Máximo Huerta sigue volcado en el cuidado de su madre, Clara Hernández, con la que convive desde hace más de cinco años en la localidad valenciana de Buñol. De ello ha hablado recientemente en una entrevista para el podcast A solas con..., de Vicky Martín Berrocal, confesando lo difícil que es tratar cada día con alguien que sufre alzhéimer. “Hay veces que dices: 'o ella o yo', porque no puedo más", lamenta. Un esfuerzo constante que, en cualquier caso, considera que debe acometer y no presume de ello: "No me voy a hacer el valiente ni soy el mejor hijo de España”, asevera.
Que alguien pierda la memoria y no identifique a sus seres queridos es terrible, tal y como relata el periodista y escritor: "Es durísimo que no me reconozca. Un dolor que me como con patatas", confiesa. "Me harto de decirle que soy yo", añade con resignación. Además, no es esta una situación que pueda resolverse a corto o medio plazo, puesto que las personas que lo padecen "van a peor, no a mejor. Hay pequeñas alegrías que las compartes, algunas risas...", explica. De hecho, cuando está al lado de su progenitora, intenta "no ser invasivo, que no note que se encuentra mal".
El que fuera pupilo de Ana Rosa Quintana reconoce que, en una ocasión, llegó tan al límite que tomó una drástica decisión. “Un día me tomé sus pastillas porque me dije: si a ella no la relaja, que me relaje a mí", confiesa. "Necesitaba bajar ese nivel de ansiedad y me tumbó como a un caballo”, agrega sobre los efectos que le produjo dicha medicación. Pese a todo lo narrado, y aunque haya momentos de mucha desesperación, tiene claro que su madre es "una señora mayor a la que hay que escuchar y honrar".
Sobre cómo le está afectado a su propio estado emocional, confiesa el presentador que "he perdido la capacidad de divertirme porque estoy todo el rato en alerta". Es más, cuando sale de casa, la vigila a través de una cámara que tiene instalada en su hogar. "Es lo que hay que hacer", subraya. "No es nada fácil ni gratificante", añade, pero es lo que toca. Tal es su dedicación que, en buena medida, esto también ha provocado que de momento tenga que descartar ofertas profesionales para volver a la televisión: "Me han ofrecido cosas pero no puedo, y les tengo que decir que no", indica.
Ha perdonado a su padre
Durante la entrevista, el autor de Mamá está dormida (su última novela) también se ha referido a la figura de su padre, el cual le produce sentimientos encontrados. "Era camionero y un hombre rudo. Con una manera de querer difícil que no la exteriorizaba", ha contado sobre su progenitor, quien falleció hace casi una década. "Mi casa olía a puro y gasolina", rememora sobre su infancia y juventud en Utiel. De las imágenes que le vienen a la mente cuando piensa en él, "lo veo tomándose una caña en la barra del bar y llegando con ese mal carácter a casa", relata.
Con pesar, ahonda Máximo Huerta en esta cuestión y va un poco más allá, señalando de forma tajante que "frente a un padre violento, siempre fui un niño que cuidaba y que estaba pendiente de mi madre, porque si yo estaba sabía que no iba a pasar nada". Reconoce por tanto que "no nos encontramos jamás", si bien con el tiempo "he comprendido que su forma de quererme era otra". En este sentido, cuando echa la vista atrás, se da cuenta de que el amor que le tenía su progenitor "lo he acabado encontrando después en gestos suyos del pasado".







