A pesar del empeoramiento del estado de salud de su padre, Alberto y Carolina de Mónaco presidieron los actos oficiales de Semana Santa del Principado con rostros de preocupación
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En la última aparición pública de Raniero, el soberano no pudo contener las lágrimas ante las muestras de cariño de su pueblo
26 MARZO 2005
Las funciones cardiacas, pulmonares y renales del príncipe Raniero de Mónaco, que no cesan de degradarse, se han estabilizado y su pronóstico vital sigue siendo extremadamente reservado, según el último boletín médico que ha hecho público el Principado.
Todo el pueblo monegasco se encuentra expectante y procupado ante las últimas informaciones que van surgiendo sobre el desarrollo de la infección de Raniero. Incluso el propio Papa Juan Pablo II quiso transmitir una “particular bendición” al príncipe Raniero y a toda su familia, en un mensaje enviado al gabinete de prensa de Palacio.
"El Santo Padre bendice al Príncipe y se une a él a través del pensamiento y de la oración”, según ecribió el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado del Pontífice. Además, resaltaba que “el Papa confía en la intercesión de la Vírgen María y pide al Señor para que le reconforte con su gracia y le bendice de todo corazón, a él y a sus allegados.”
Todos los Grimaldi se encuentran en estos momentos al lado de Raniero, acompañándolo en estos difíciles momentos. Tanto sus hijos Alberto, Carolina y Estefanía de Mónaco, así como sus nietos mayores, Andrea, Carlotta, y Pierre, se han trasladado hasta el centro cardio-respiratorio de Mónaco, donde el soberano se encuentra hospitalizado con respiración asistida.
Semana Santa en Mónaco
A pesar de la gravedad de la situación, Alberto y Carolina de Mónaco quisieron mostrar una imagen de serenidad y fortaleza ante su pueblo, presidiendo desde el balcón del Palacio Grimaldi, la procesión del Viernes Santo. La princesa estuvo acompañada por su esposo, Ernesto de Hannover, aunque no pudo ocultar claros signos de preocupación en su rostro.
En el caso de fallecimiento del príncipe Raniero, su sucesor sería su hijo Alberto que se convertiría inmediatamente en Alberto II de Mónaco. En 2002, Raniero reformó la Constitución para rebajar la edad de sucesión a los 18 años, y tras la renuncia de Carolina a su derecho sucesorio, el segundo puesto lo ocuparía, por tanto, su nieto, Andrea Casiraghi, fruto de la unión entre la princesa y el empresario italiano Stefano Casiraghi, que falleció en 1990.
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