La comarca de Galicia que es una joya y pocos conocen: monasterios escondidos, santuarios de exorcismo y el cocido más célebre de España


El corazón gallego es una encrucijada de caminos y, aunque resulte paradójico, también uno de los rincones más desconocidos por los turistas.


monasterio de Carvoeiro, Pontevedra, Galicia© JAVIER GARCIA BLANCO
24 de junio de 2026 a las 14:30 CEST

Mientras las rías –Baixas y Altas–, islas como las Cíes y ciudades como Santiago acumulan visitantes y peregrinos, tierra adentro se extiende otra Galicia mucho menos transitada: fragas pobladas de carballos y castiñeiros, castros ocultos por la maleza, monasterios a los que se llega por caminos de piedra y leyendas cuyo origen se pierde en el tiempo. Ese corazón tiene nombre y hasta un hito que lo señala: la comarca del Deza, en el interior de Pontevedra, presume de ocupar el "kilómetro cero" gallego. Un punto de partida idóneo para descubrir que aquí, entre suaves montañas y valles fluviales, hay un puente construido por el diablo, un santuario donde todavía se habla de meigallos y el cocido más célebre —y sabroso— de toda Galicia.

Monasterio de Carboeiro, pontevedra, galicia© Javier García Blanco
Monasterio de Carboeiro.

Un puente y un pacto con el diablo

Pocos lugares encarnan tan bien ese espíritu como el monasterio de Carboeiro, en Silleda. Semioculto por un espeso bosque y bañado por las aguas del río Deza, que aquí discurre encajonado en una hoz de gran belleza, este cenobio benedictino cumplió a la perfección su cometido: aislar del mundo. "En su época de mayor esplendor aquí vivían hasta 70 personas, 40 de ellas monjes", cuenta Isabel Sobrado, guía del conjunto, mientras nuestros pasos resuenan bajo las bóvedas, en las que se mezclan sin complejos el románico y un gótico aún incipiente. La comunidad surgió en el siglo X, por iniciativa de los condes de Deza, y fue creciendo hasta levantar, a partir de 1171, la iglesia que hoy contemplamos, obra de discípulos del maestro Mateo, el genio creador del Pórtico de la Gloria de Compostela.

Monasterio de Carvoeiro.© JAVIER GARCIA BLANCO
Monasterio de Carvoeiro.

De ese parentesco da fe su portada principal, hermana pequeña de la catedral de Santiago. No es de extrañar que, además de acoger conciertos gracias a su excelente acústica, haya servido de escenario para series, películas y videoclips, entre ellos el de Noche y día, de Enrique Iglesias.

Esa misma fachada se convirtió en protagonista de un episodio digno de novela negra: a mediados del siglo pasado, dos esculturas del tímpano —un Cristo y un relieve con los símbolos de los evangelistas— fueron arrancadas y desaparecieron, para reaparecer décadas más tarde en un museo de Barcelona, procedentes de la colección de un empresario vinculado a los nazis. En 2023 la Xunta reclamó su devolución, y ahora aguardan su regreso a Galicia, de donde nunca debieron haber salido.

Camino Piedra Ponte Demo, Pontevedra, galicia© JAVIER GARCIA BLANCO
Camino Ponte do Demo.

Frente a la entrada, un camino empedrado desciende hacia el Deza para cruzarlo por el Ponte do Demo. El nombre proviene de una antigua leyenda. "Cada vez que había riadas, el río se llevaba el puente —nos explica Mónica González Conde, concejala de Silleda—, y el demonio se ofreció a levantar uno que no cayera nunca, a cambio de las almas de quienes murieran el domingo de su estreno, entre la oración de maitines y la de vísperas". Los monjes aceptaron, pero burlaron al diablo alargando los rezos para que no hubiera interrupción entre ellos, y así el Maligno no pudo llevarse aquellas almas. Siglos después, el puente sigue en pie, con su perfil de lomo de mula, como testimonio de aquella astucia. 

Fervenza do Toxa, Pontevedra, Galicia© JAVIER GARCIA BLANCO
Fervenza do Toxa.

Desde el monasterio arranca un sendero de unos 6 kilómetros que, tras unas dos horas de camino, premia con la visión de la Fervenza do Toxa, un salto de agua de unos 30 metros que tiene fama de ser una de las cascadas más altas de Galicia. Desde unos miradores encaramados sobre grandes rocas, a 70 metros de altura, se contempla el salto y la confluencia del Toxa con el Deza. La panorámica impresiona desde ese punto, pero merece la pena descender al pie de la cascada para sentir su bruma en la cara.

