La historia de diamantes, Hollywood y aristocracia contada por Francesca Cartier, descendiente de la histórica dinastía joyera


Su tatarabuelo, Louis-François Cartier, fundó la firma. "Hay elementos sorprendentes, desde matrimonios forzados (sin los cuales no creo que hubieras oído hablar de Cartier), hasta robos silenciados y romances secretos"


Francesca Cartier Brickell© Jonathan James Wilson
7 de abril de 2026 a las 16:20 CEST

Francesca Cartier Brickell, bisnieta de Louis Cartier y descendiente de una de las dinastías de joyeros más icónicas del mundo, nos invita a adentrarnos en la fascinante saga familiar en su último libro, Los Cartier: La historia no contada tras el imperio de las joyas. La obra narra cuatro generaciones que revolucionaron la alta joyería, desde la Francia revolucionaria hasta los años setenta, y pone en el corazón de la historia a los tres hermanos —Louis, Pierre y Jacques— cuyo lema, "Nunca copies, solo crea", impulsó la expansión internacional de la firma.

Escrita con rigor y un conocimiento íntimo de la familia, combina investigación histórica con lujo, glamour, romances, intrigas y traiciones nunca antes contadas. Además, ofrece un acceso privilegiado al detrás de escena de joyas legendarias como el diamante Hope y a las grandes figuras que las lucieron, desde maharajás y duquesas hasta iconos como Wallis Simpson, Coco Chanel, Elizabeth Taylor o Marilyn Monroe. Los Cartier es una historia de ambición, creatividad y poder que transformó para siempre el universo del lujo, narrada desde la mirada única de quien ha vivido desde dentro el legado de la familia que cambió la historia de la joyería para siempre.

Revisando viejas fotos familiares, incluyendo una de los tres hermanos Cartier y su padre, quienes juntos llevaron el apellido de su familia más allá de París, al mundo entero a principios del siglo XX.© Jonathan James Wilson
Revisando viejas fotos familiares, incluyendo una de los tres hermanos Cartier y su padre, quienes juntos llevaron el apellido de su familia más allá de París, al mundo entero a principios del siglo XX.

La historia de este libro comienza casi como una escena de una novela: bajar al sótano a buscar una botella de champán para el cumpleaños de su abuelo y descubrir un baúl lleno de cartas familiares. ¿Qué se sintió al abrir ese archivo, que había permanecido cerrado durante más de un siglo?

Abrir ese baúl fue como abrir una puerta a otro siglo y, cuando empecé a leer las cartas, las personas que aparecían en ellas dejaron de ser nombres lejanos y se convirtieron en seres humanos vívidos, con sus defectos y absolutamente fascinantes, que hablaban con sus propias voces a través del tiempo. Había cartas llenas de ansiedad entre hermanos durante la Primera Guerra Mundial, que temían que su negocio no sobreviviera; cartas de amor entre maridos y esposas; cartas de niños en un internado que echaban de menos a sus padres y respuestas tranquilizadoras de sus padres, que los adoraban. Después de leer todas esas cartas, sentí que realmente conocía a mis antepasados.

Eres descendiente directa de la familia que fundó Cartier y tu tatarabuelo, Louis-François Cartier, estableció la firma en 1847. ¿Cómo influyó en tu interés por investigar esta historia el hecho de crecer con ese legado familiar?

Crecí con una conciencia silenciosa del legado familiar, pero nunca se me presentó como algo grandioso o intimidante. Más bien llegó a través de historias, fotografías y la profunda sensación de que la creatividad, el trabajo duro y la curiosidad habían sido importantes en mi familia mucho antes de que Cartier se convirtiera en un nombre conocido en todo el mundo.

The Founder, Louis-Francois © Cartier Family Archives
El fundador, Louis-François. Tras haber mantenido su negocio a flote durante la revolución y la guerra, el fundador de Cartier, Louis-François Cartier, dedicó su jubilación a estudiar desde el griego antiguo hasta la inversión en bolsa.

Su abuelo, Jean-Jacques Cartier, fue el último miembro de la familia en dirigir y ser propietario de una sucursal de la firma. ¿Qué recuerdos o historias le contó?

