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11 MAYO 2001
Don Jesús Aguirre, de 66 años, un hombre de existencia y biografía apasionante, sufrió una grave recaída -se reunieron todos los hijos en Madrid temiendo lo peor- el pasado mes de enero... Tres meses después del terrible susto y, con la sonrisa puesta en los labios, don Jesús se preparó, para volver a casa. A Liria, el palacio en el que vivió, en los últimos 23 años, una existencia gloriosa y donde el pasado viernes falleció tras una larga lucha contra su enfermedad.
Un majestuoso edificio al que llegó como duque de Alba, en 1978, después de contraer matrimonio con Cayetana Fitz-James y en el que, como recuerda el propio don Jesús, sólo se enfrentó al problema de averiguar dónde estaban los interruptores de la luz.
Para ser duque no hace falta nacer como tal
Intelectual de tronío, traductor, crítico, conferenciante, predicador, editor, capaz de pronunciar, de memoria, un discurso en griego clásico, culto hasta lo indecible, don Jesús usó su experiencia y su sabiduría para ejercer el título como si lo hubiera heredado de sus antepasados.
Cuidó con exquisitez todas las propiedades Alba y no hubo ni un solo día en el que no se declarara enamorado de Cayetana. "Me levanto con el Alba y con la Alba", Jesús Aguirre, pese a no llevar ni una sola gota de sangre azul en las venas, siempre tuvo el empaque de los Alba, el carisma de los Alba y resulta casi imposible imaginar que alguna vez haya sido algo distinto que aristócrata. No en vano, con sus hechos ha demostrado, que para ser duque no hace falta nacer como tal.
Como tal, también, y siempre partiendo del lema de que no tenía tiempo para practicar la enemistad, siguió al frente de la Fundación de los Alba... y cuidó con celo los 40.000 volúmenes de la biblioteca entre los que existen piezas tan sagradas como: la primera edición de El Quijote, la primera de la Biblia en castellano,1430, los Testamentos de Fernando el Católico y las Cartas de Cristóbal Colón.
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