en el paseo Ruedo de la Alameda, es un clásico de la cocina tradicional rondeña.
DÓNDE DORMIR
No son El Recreo de San Cayetano, pero sí dos buenas direcciones para dormir en Ronda. El Parador de Ronda (parador.es) tiene habitaciones que se asoman al Puente Nuevo y al Tajo, además de una piscina junto al paseo que bordea el desfiladero. En el centro histórico, el Soho Boutique Palacio de San Gabriel (sohohoteles.com) ocupa un palacio del siglo XVIII, con salones decorados con antigüedades y algunas habitaciones abiertas a las vistas del Tajo y la serranía.