Mi abuelo era maravillosamente modesto y nunca se andaba con grandilocuencias sobre su pasado, lo que de alguna manera hacía que sus historias resultaran aún más fascinantes. Lo que más recuerdo es su amabilidad, su humor, los pequeños bocetos que nos dibujaba cuando éramos niños y la forma en que hacía que el mundo de Cartier pareciera humano en lugar de mítico. Como la historia que contó sobre cuando fue al Palacio de Buckingham y se quedó dormido mientras esperaba fuera de la sala para conocer a la familia real, y tuvo que ser despertado, muy suavemente, por la Reina Madre. ¡Se sintió mortificado!

Estudiaste Literatura Inglesa en la Universidad de Oxford y más tarde trabajaste en el sector financiero. ¿Cómo influyeron tu formación y tu experiencia profesional en la forma en que investigaste y escribiste este libro?

Estudiar Literatura Inglesa en Oxford fue maravilloso, pero, en cierto modo, me disuadió de la idea de escribir yo misma, ya que pensaba: "¿Cómo voy a poder competir con estos maravillosos autores que he tenido la suerte de estudiar?". Sin embargo, creo que escribir dos ensayos a la semana durante tres años mejoró mi capacidad para investigar y luego condensar grandes cantidades de información en una forma concisa y legible. Por otro lado, trabajar en finanzas me enseñó habilidades completamente diferentes: aprendí cómo se gestionan las empresas, lo cual fue realmente importante cuando abordé la historia de Cartier, ya que, además de ser una historia muy humana, también trata sobre una pequeña startup que, de alguna manera, contra todo pronóstico —revoluciones, guerras mundiales y la Gran Depresión—, se convirtió en una firma de renombre mundial.

Jean-Jacques Cartier (el abuelo del autor) en la década de 1950.© Cartier Family Archives
Jean-Jacques Cartier (el abuelo del autor) en la década de 1950.

Dejaste tu carrera para dedicarte a investigar esta historia familiar durante casi diez años. ¿En qué momento te diste cuenta de que esta investigación acabaría convirtiéndose en un libro?

El punto de inflexión llegó cuando me di cuenta de que simplemente no podía volver a cerrar el baúl y marcharme. Una vez que leí esas cartas junto a mi abuelo y vi cuánta vida, drama e historia contenían, quedó claro que esto no era solo una investigación o una curiosidad familiar: era una historia que había permanecido oculta durante demasiado tiempo y merecía ser contada. Y me di cuenta de que, si yo no la contaba, nadie lo haría.

¿Qué fue lo que más te sorprendió al reconstruir esta saga familiar?

Hubo tantos elementos sorprendentes —desde matrimonios forzados (sin los cuales no creo que hubieras oído hablar de Cartier), hasta robos silenciados y romances secretos—. Pero lo que más me impactó fue el estrecho vínculo y los sólidos valores de la familia; creo que ese fue el ingrediente secreto de su éxito. 

Gran parte de ese éxito se debe a tres hermanos: Louis Cartier, Pierre Cartier y Jacques Cartier. ¿Cómo describirías la personalidad de cada uno de ellos y cómo se complementaban entre sí?

Los tres hermanos se complementaban extraordinariamente bien; era casi como un cuento de hadas: tres hermanos con tres superpoderes. Louis era el visionario y el esteta: se le ocurrían ideas que se generalizaron, como el uso del platino en joyería o los relojes de pulsera. Pierre era el maestro estratega y hombre de negocios que puso a Cartier Nueva York en el mapa al vender un diamante maldito a una heredera y cambiar un collar de perlas por el edificio de la Quinta Avenida que sigue siendo la sede estadounidense de la firma hoy en día. Jacques, el más joven y mi bisabuelo, era un gran viajero, artista y conocedor de gemas, que contaba con la realeza europea y los maharajás entre sus clientes y amigos. Juntos combinaron imaginación, instinto comercial y alcance internacional de una manera bastante notable y muy poco común.

"Cada una de estas mujeres tenía una relación completamente diferente con Cartier y esa variedad forma parte de la historia. Por ejemplo, la conexión de Wallis Simpson era muy personal. El duque de Windsor encargó piezas que eran casi como cartas de amor en forma de piedras preciosas"

El lema de la familia era "Nunca copiar, solo crear". ¿En qué medida este principio moldeó la identidad creativa de la casa?

