Sara Carbonero ha acudido a sus redes sociales este lunes para dar las gracias por la bonita jornada de este domingo, donde recibió la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha un mes después de despedir a su madre. Arropada por sus familiares, amigos y su pareja, Jota Cabrera, la periodista se ha sincerado y ha abierto su corazón. "Ayer fue uno de esos días marcados en al calendario que no se olvidan. Recibir la medalla de oro de Castilla La Mancha en el día de la región es mucho más de lo que podría haber soñado", ha comenzado diciendo la periodista en sus redes sociales. "Gracias presidente Emiliano García-Page y a la junta del gobierno por esta distinción que guardaré siempre como oro en paño. Gracias a mi familia por, como dije en el discurso, por darme raíces y alas. Alas que arraigan y raíces que vuelan, un sitio donde volver siempre y unos valores que no se aprenden en la escuela", ha añadido, haciendo alusión a esas palabras que emitió este domingo y que hicieron que le brotasen las lágrimas, siempre con su madre Goyi en el recuerdo.
"Gracias a mis amigos, que no me sueltan nunca. A mis amigas corraleñas desde los tres años, las de siempre, las de toda una vida. Quería felicitar al resto de los premiados, llenos de talento. Fue muy bonito compartir la mañana con todos ellos y se respiraba algo muy bonito. A Fernando Morientes, compañero de retransmisiones hace muchos años. Me emocionó su discurso. Y agradecer las infinitas muestras de cariño y palabras bonitas en estas últimas horas", ha expresado en la 'casi' misiva que ha querido compartir con sus seguidores.
"Estoy feliz. Feliz de ser manchega, esa tierra que como decía Miguel de Cervantes es austera, seca, abierta y llena de personas acostumbradas a resistir. Una región en la que destaca la dignidad de la gente corriente en una tierra dura. No es una poesía de montañas grandiosas o mares espectaculares; es la poesía de los horizontes infinitos, del viñedo, de las encinas, de las ventas, del polvo de los caminos y de la tenacidad de quienes viven allí.Gracias de corazón y ¡Viva Castilla La Mancha!", ha concluido, dejando entrever su orgullo por la región, sus gentes y sus costumbres.
El reconocimiento a Sara y a Fernando Morientes fue anunciado el pasado mes de abril por el presidente autonómico, García-Page, quien destacó la trayectoria profesional de los dos y su vínculo con la comunidad. Carbonero, nacida en Corral de Almaguer (Toledo), ha sido distinguida por su labor en el periodismo deportivo y por proyectar la imagen de Castilla-La Mancha en el ámbito nacional e internacional, además de su compromiso social como embajadora de UNICEF España.
El día tuvo un sabor agridulce para la periodista, porque este reconocimiento llega un mes y medio después del fallecimiento de su madre, Goyi, ocurrido el 13 de abril, apenas unos días después de conocerse públicamente la noticia del galardón que iba a recibir en su tierra natal. Su inesperada muerte supuso un duro golpe para Sara Carbonero, que siempre había estado muy unida a su progenitora.
Su esperada reaparición
Sara Carbonero reapareció hace unos días en un evento público tras la muerte de su madre. Desde entonces, la periodista había ido compartiendo alguna que otra imagen en sus redes sociales, un par de reflexiones y las portadas de los libros que la estaban acompañando en esta etapa tan complicada para ella. Cabe recordar que, además de esta dolorosa pérdida, Sara comenzó el año con un pequeño susto, pues tuvo que ser ingresada y operada de urgencia mientras pasaba las vacaciones de Año Nuevo en Lanzarote, donde sufrió un dolor abdominal que la llevó al hospital.
"Nunca voy a estar bien, nunca voy a... mi vida no va a ser nunca igual, pero por lo menos que no duela tanto, porque ahora todavía es muy reciente", decía a la prensa en un evento de publicidad al que acudió junto a su amiga del alma, Isabel Jiménez. Hace unas semanas, además, la periodista mostró en sus redes sociales su primera escapada junto a Jota Cabrera. Ambos pasearon por A Coruña, incluida la Torre de Hércules, el famoso faro con vistas al océano que, sin duda, se convirtió en un enclave de desconexión para ella.










