'Mis hijos ya no tienen título. No tienen nada que ver directamente. Podrán hacer su vida según su elección. Sin duda, conocen ciertos inconvenientes cuando los fotógrafos les esperan a la vuelta de las clases o cuando un profesor dice a mi hija: ‘¿Por qué quieres estudiar? Tu familia tiene suficiente dinero’. Es insultante y malvado. Pero ¿qué quiere usted? En todas las situaciones de la vida, cualquiera que sea la situación social a la que pertenezcamos, encontramos dificultades específicas'
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'Me gusta mucho leer, y tengo la posibilidad de poder leer en varios idiomas, lo que da una gran amplitud de miras. Leo, como media, dos o tres horas al día'
23 ABRIL 2004
—¿Esta acción humanitaria tiene relación con sus creencias?¿Es usted practicante?
—Sí, la verdad es que sí. Recibí una educación católica, de lo más tradicional. Ese mensaje de Cristo me ha influido desde mi más tierna infancia. Debemos intentar devolver al céntuplo los beneficios que hemos recibido. Hay que pensar en los demás, ayudar al prójimo. Creo mucho en esta idea de dar de uno mismo.
—¿Siente usted que en el mundo actual hay una pérdida del sentido
religioso?
—La religión ha sido sustituida por los medios. Antes la religión dictaba las nociones de bien y de mal. Temblábamos ante el sacerdote, el confesor o los padres. Ahora, a la
gente le importa un comino eso. Tienden a temblar ante la idea de que su acción será mal vista por la prensa o por la televisión.
—¿Son los medios los nuevos profesores de la moral?
—Sí. Es una pena, pues los religiosos tienen el sentido de la comprensión y del perdón, que los medios no tienen. Por tanto, quizá sería el momento de volver a ser un poco
más religiosos, de manifestar más compasión.
—¿No le faltan a nuestra época grandes figuras que admirar?
—Al menos, está el Abbé Pierre, que es el personaje francés más amado. Por suerte. Eso es tranquilizador.
—¿Piensa que el exceso de mediatización está en el origen de la disminución del número de grandes figuras y de héroes?
—Esta excesiva mediatización me inquieta un poco. Impide a las personas soñar sus sueños. No hacen más que soñar los de otros, los que los medios de comunicación les dan. Eso deja muy poco espacio a la imaginación. Todos somos personas individuales, todos somos únicos. Se están suprimiendo todos los modos de vida, la manera de vestirse, de comer, la noción de unicidad de la persona. Yo les digo a mis hijos, cuando se quedan toda una tarde delante de la televisión: ‘No habéis hecho nada único
que sea vuestro, que sea personal. Si hubierais cogido un libro, escuchado un disco, habríais tenido una distracción original, que únicamente os pertenecería a vosotros’. Hay que seguir siendo personas individuales, no seguir la marea.
—¿Cómo viven sus hijos su situación?
—Ellos ya no tienen título. No tienen nada que ver directamente. Podrán hacer su vida según su elección. Sin duda, conocen ciertos inconvenientes cuando los fotógrafos les esperan a la vuelta de las clases o cuando un profesor dice a mi hija: ‘¿Por qué quieres estudiar? Tu familia tiene suficiente dinero’. Es insultante y malvado. Pero ¿qué quiere usted? En todas las situaciones de la vida, cualquiera que sea la situación
social a la que pertenezcamos, encontramos dificultades específicas.
—¿Va a menudo a Mónaco?
—Estoy allí regularmente. Voy allí para los consejos de administración de las fundaciones y para todas las manifestaciones del Principado.
—Su padre tiene problemas de salud...
—Ha tenido una infección pulmonar. Debe cuidarse, pero está mejor.
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