"Nunca copiar, solo crear" fue absolutamente fundamental para la identidad de Cartier. Significaba que la inspiración podía provenir de la arquitectura, los tejidos, los viajes, el teatro, la guerra, la mitología o la naturaleza, pero nunca de limitarse a repetir lo que otro joyero ya había hecho. Era una disciplina tanto como una filosofía.

Su bisabuelo viajó por toda la India en busca de piedras preciosas y se reunió con maharajás. ¿Qué papel desempeñaron esos viajes en la creación del famoso estilo de joyería Tutti Frutti?

Los viajes a la India fueron transformadores porque expusieron a Cartier a un lenguaje visual completamente diferente: colores vivos, formas mogolas, piedras preciosas talladas, una escala principesca. Esos encuentros no dieron lugar a imitaciones, sino que desencadenaron un diálogo creativo que ayudó a dar origen a lo que hoy se conoce como el estilo Tutti Frutti (aunque Jacques lo llamaba el estilo indio). Fue un auténtico encuentro de mundos.

Los duques de Windsor en Madrid, junio de 1940. La duquesa luce su nuevo broche de flamenco de Cartier.© Getty Images
Los duques de Windsor en Madrid, junio de 1940. La duquesa luce su nuevo broche de flamenco de Cartier.

Durante su investigación, viajó a los lugares que visitó Jacques, desde palacios en la India hasta mercados en Oriente Medio. 

Uno de los momentos más emotivos de toda mi investigación fue mostrarle a una maharani uno de los antiguos bocetos de mi bisabuelo y ver cómo lo reconocía de inmediato, antes de sacar la joya real que coincidía exactamente con él. Fue un momento increíble: allí estábamos, en el mismo palacio increíble donde Jacques se había reunido con el maharajá un siglo antes, hablando de las mismas cosas; ese vínculo a través de las generaciones y el tiempo es muy especial. Y fue un recordatorio de que las joyas son más que simples objetos bellos. Llevan consigo la memoria, la identidad y la historia familiar de la forma más íntima que se pueda imaginar.

Una de las historias más fascinantes del libro es la del famoso Diamante Hope, considerado por muchos como una joya maldita.

El diamante Hope llegó a manos de Cartier gracias a Pierre Cartier en 1910, en lo que se convirtió en una de las operaciones de venta más ingeniosas y memorables de la historia de la joyería. La piedra, un intenso diamante azul de 45 quilates con origen en la India del siglo XVII, ya arrastraba una leyenda de maldición: se decía que llevaba a la ruina a todos sus propietarios. Lejos de amedrentarse, Pierre supo ver en esa oscura mitología la clave de su atractivo: la maldición no era un peligro, sino el misterio que haría la gema irresistible para un comprador muy concreto.

Ese comprador era Evalyn Walsh McLean, una heredera estadounidense conocida por su riqueza y su pasión por las joyas excepcionales. Pierre no se limitó a mostrarle el diamante; ideó un plan casi teatral. Modificó el engaste varias veces, primero con un diseño que no convenció a Evalyn y luego con un collar con colgante que le gustó más, pero aún no lo suficiente para justificar el alto precio. Finalmente, ejecutó su jugada maestra: permitió que Evalyn se llevara el diamante a casa por una noche. Conocía perfectamente a su clienta y sabía que, al convivir con la joya, al reflejar su luz en su espejo y sentir su peso en su mano, acabaría considerándolo suyo. Y así fue. Evalyn se convirtió en la dueña y exhibidora del Hope de manera exuberante. Lo lucía con frecuencia, a veces poniéndoselo a su gran danés o escondiéndolo en el jardín para jugar con sus invitados a “Encuentra el Hope”. Nunca creyó en la maldición, aunque los años posteriores trajeron tragedias personales: su hijo murió en un accidente de coche, su hija falleció por una sobredosis y su marido Ned, tras infidelidades y alcoholismo, murió en una institución psiquiátrica. La leyenda del diamante, por tanto, parecía confirmar su oscuro mito. Tras su muerte, el diamante Hope fue adquirido por Harry Winston, quien lo donó al Instituto Smithsonian en 1958. Desde entonces, la joya permanece protegida tras un cristal, admirada por millones de visitantes, consolidando su fama y asegurando que, finalmente, haya encontrado el lugar más seguro para una gema con tan turbulenta historia.