Tiendas de Huttopia Caminos de Galicia.© JAVIER GARCIA BLANCO
Tiendas de Huttopia Caminos de Galicia.

Dormir en el corazón de la fraga

Después de una jornada de emociones, no hay mejor refugio que el bosque. En la parroquia de Prado, a un paso de Lalín, una finca de 16 hectáreas de fraga gallega, con carballos y castiñeiros centenarios, acoge Huttopia Caminos de Galicia, que abrió sus puertas hace ahora un año. Aquí se duerme en tiendas con baño privado y en chalets de madera con terraza, al amparo de los árboles; se desayuna con pan recién hecho y se cierra el día con el canto de los pájaros bajo un cielo que, sin contaminación lumínica, se llena de estrellas siempre que las nubes lo permitan. A media tarde, la terraza del Centro de Vida —así llaman al espacio que reúne recepción, cafetería y zona de relax— invita a una pausa que ni siquiera el orballo es capaz de empañar; más bien al contrario. 

La ubicación de este paraíso celta —explica su director, Laureano di Dio, un argentino que cambió su Iguazú natal por una aventura europea que comenzó en la Toscana y hoy continúa en Galicia— no es casual: por la comarca discurren tanto el Camino de Invierno —la variante que une Ponferrada con Santiago bordeando el Sil para esquivar la nieve de O Cebreiro— como la Vía de la Plata. Saliendo a pie del propio recinto, se recorre un tramo de esta última hasta el Ponte Taboada, alzado en el año 912 sobre dos salientes de roca, que los peregrinos cruzan desde hace más de 1.000 años: apenas 50 minutos de ida, o 15 minutos de bicicleta. Huttopia es la base perfecta para descubrir la región, y a 500 metros espera la primera parada.

Casa do Patrón, Pontevedra, Galicia© JAVIER GARCIA BLANCO
Casa do Patrón.

Una Galicia para el recuerdo

Esa parada es el Pazo de Liñares, un caserón que levantó el linaje de los Taboada, y cuyos muros guardan más historias de las que aparentan. Aquí nació Joaquín Loriga Taboada, uno de los protagonistas del vuelo Madrid-Manila de 1926, y por sus salones pasaron, en el XIX, plumas como las de Emilia Pardo Bazán o Ramón Cabanillas. Tras medio siglo de abandono y una rehabilitación ejemplar, el pazo alberga hoy el Museo Galego da Marioneta e o Xoguete, con cientos de piezas que nos devuelven a la infancia. "Abra puertas, cierre ventanas, toque la madera y la piedra: está en su casa", anima Coco, responsable de recibir a los visitantes, partidario de una visita libre e interactiva.

El gusto por el arte impregna la capital comarcal. Lalín se recorre siguiendo el rastro de sus esculturas urbanas —el aviador Loriga, el célebre cerdo de bronce que homenajea al cocido— y de sus museos, entre ellos el dedicado al pintor Laxeiro y a Ramón María Aller, sacerdote y astrónomo lalinense. La villa guarda además una sorpresa para los amantes de la arquitectura: su ayuntamiento, obra de vanguardia del estudio Mansilla + Tuñón, es una estructura abierta que dialoga con el entorno y organiza sus usos en torno a patios circulares abiertos a la plaza de Galicia, un contrapunto rotundo a la silueta de los pazos. A 4 kilómetros del centro, los carballos de Catasós elevan sus copas como columnas de una catedral vegetal; entre ellas halló Pardo Bazán, según cuentan, la atmósfera húmeda y umbría que respira su novela Los pazos de Ulloa.

Casa do Patrón, Pontevedra, Galicia© JAVIER GARCIA BLANCO
Casa do Patrón.

Para entender las Terras do Deza, conviene detenerse donde se guarda su memoria. En la aldea de Codeseda, en la parroquia de Doade, la familia de Amparo Blanco Varela levantó hace décadas la Casa do Patrón, un ecomuseo que reúne más de 5.000 piezas del mundo rural gallego repartidas por varios edificios restaurados. Lejos de ser un almacén de objetos, es un lugar vivo que crece año tras año con nuevas piezas y actividades.

