Patrimonio natural y cultural se fusionan en esta experiencia única que evoca los viajes de los peregrinos en los tiempos de la Segunda Cruzada. ¡Buena proa, buen Camino! ¡Zarpamos! Toma nota, porque esto es todo lo que necesitas saber para emprender esta aventura.
Cómo conseguir la Compostela haciendo el Camino de Santiago por mar
Desde hace unos años, la Oficina del Peregrino reconoce el barco como uno de los medios para conseguir la Compostela. Para ello no se debe utilizar el motor, han de navegarse más de 90 millas náuticas y caminar, al menos, 7 kilómetros. Por mar llegaron, según la leyenda, los discípulos del apóstol. Años más tarde seguirían esta vía miles de peregrinos para evitar saqueos y acortar ruta. Así lo hizo el comerciante Pietro Querini, quien atracó en Muros. Muros, pero también Noia, figurarían en la historia de los navegantes, motivo por el que el rey Fernando II concedió a esta villa el estatus de Portus Apostoli.
Aquellos peregrinos se guiaron por las estrellas. Nosotros seguimos sus retazos históricos sorteando las Islas Estelas. Estrellas de mar para poner rumbo a Santiago, dejando atrás el puerto de Baiona. Izamos velas y nos hacemos con el timón siguiendo las indicaciones de nuestro patrón.
Durante tres días surcaremos un Atlántico imponente para, luego, adentrarnos por las calmadas Rías Baixas. “Casi cualquier época del año es buena para navegarlas”, afirma Alba Taladrid, jefa de Comunicación de Portos de Galicia.
Navegar por las Rías Baixas: islas Cíes, Combarro, Arousa y la ría de Muros-Noia
El inicio de la primera jornada marca el resto de etapas. Amanece temprano en el barco y la cubierta se convierte en el mejor comedor para desayunar. Tanto si el viajero desea iniciarse como marinero como si ya lo es, podrá apoyar al patrón en las labores de navegación. Aquellos que prefieran un viaje más relajado, soñarán sentados en proa con alcanzar el horizonte.
Un faro corona la pedregosa isla de San Martiño. A continuación, las islas do Faro y Monteagudo, unidas por la playa de Rodas, nos invitan a explorar las islas Cíes, un paraíso que podría confundirse con el Caribe si no fuera por la temperatura de sus aguas. Por la tarde, penetramos en la ría de Pontevedra para ensimismarnos con los hórreos y cruceiros de Combarro asomando frente a la isla de Tambo. En cada puerto nos recibe una ola en tierra. Son obra escultórica de Díaz y Díaz arquitectos y confirman que hemos llegado a uno de los 30 puertos gallegos donde podemos sellar la credencial del peregrino para conseguir la Compostela.
22,5 millas náuticas nos esperan en la siguiente etapa para introducirnos en la Ría de Arousa, dejándonos imágenes que ensalzan los atractivos más salvajes y solitarios de Galicia, como Xidoiro Areoso, un islote de 600 metros de longitud que emerge en el centro de la ría como una alargada duna. Forma parte del Parque Natural de Carreirón y en su interior se han encontrado yacimientos de la Edad de Bronce. Ante él fondeamos para degustar productos gallegos, en nuestro ya habitual comedor flotante, sintiendo cómo el tiempo se enmaraña en las batelas que tejen la ría.
El último día de navegación, un viento benévolo infla las velas, haciéndonos avanzar hacia la ría de Muros-Noia tras doblar el cabo de Corrubedo. Esta ría fue muy transitada por comerciantes y peregrinos, hecho que sirvió para que fuera reconocida como ruta jacobea oficial en 2020.
Las aguas de este santuario marino nos mecen hasta Muros, donde paseamos por calles flanqueadas por casas de piedra hasta desembocar en la Iglesia de San Pedro. De origen románico, se reconstruyó en estilo gótico mariñeiro y destaca por la serpiente tallada que decora su pila bautismal. De este estilo son también las iglesias de Noia. Santa María a Nova (y), hoy desacralizada, acoge más de 500 lápidas antiguas. San Martiño preside la Plaza do Tapal. Cuenta con una sola torre y se dice que todo aquel que intenta construir la segunda, tiene un fatal destino. Noia es el punto más interior de la ría, pero antes de llegar hasta él, cruzamos en barco desde Muros a Portosín, admirando una de las costas gallegas más verdes y salvajes.
Desde Noia, el puente medieval Nafonso supera las aguas del río Tambre mostrándonos otra de las maravillas gallegas, la Iglesia de San Tirso de Cando. Pero, sin duda, el lugar más espectacular al que llegar a pie después de haber navegado las Rías Baixas es el Monasterio de Toxosoutos. Fundado en el siglo XII, se alza a orillas del río San Xusto, el cual un día movió las aspas de molinos como los de las fábricas papeleras que, un poco más arriba, salpicaban los márgenes del Vilacoba. Perderse entre sus vetustas piedras atrapadas por la vegetación es una de las generosas recompensas del Camino.
Los últimos 12 kilómetros dan inicio en Bertamiráns, siguiendo el Camino Portugués hasta culminar ante la catedral de Santiago. Una vez allí, todas las emociones de los últimos días se intensifican tras recoger la merecida Compostela.
CONSEJOS DE EXPERTO
- Amarrada en el puerto de Baiona, frente al Monte Real Club de Yates, una réplica de la carabela La Pinta recuerda emocionantes aventuras marítimas.
- Las Islas Ons son otra de las posibles paradas frente a la ría de Pontevedra. Junto a Sálvora, Cortegada e Islas Cíes, conforman el impresionante Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas, sobre el que vuelan cormoranes moñudos.
- Atracando en el puerto de Sanxenxo, la playa de Silgar es una de las más animadas de Galicia. Muy cerca se encuentra también la playa de La Lanzada, de extremada belleza.
- El puerto de A Pobra do Caramiñal es uno de los mejores para hacer noche y conocer los encantos de este pueblo marinero que da la bienvenida a la provincia de La Coruña.
- Antes de pasar el cabo de Corrubedo, conviene detenerse en sus imponentes dunas.