"Diamante Hope de Maclean"
Evalyn Walsh McLean luciendo el tristemente célebre
Diamante Hope que compró a Cartier en 1912© Getty Images
"Diamante Hope de Maclean" Evalyn Walsh McLean luciendo el tristemente célebre Diamante Hope que compró a Cartier en 1912

El libro también habla de las esmeraldas de la familia Romanov. ¿Cómo acabaron algunas de estas joyas imperiales rusas en las vitrinas de Cartier tras la revolución?

La historia de los Romanov es, en realidad, una historia sobre relaciones y sobre lo que significa haber construido una confianza genuina con los clientes mucho antes de que te necesitaran. Antes de la Revolución, los hermanos Cartier se habían propuesto viajar a Rusia en repetidas ocasiones. No era un mercado cualquiera para ellos: se esforzaron por ir, por aprender, por conocer personalmente a sus clientes rusos y por ser conocidos no solo como joyeros.  La corte imperial y las grandes familias aristocráticas llegaron a considerarlos amigos de confianza tanto como proveedores. Cuando llegó la Revolución y esas mismas familias huyeron —a menudo con las joyas que podían ocultar sobre sí o coser en los forros de sus abrigos—, fue a Cartier a quien algunas de ellas acudieron. Necesitaban vender, discretamente y con urgencia, y necesitaban vender a alguien en quien confiaran que no se aprovecharía de su desesperación. La relación que se había forjado a lo largo de años de pacientes visitas a San Petersburgo cobró ahora una enorme importancia. Cartier podía comprar esas joyas con discreción y las familias exiliadas podían desprenderse de ellas con cierta dignidad. Pero lo que Cartier hizo a continuación fue tan astuto como creativo. Los años veinte fueron una época de auge en Estados Unidos —nuevo dinero, nuevas libertades, nuevas modas— y las líneas largas y fluidas de la era flapper exigían un tipo de joyería completamente diferente. Esas piedras del Imperio ruso se reinventaron por completo, transformándose en largos collares sautoir que se balanceaban a la perfección sobre un vestido de cintura baja en una pista de baile de Manhattan. 

La firma vistió a maharajás indios, aristócratas europeos y estrellas de Hollywood. ¿Cuál fue el encargo más extravagante o sorprendente que descubrió durante su investigación?

Los encargos de los príncipes indios eran de una magnitud totalmente diferente a cualquier cosa que Cartier hubiera encontrado en cualquier otro lugar del mundo. Los maharajás no eran simplemente hombres ricos a los que les gustaban las joyas. Eran soberanos y sus joyas eran instrumentos de poder. El tamaño de un collar, la calidad de una piedra, la magnificencia de un adorno de turbante: estas cosas comunicaban rango, autoridad y favor divino. Las joyas no eran simplemente decorativas en ese mundo; eran políticas. El collar de Patiala es quizás el ejemplo más asombroso. Creado en 1928 para Bhupinder Singh, el maharajá de Patiala, contenía 2.930 diamantes, incluido el diamante De Beers —entonces el séptimo diamante más grande conocido en el mundo— como pieza central.

"Three Cartier brothers" Los tres hermanos Cartier con su padre. De izquierda a derecha: Pierre, Louis, Alfred y Jacques© Cartier Family Archives
"Three Cartier brothers" Los tres hermanos Cartier con su padre. De izquierda a derecha: Pierre, Louis, Alfred y Jacques

Entre los clientes de Cartier se encuentran figuras icónicas como Wallis Simpson, Coco Chanel, Elizabeth Taylor y Grace Kelly. 

