La hija de Raphael y Natalia Figueroa, Alejandra Martos, sabe muy bien que con constancia, espíritu de superación y pasión en lo que haces se puede conseguir casi todo. Así se lo enseñaron sus padres y así se lo ha transmitido ella a sus hijos. Por eso ahora, la restauradora del museo Thyssen está asistiendo con orgullo a los éxitos que su hija mayor, Manuela de Arenzana, está consiguiendo sobre la pista de atletismo en su regreso al Club Atletismo Majadahonda, entidad en la que milita, situado a las afueras de Madrid.
Alejandra Martos no ha podido ocultar la profunda admiración y el orgullo que siente hacia su hija mayor, de 22 años, y a través de sus redes sociales, ha compartido la feliz noticia de su regreso a las pistas de atletismo, un momento cargado de emoción que demuestra que el talento y la determinación se heredan, aunque en este caso se utilicen en una disciplina muy diferente a los escenarios musicales.
Alejandra ha querido rendir homenaje al incansable esfuerzo de la joven compartiendo un carrusel de fotografías del campeonato. El texto que acompaña a las imágenes no deja lugar a dudas sobre el gran ejemplo que Manuela representa para los suyos: "Disciplina, perseverancia, entrega, esfuerzo y mucho trabajo… y aquí estás de nuevo!!! Enhorabuena Manu! Te quiero mucho!", escribía la orgullosa madre, visiblemente emocionada por ver a su hija competir de nuevo al máximo nivel.
Un regreso con fuerza en la pista de atletismo
Las instantáneas compartidas muestran la faceta más competitiva y pura de Manuela dentro del Club Atletismo Majadahonda, entidad en la que milita. En una de las fotografías se plasma el instante exacto de máxima tensión y adrenalina: la salida de una carrera de velocidad. Con el dorsal 237 a la espalda, el cuerpo flexionado y la mirada fija en la meta, se aprecia la técnica y la potencia física de la joven atleta en el momento de la salida, concentrada en dar lo mejor de sí misma tras meses de intensa preparación.
El legado de una gran dinastía
Manuela, que siempre ha destacado por mantener un perfil discreto alejado de los focos mediáticos para centrarse en sus estudios de Psicología y sus pasiones artísticas, demuestra con este logro que posee el mismo ADN competitivo y perfeccionista que ha encumbrado a su abuelo, Raphael. Si el cantante nacido en Linares, hace 83 años, lleva más de seis décadas conquistando los escenarios de todo el mundo a base de una entrega absoluta, su nieta mayor traslada esa misma filosofía de vida en todo lo que hace.
La reacción de su tío y padrino, Manuel Martos
Este regreso deportivo supone un motivo de inmensa alegría para toda la familia, que siempre se ha mantenido muy unida y ha celebrado los éxitos de cada uno de sus miembros. Así lo acaba de demostar su tío y padrino, Manuel Martos, quien ha reaccionado a la publicación con un escueto mensaje cargado de orgullo: "¡Olé, mi ahijada!" junto a símbolos de palmas y corazones. No cabe duda de que, con este ejemplo de perseverancia y disciplina, Manuela de Arenzana continúa labrándose su propio camino con paso firme y el aplauso unánime de quienes más la quieren.
Así es Manuela de Arenzana
Hija de Alejandra Martos y Álvaro de Arenzana, la joven, de 22 años, estudia Psicología, tiene aspiraciones como criminóloga y ha hecho trabajos como modelo, siendo uno de los grandes apoyos de su abuelo, la estrella internacional. Desde el año 2016 hasta 2021, la nieta mayor de Raphael vivió en México, debido al trabajo de su padre, que se dedica al marketing y la gestión empresarial. Tras su regreso a Madrid, inició sus estudios en Psicología. En alguna ocasión ha confesado su inclinación por dedicarse al mundo de la criminóloga.
Así la definía su madre en una entrevista para las páginas de ¡HOLA!: "Mi hija fue un poco más guerrera en su época de adolescencia temprana. No rebelde, pero sí guerrera. Fue una fase. Es una chica disciplinada en la universidad. Es muy ordenada en algunas cosas, y más caótica en otras. Es muy distinta a mí”. Aunque siempre ha sido muy discreta, en los últimos años hemos visto a Manuela en distintos photocalls, en alguno de ellos posando con su abuelo, por el que siente devoción.