A pocos metros, el castro de Doade —uno de la treintena larga que salpican la comarca— prolonga ese viaje al pasado con sus murallas y fosos excavados, mientras el restaurante del museo sirve, previa reserva y en loza de barro, los platos más populares de la región, con el cocido de Lalín como bocado estrella.

Santos, meigallos y viejas ferias

La fe y la superstición convivieron durante siglos en Galicia con total naturalidad (basta recordar el dicho sobre las meigas: "Haberlas, haylas". En un paraje de la parroquia de Santa Baia do Losón ceñido por robles centenarios se alza el santuario de Nosa Señora do Corpiño, uno de los más antiguos y concurridos de Galicia. Desde su mirador se abren valles y montañas, con el Pico Sacro al fondo. El templo actual, de aire barroco, se levantó durante el siglo XVIII, pero su fama es muy anterior. Aquí se acude desde hace generaciones a curar el "ramo cativo" —así se llama en la zona a cierto mal de la mente y el espíritu— y aquí se han practicado exorcismos que los romeros tienen por "aprobados por el Papa". 

El fenómeno ha dado para mucha literatura: lo retrató el escritor Vicente Risco y lo estudió a fondo el antropólogo Carmelo Lisón Tolosana, que recogió tanto el griterío de los "energúmenos" durante la misa solemne como la fraternidad de los peregrinos. Antaño, la víspera de la gran romería de San Juan, en pleno solsticio de verano, los devotos llegaban a pie desde más allá de Santiago, cantando por los caminos, y pasaban la noche al raso junto a las hogueras de la feria; al repicar las campanas de madrugada, el bullicio se disolvía en batalla contra el demonio. Hoy las plegarias son menos teatrales, pero la devoción sigue intacta.

Pendellos, Agolada, Pontevedra© JAVIER GARCIA BLANCO
Os Pendellos, un recinto ferial de más de 4 siglos.

En la villa de Agolada, uno de los 6 municipios de la comarca, aguarda otra sorpresa centenaria: Os Pendellos, un recinto ferial de más de 4 siglos, laberinto de callejas adoquinadas entre puestos de columnas y mostradores de piedra que funciona como un retablo civil de la vieja Galicia. Aquí, donde los campesinos guardaban el ganado y la mercancía en casetas de piedra y suelo de tierra, se cerraban con un apretón de manos contratos sellados con el valor de la palabra. 

San Xulián de Ventosa, Pontevedra, galicia© JAVIER GARCIA BLANCO
San Xulián de Ventosa.

A pocos kilómetros, en San Xulián de Ventosa, una modesta iglesia de aldea esconde un tesoro que llevó al erudito Filgueira Valverde a bautizarla como "la catedral del arte rural gallego". Un sepulcro de piedra policromada —el del abad Lope de Ventosa— y los restos de dos baldaquinos que, con sus escenas talladas y pintadas del Antiguo y el Nuevo Testamento, hacían las veces de catecismo en imágenes para una feligresía que no sabía leer. Algunos atribuyen el conjunto, una vez más, a la escuela del maestro Mateo, así que el hilo que se abrió en Carboeiro se cierra aquí, como si el genio del Pórtico de la Gloria hubiera sembrado el Deza de discípulos.

San Xulián de Ventosa, Pontevedra, Galicia© Margen Fotografía, Turismo de Galicia
La catedral del arte rural gallego.

El cocido, centro del centro

Pero por encima de piedras y leyendas, lo que ha llevado el nombre del Deza por toda España es un plato. El cocido —exaltación de los 'frutos' del cerdo, con su lacón, su cachucha, sus grelos y sus cachelos— encuentra en Lalín su capital indiscutible. La Feira do Cocido nació de una reunión de los seis concellos del Deza en 1968 y se celebró por primera vez al año siguiente; desde entonces no ha dejado de crecer hasta ser declarada, en 2020, Fiesta de Interés Turístico Internacional. Cada año, el domingo anterior al Carnaval, miles de personas peregrinan hasta aquí para rendirse al manjar por excelencia. El primer pregonero de la fiesta fue el escritor Álvaro Cunqueiro, que repartía el cerdo en regiones romanas —"Laconia, Cacheira, Tocinia…"— y en cuyo honor el municipio convoca hoy un premio de periodismo gastronómico. Saborear un cocido humeante en pleno invierno, en el punto exacto donde se cruzan todos los caminos de Galicia, es la mejor manera de comprender que el verdadero centro de la nación galega se encuentra aquí, en torno al calor de una buena mesa.

