Doña Leo, una perrita mestiza de 15 años, llegó a la vida de Máximo Huerta por teléfono. Una amiga con un centro de acogida de perros abandonados le envió una foto acompañada de un mensaje: acababa de encontrar a una perra pequeña en un contenedor. Desde el primer instante, se enamoró de ella y decidió que se llamaría Leo y que se quedaría en su casa. En ese momento, convivía con otra perra rescatada, de 18 años, ya muy mayor, y durante un tiempo ambas compartieron hogar.
"El nombre surgió del personaje de Marisa Paredes en La flor de mi secreto, al que Máximo añadió "Doña" como un guiño juguetón que terminó definiendo su personalidad. Con el tiempo, Doña Leo se convirtió en un reflejo del propio dueño: ambos compartían el desinterés por el peinado, el amor por el sofá y los paseos sin rumbo por los alrededores de casa, conversando en silencio con la mirada y el gesto.
Tiene un apetito insaciable y come de todo: "Es una perra con hambre constante. Quiere de todo. Se come hasta la cena de mi madre. La comparten". Y los paseos diarios son una de sus grandes alegrías: "Hay un camino que nos gusta mucho, lleno de olivos, algarrobos, almendros… y llegamos a casa con olor a romero. A ella le encanta meterse en las acequias y bañarse". Con otros perros, Doña Leo demuestra su carácter valiente y sociable: "Le planta cara a los grandes y se hace amiga de los de su tamaño. Ha sido siempre muy conquistadora, se enamora de todos".
"Es una perra con hambre constante. Quiere de todo. Se come hasta la cena de mi madre. La comparten"
Cuando Máximo escribe, Doña Leo se convierte en su compañera silenciosa: "Se queda junto a mí, a mi lado, y sabe cuándo he acabado de escribir. Lo presiente". Y sus planes favoritos juntos son simples, pero perfectos: "Ella me saca a pasear. Muchas veces me mira y parece que diga: 'Vamos a dar una vuelta'. Y nos salimos de ruta por los campos que hay cerca de casa. La dejo libre y nos entretenemos con el paisaje". Sin embargo, con los años, se ha vuelto más independiente, aunque conserva pequeñas manías entrañables: "Antes dormía en el sofá, se quedaba a mi lado, pero ahora, con la edad, es más independiente. Cada mañana entra en mi habitación y da golpes con el rabo a las siete y media. Es la hora de salir a la calle".
Cuidados del perro sénior
Por Blanca Pérez-tabernero, veterinaria
A medida que los perros envejecen, sus necesidades cambian, nos explica la especialista:
- Conviene proporcionarles nutrición especifica. Una dieta sénior cuida sus órganos, facilita la digestión y ayuda a mantener su peso. Hay que aprovechar que cada vez existen más complementos alimentarios y medicación para mejorar su calidad de vida.
- Medicina preventiva adaptada a su edad. Es importante la detención precoz de patologías que no dan síntomas o que puedan confundirse con hábitos normales de la edad. Vigilar especialmente la salud oral y la osteartrosis.
- Movimiento adaptado, paseos más cortos y tranquilos, pero más frecuentes.
- Mantener su mente activa para evitar o retrasar el deterioro cognitivo: rutinas estables, enriquecimiento ambiental e interacción social.