Cada una de estas mujeres tenía una relación completamente diferente con Cartier y esa variedad forma parte de la historia. Por ejemplo, la conexión de Wallis Simpson era muy personal. El duque de Windsor encargó piezas que eran casi como cartas de amor en forma de piedras preciosas: desde pulseras y broches hasta su llamativo anillo de compromiso de esmeraldas. Las piezas con forma de pantera, en particular, se convirtieron en su sello distintivo, atrevidas y ligeramente peligrosas, lo que le sentaba a la perfección. Elizabeth Taylor, por su parte, era puro teatro. Cuando Richard Burton le compró el diamante que ahora lleva los nombres de ambos —69 quilates, adquirido en una subasta en 1969—, Cartier tuvo la piedra primero, durante un breve periodo, y la exhibió públicamente antes de que se completara la venta. La gente hizo cola alrededor de la manzana en Nueva York simplemente para verlo. Más tarde, Taylor lo transformó de anillo a collar y lo lució en los Premios de la Academia, uno de los eventos más publicitados de la época. 

¿Encargó alguno de estos famosos clientes piezas que se convirtieron en legendarias, ya fuera por su diseño, su historia o su conexión personal con Cartier?

Por supuesto. El anillo de compromiso de esmeraldas de Wallis Simpson se volvió casi inseparable de la historia de la propia abdicación, mientras que el diamante de Taylor-Burton se convirtió en legendario no solo por su tamaño, sino por el extraordinario drama, el romance y la publicidad que lo rodeaban. Esas historias nos recuerdan que la joyería nunca se reduce solo a los materiales: se trata de emoción, de teatro y del peso de una vida vivida en público.

¿Hubo algún encargo especialmente extravagante, innovador o simbólico que destacara entre estos clientes de la realeza?

Entre los clientes de la realeza, los maharajás indios destacan por la extravagancia de sus encargos y la originalidad que exigían. A menudo traían  piedras históricas, tesoros familiares y ambiciones a escala monumental, y al hacerlo, empujaron a la casa a pensar mucho más allá de la joyería cortesana europea convencional. Fue un reto creativo que dio lugar a algo extraordinario.

Jackie Kennedy luciendo el reloj Tank.
Desde su lanzamiento hace más de un siglo, el
reloj Tank se ha mantenido como un clásico atemporal,
siempre el favorito de algunas de las personas más elegantes de su época© Getty Images
Jackie Kennedy luciendo el reloj Tank. Desde su lanzamiento hace más de un siglo, el reloj Tank se ha mantenido como un clásico atemporal, siempre el favorito de algunas de las personas más elegantes de su época

Muchas joyas están vinculadas a grandes historias de amor y poder. ¿En qué medida comprendió la casa desde el principio la conexión entre la joyería, el estatus social y la narrativa?

Cartier comprendió muy pronto que una joya cobra más fuerza cuando se vincula a una historia. La casa no se limitaba a vender objetos bellos: cultivaba relaciones, comprendía el simbolismo y situaba las joyas en vidas que magnificaban su significado. Ese instinto narrativo formó parte de su genialidad desde el principio. Al principio, los hermanos se negaron a publicitar sus creaciones, ya que consideraban que sus clientes de la realeza no querrían ver a su joyero aparecer en revistas y periódicos. Creían que la mejor forma de publicidad era el boca a boca y que, si se lograba impresionar a la reina de Inglaterra o al maharajá de Nawanagar, otros clientes seguramente seguirían su ejemplo. En cierto modo, la realeza fue la primera influencer que llevó a Cartier a pasar de ser una pequeña joyería parisina a una casa de lujo líder a nivel internacional.  

A lo largo de los años se han escrito muchos libros sobre Cartier, pero ninguno profundizó tanto en la historia de la familia. ¿A qué retos se enfrentó a la hora de llenar esos vacíos y aportar nueva información sobre la empresa y sus miembros?

El mayor reto fue que en libros anteriores se había pasado por alto o tratado de forma muy superficial gran parte de la información. Tuve que reconstruir una historia mucho más humana a partir de correspondencia privada, diarios, entrevistas y viajes, y luego superponer no solo la historia empresarial en Londres, París y Nueva York, sino también el contexto de la historia mundial. La investigación me llevó 10 años porque viajé a múltiples lugares, localizando direcciones a partir de sobres antiguos y conociendo a los descendientes de personas que mis antepasados habían conocido. Conocí a comerciantes de perlas en Oriente Medio, mineros de zafiros en Sri Lanka, talladores de gemas en la India y artesanos en Londres, París y Nueva York. Entrevisté a cientos de personas y localicé muchos archivos antiguos para tener una visión lo más completa posible de la historia real. Para mí era muy importante que el libro resultara vivo, pero también fiable.