Cocido de la comarca de Leza, Pontevedra© Javier García Blanco
Cocido de la comarca de Leza.

GUÍA PRÁCTICA

Dónde está y cómo llegar

La comarca del Deza ocupa el interior de Pontevedra, y su capital, Lalín, presume de marcar el centro geográfico de Galicia. El coche es la mejor forma de moverse entre pueblos, monasterios y rutas. Lalín está conectada por autopista (AP-53) con Santiago de Compostela, a unos 40 minutos, que es la puerta de entrada natural. Cuenta con aeropuerto (Rosalía de Castro) y estación de alta velocidad con conexiones a Madrid, Ourense, A Coruña y Vigo. 

Caballo en la comarca de Deza, Pontevedra, Galicia© JAVIER GARCIA BLANCO

Mejor época para viajar

Para los amantes de la gastronomía, el mejor momento es el invierno, coincidiendo con la Feira do Cocido, que se celebra siempre el domingo anterior al Domingo de Carnaval y que pone punto final al 'Mes do Cocido' (mediados de enero y mediados de febrero). La víspera de San Juan, en pleno solsticio de verano, es la fecha ideal para contemplar la religiosidad popular que ofrece la romería de O Corpiño y para disfrutar de la comarca aprovechando el buen tiempo. En primavera y otoño las fragas ofrecen una exuberancia espectacular e invitan a recorrer las numerosas rutas de senderismo de la zona.

3 imprescindibles

  1. Recorrer el monasterio de Carboeiro, cruzar la Ponte do Demo y seguir el sendero entre castaños hasta la Fervenza do Toxa.
  2. Dormir en plena fraga y caminar –o pedalear– un tramo de la Vía de la Plata hasta el Ponte Taboada, un puente del año 912 sobre el Deza.
  3. Descubrir el Pazo de Liñares y el ecomuseo Casa do Patrón, y rematar la jornada ante un cocido humeante en Lalín.
Pulpo gallego.
El pulpo, otro imprescindible.

Qué probar

Aquí no hay duda: el cocido de Lalín es el rey indiscutible de la mesa, con su lacón, cachucha, costilla, chorizo, garbanzos, grelos y cachelos. El pulpo es otro imprescindible de la zona, como en buena parte de Galicia. También hay que probar las carnes de esta comarca ganadera y los embutidos de la matanza. De postre, filloas y queso local con membrillo. Para acompañar, un buen vino gallego: no importa si es un ribeiro, un albariño o un caldo de la Ribeira Sacra.

Dónde alojarte

Huttopia Caminos de Galicia, en la parroquia de Prado (Lalín), permite dormir literalmente en el corazón de la fraga, a un paso de los lugares más emblemáticos de la comarca. Cuenta con parcelas para caravanas, tiendas de campaña, pero ofrece también cabañas y chalets de madera con terraza integradas entre carballos y castiñeiros, además de piscina climatizada y cafetería. Con el Camino de Invierno y la Vía de la Plata cruzando la comarca, es la base ideal para un viaje radial, de día entre piedra y bosque y de noche bajo un cielo sin contaminación lumínica.

Dónde comer

Casa Currás (Lalín), una casa fundada en 1941 donde el cocido y la cocina tradicional gallega se tratan con respeto. Pulpería Alto da Pena, en Prado, muy cerca del Pazo de Liñares, es una parada obligada para los amantes del pulpo a feira. Fogar de Breogán, en Santiso (Lalín), ofrece cocina gallega de producto en un entorno tan singular como evocador, con guiños celtas y espectáculo de queimada incluido.

Ideal para…

Familias —el camping de Huttopia es uno de los mejores rincones para ellas, gracias a su piscina y actividades—, parejas y viajeros amantes de la naturaleza, el senderismo y el Camino de Santiago; y, muy en especial, para quienes disfrutan combinando patrimonio, leyendas y buena mesa. 

El consejo del experto viajero

Para los amantes de la naturaleza, la Fervenza do Toxa impresiona más después de las lluvias, con el cauce crecido y la cámara lista para captar una instantánea del salto de agua y el espectacular entorno. Si se visita la Casa do Patrón y se desea probar su cocina, hay que reservar mesa previamente y, si el plan es la Feira do Cocido, asegurar alojamiento con mucha antelación, porque Lalín y la comarca se llenan esos días.