Máximo Huerta acaba de lanzar su última novela, bajo el título Mamá está dormida (Ed. Planeta), un relato de ficción donde uno puede encontrar más de una coincidencia con la propia vida del autor. Aunque no es autobiográfica, la dura experiencia que él mismo viene acumulando en los últimos tiempos le ha servido para escribirla. El popular comunicador dejó Madrid hace un lustro y se mudó a la localidad valenciana de Buñol, para poder atender así las 24 horas del día a su madre, Clara Hernández, que padece alzhéimer. "Me siento cansado y vivo en la lágrima diaria, pero cuando me acuesto estoy feliz de hacer lo que estoy haciendo", confiesa al hablar de esta dura y complicada etapa que le toca afrontar.
"Lo hago voluntariamente y con infinito amor", apostilla el periodista y escritor sobre lo que supone cuidar de su progenitora en cuerpo y alma, unas palabras que pronunciaba este domingo durante su entrevista para el programa Fiesta. Cierto es que, según cuenta, a veces se ve sobrepasado por la situación "y me como la cabeza, o exploto, o le respondo mal, aunque luego me arrepiento". Reconoce que le desconcierta el no saber si lo está haciendo todo correctamente, pero siempre trata de quedarse con lo positivo. En cuanto a cómo es su vida alejado de la capital, señala que "cuando llegué al pueblo, supe que ese era mi lugar en el mundo". De hecho, es ahí donde ha podido abrir una librería con la que tanto soñaba.
Al hablar de sus otros planes fuera del hogar, el que fuera pupilo en televisión de Ana Rosa Quintana reconoce que "mi vida amorosa y sentimental está en pausa". No saca mucho tiempo para socializar, y cuando lo tiene "me apoyo en amigos, en una caña...". Admite que se está perdiendo el poder viajar de un lado para otro, ya que en una situación como esta "mis escapadas son contadas". En cualquier caso, reitera que la absoluta dedicación que tiene actualmente con la mujer que le trajo al mundo es algo "en lo que creo y me nace de dentro". Por ello, subraya que "no es que yo esté parado, sino que es otra forma de vivir".
Al hablar de la tercera edad, Huerta asevera que "me molesta mucho cuando dicen que a los ancianos son como niños... no, son personas adultas y mayores que han vivido muchas experiencias". En este sentido, agrega que "mi madre no solo es mi madre, también fue una mujer coqueta que vivió la vida y se casó tarde... y lo noto cuando le preguntas algo del pasado y no quiere contarlo". En definitiva, considera el presentador que "toda esa parte que nunca conoceremos de nuestros padres, es su patrimonio".
A la pregunta de si su madre le habla de su padre, responde Máximo con un detalle que resulta desgarrador sobre lo que supone la pérdida de memoria, y que se produce en torno a la mesa a la hora de la comida: "A veces pone tres platos, pero porque se le ha olvidado que ya no está". En cuanto a su progenitor, quien murió en 2017, confiesa que "nos llevábamos fatal". Afirma que este "era de una generación de esos padres que no sabían querer. No sabían decirte 'te quiero' o lo decían de otra manera. Y yo lo necesitaba. A lo mejor estaba orgulloso de mí, pero yo nunca lo sentí", se ha lamentado. Pese a todo, "he entendido más cosas de él desde que no está, aunque sea difícil de comprender", sentenciaba.