El viaje de la autora a Sri Lanka, siguiendo los pasos de su bisabuelo, la llevó a visitar minas de zafiros, tal como él lo había hecho© Francesca Cartier Brickell
El viaje de la autora a Sri Lanka, siguiendo los pasos de su bisabuelo, la llevó a visitar minas de zafiros, tal como él lo había hecho

Su investigación también incluyó entrevistas con antiguos empleados que recordaban que trabajar en Cartier era «como formar parte de una familia». ¿Qué le contaron sobre la cultura interna de la maison y su relación con sus artesanos y diseñadores?

Lo que muchos antiguos empleados que habían trabajado para mi familia me transmitieron fue que les había encantado su vida laboral allí: había sido exigente, pero en el buen sentido, porque se les animaba a dar lo mejor de sí mismos y se inspiraban en los demás, todos en la cima de su profesión, que ponían tanto orgullo y esmero en su trabajo. También dijeron que sentían que formaban parte de algo mucho más grande que ellos mismos. Ese sentido de pertenencia era claramente muy real y no los abandonó ni siquiera después de jubilarse. En parte, por eso se mostraron tan abiertos y acogedores cuando llamé a sus puertas para hacerles preguntas sobre el pasado; me trataron como a uno más de la familia porque habían querido mucho a mi abuelo. Eso fue muy especial para mí: al final de mi investigación sentí que tenía una enorme familia ampliada.

Más allá del glamour, el libro también aborda rivalidades familiares, romances, intrigas y traiciones nunca antes contadas. ¿Cuál fue el episodio más sorprendente o humano que descubriste sobre tus antepasados?

Lo que me pareció más humano no fue ninguna revelación glamurosa en concreto, sino la vulnerabilidad que se escondía tras el éxito: desengaños amorosos, inseguridad, matrimonios tensos, penas privadas. Las dinastías pueden parecer muy pulidas desde la distancia, pero las cartas me recordaron que están formadas por personas tan frágiles y complicadas como el resto de nosotros.

Francesca Cartier Brickell© Jonathan James Wilson
Francesca Cartier Brickell

En la década de 1970, la empresa dejó de ser de propiedad familiar. ¿Cómo se vivió?

El fin de la propiedad familiar no fue un momento concreto y definido, sino un desmoronamiento gradual, y creo que eso es, en parte, lo que lo hace tan conmovedor. Hablo mucho más de esto en el libro; es difícil de explicar en una respuesta breve, ya que fue complicado y multifacético. 

Hoy en día, usted es una reconocida conferenciante internacional sobre la historia de Cartier y da charlas en museos, casas de subastas y sociedades culturales. ¿Qué aspecto de esta historia suele sorprender más al público?

Lo que más sorprende al público es que Cartier fuera, en el fondo, una auténtica historia familiar. A la gente también le impacta lo poco privilegiadas que fueron las primeras generaciones, y lo mucho que el extraordinario éxito de Cartier se construyó poco a poco, a través de valores, disciplina e imaginación, en lugar de mediante un glamour instantáneo.

Tras tantos años investigando la historia de su propia familia, ¿qué cree que define realmente el ADN de Cartier: el talento creativo, la estrategia empresarial o las conexiones con el poder?

Para mí, el ADN de Cartier comienza con el talento creativo, pero solo se hizo perdurable porque ese talento se combinó con inteligencia empresarial y relaciones humanas. El arte fue la chispa, pero la estrategia y la confianza son lo que convirtió esa chispa en una casa global. Una cosa no basta sin la otra.

¿Ha compartido con sus hijos la historia de la familia Cartier y las joyas que investigó? ¿Qué impacto cree que tiene en ellos conocer este legado familiar?

Por supuesto. Compartí estas historias con mis hijos mientras escribía y cada vacaciones de su infancia fue un viaje de investigación diferente. Creo que el valor para ellos reside menos en el glamour que en comprender de dónde vienen, y en ver que ese trabajo significativo, por muy romántico que pueda parecer desde fuera, se basa en el esfuerzo, la perseverancia y el amor.