Una ligera brisa propicia el choque de las barcas contra el muelle con una suave cadencia. El sol reverbera en la piedra dorada y en el paseo, del trajín humeante de una taberna emana un aroma a pescado a la brasa. Aquí, en Zadar, una ciudad croata a orillas del Adriático, nada parece alterar la esencia marinera que empapa la costa dálmata, donde el mar se cuela entre los roquedales para esculpir uno de los trayectos más bellos del Viejo Continente.
Poco más de 350 kilómetros que dan comienzo en Zadar y por los que se suceden calas de suaves guijarros, acantilados bajo los que dormitan aldeas de pescadores y ciudades de piedra que, un buen día, quedaron detenidas en el Medievo, hasta llegar a Dubrovnik, que luce en el litoral como ninguna. ¡Comenzamos la ruta!
Zadar, el mejor punto de partida para recorrer la costa de Croacia
En Zadar el puerto nos recibe para después dejar paso a calles marmóreas, flanqueadas de vestigios romanos e iglesias renacentistas. Un casco histórico tan interesante como el Parque Nacional de Plakenika que ocupa sus alrededores, ideal para hacer senderismo entre cañones colosales. Frente a la costa, como diamantes perdidos, las islas de Pag y Dugi Otok esconden playas deslumbrantes.
Trogir, la ciudad medieval Patrimonio de la Humanidad
Como Zadar, también la siguiente parada es un reflejo de la vida cultural que floreció por este rincón croata, que en tiempos estuvo bajo dominio veneciano. Hablamos de Trogir, otra joya de piedra encapsulada dentro de unas murallas del siglo XV y coronada por una esbelta catedral. Su belleza comprimida entre las montañas y el mar le valió la designación de la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.
Descubrir sobre ruedas la costa Dálmata supone avanzar por carreteras que se agarran a su perfil dentado, en una geografía dominada por los Alpes Dináricos. Esta cordillera, que forma una barrera de 1500 metros de altura y que separa al país de Bosnia y Herzegovina, extiende sus redes hasta el Adriático, dejando a su paso paisajes tan hermosos como los del Parque Nacional del Krka, repleto de estrepitosas cataratas. Al mismo, pertenecen las islas Kornati, la mayoría de ellas deshabitadas, donde la civilización desaparece por un momento en favor de rincones en los que la blancura caliza contrasta con el añil de las aguas.
Pero también abordar esta ruta implica comprender la idiosincrasia croata. Un modo de entender la vida cálido y a su vez reservado, a medio camino entre la austeridad austrohúngara que le llega del norte y la pasión italiana que se filtra por la gastronomía y el carácter de sus gentes.
De las ostras de Ston a la ciudad-palacio de Split
Así llegamos a las dos grandes ciudades de esta franja, que esconden muchos menos secretos. Y que, sin embargo, siguen siendo un tesoro al que ni siquiera el turismo desaforado logra mancillar. Entre ambas no solo se esconde Ston, célebre por los viveros de ostras que salpican su bahía, sino que también despuntan sobre el Adriático las islas más famosas de Croacia: desde Brac hasta Hvar, desde Korcula hasta Mljet.
Split, elevada sobre un promontorio rodeado de playas, es un palacio convertido en ciudad. Concretamente, el Palacio de Diocleciano (el emperador romano que protagonizó las más sangrientas campañas contra los cristianos), al que, con el tiempo, se fueron adosando viviendas e incorporando elementos urbanos. Hoy su interior laberíntico alberga tiendas, restaurantes y un movimiento continuo en el que tomarse un café es un acto que se enmarca entre paredes milenarias.
Dubrovnik, el broche perfecto a la ruta
Dubrovnik, por su parte, es una ciudad irremediablemente magnética, cuya avenida principal, Stradun Placa (que conduce hasta la Torre del Reloj) pasa por ser una de las más bonitas de Europa. Luego están las callejuelas estrechas que la cortan con su ropa tendida y sus escaleras rebosantes de flores; la Ulica Zudioska o judería de calles enmarañadas, la iglesia de San Blas, el palacio Sponza… Pero nada puede ser más romántico, como colofón a esta ruta por la costa Dálmata, que emprender un paseo al atardecer, bajo la luz cobriza, desde lo alto de esas murallas que guardan tantos embates de la historia.
GUÍA DE VIAJE DE ZADAR A DUBROVNIK
CÓMO LLEGAR Y CÓMO MOVERTE
Si bien Zadar, el punto de partida de esta ruta costera, dispone de aeropuerto, desde España no existen vuelos directos que lleguen a esta ciudad. Para ello habría que volar bien a Zagreb, la capital croata o bien a Split y desde ambas ciudades tomar otro vuelo a Zadar.
Una vez en esta ciudad, es imprescindible alquilar un coche para emprender la ruta con libertad de movimientos y horarios por la costa Dálmata, donde las carreteras están en excelente estado.
Quienes deseen saltar a alguna de las islas tendrán que tomar un ferri o un catamarán (normalmente desde Split) con algunas de las compañías que ofrecen este servicio como Jadrolinija (jadrolinija.hr) y Kapetan Luka (krilo.hr).
DÓNDE DORMIR
Dado que Zadar es una pequeña localidad, quienes persigan una mayor calma y comodidad podrían alojarse en Falkensteiner Hotel & Spa Iadera (falkensteiner.com), a 10 kilómetros del centro en una península apartada del bullicio. Un refugio rodeado por el Adriático con numerosas instalaciones de spa y buena oferta gastronómica.
En Trogir, una opción estupenda es Brown Beach House Croatia (brownhotels.com), un sofisticado hotel boutique, emplazado en la costa con coquetas habitaciones y una estupenda piscina.
Para hacer noche en Split con la familia, el hotel Le Meridien Lav (lemeridiensplit.eu) ofrece los servicios necesarios en confortables suites con bonitas vistas.
En Dubrovnik, el Hotel Bellevue (bellevue.thedubrovnikhotels.net) es un icono del lujo y el diseño con acceso a una cala privada.
DÓNDE COMER EN LA RUTA
La gastronomía tradicional croata es un sabroso festín para el paladar. Los fogones de la costa, con su influencia italiana profundamente marinera, marcan la diferencia con el interior, a donde llegan los influjos húngaros y vieneses. En Zadar, nadie debe perderse el restaurante Kastel (hotel-bastion.hr/restaurant-kastel), dentro del hotel Bastion, para descubrir el espíritu de Dalmacia tanto en la cocina como en la decoración.
En Split se pueden saborear pescados típicos en el restaurante Sperum (Šperun ul. 3) con una muy buena relación calidad-precio.
Y en Dubrovnik, Gradska Kavana Arsenal (nautikarestaurants.com) es un clásico que no falla, con sus platos.













