DESTINOS POR DESCUBRIR

El pueblo medieval de Navarra detenido en el tiempo que guarda el corazón de un rey desde el siglo XIV


Un enclave a 800 metros donde el románico y el gótico conviven en una iglesia-fortaleza con vistas desde los Pirineos hasta el Ebro.


Balcón de la iglesia de Santa María la Real, Ujué, Navarra© Shutterstock
27 de mayo de 2026 a las 14:30 CEST

La carretera que sube desde San Martín de Unx por la montaña que domina la sierra lleva a un enclave a 800 metros desde donde se alcanza a ver la cordillera pirenaica por el norte y la ribera del Ebro con la silueta del Moncayo de fondo por el sur. En cada curva se abre una ventana más grande a la llanura navarra hasta que por fin se divisan las torres almenadas emergiendo del cerro, explicando sin palabras por qué durante siglos este lugar fue considerado sagrado, estratégico e imprescindible a la vez. La peregrinación a este pueblo llegó a usarse como condena judicial en la Edad Media, con el testimonio de un pescador de Estella condenado por matar a un vecino a caminar hasta aquí como penitencia. Un castigo que hoy en día bien podría ser un privilegio por toda la historia y la belleza que el lugar conserva. 

Palacio de Carlos II, Ujué, Navarra© @visitnavarra
Iglesia-fortaleza.

El nombre del pueblo presenta su primera historia. Uxua significa paloma en euskera, y remite a la leyenda de un pastor que, cuidando su rebaño, fue atraído por el vuelo de una paloma que entraba y salía del hueco en una roca donde se encontraba la imagen de la virgen. La forma vasca Uxue fue la única usada hasta casi finales del siglo XIX, cuando comenzó a convivir con la forma castellana Ujué. Habitado desde antes de la época romana, el germen del actual municipio surgió en el siglo VIII en torno a una fortaleza, puesto avanzado de defensa del reino de Pamplona frente al avance del Islam.

Lugar de culto desde época precristiana, Ujué vivió una serie de privilegios durante el reinado de Sancho Ramírez, que construyó la cabecera románica de Santa María. Tres siglos después, la villa encontró su gran mecenas en Carlos II de Navarra, el rey que la historia francesa llamó “el malo” y que convirtió la localidad en su obsesión. Él terminó de erigir la nave gótica de la iglesia, el paseo de ronda, un hospital para peregrinos, la casa prioral y la universidad, de cuyos muros aún quedan ruinas visibles. 

Ujué, Navarra© Shutterstock
En el casco histórico se arremolinan calles empedradas y casas de mampostería que trepan por la colina.

Un recorrido por la localidad

Por suerte, cuando la corona de Castilla conquistó Navarra, el cardenal Cisneros solo mandó derribar las edificaciones defensivas y no la iglesia ni el palacio de Carlos II, hoy en día el único que se conserva tal como estaba junto al conjunto monumental. Pero para empezar una visita a Ujué hay que deleitarse antes con cada uno de los miradores y hacer una parada en la Cruz del Saludo, una de las perspectivas más conocidas del municipio. El pueblo se abre como un laberinto en un casco histórico donde se arremolinan calles empedradas y casas de mampostería que trepan por la colina. 

Joyas como la Casa Prioral y las viviendas de la calle Villeta, con sus ventanas originales, son la antesala a las diversas plazas del lugar. La plaza Reina Doña Leonor guarda bajo su suelo los restos de una tumba de un poblador que fue enterrado en el 700 d.C. En cambio, la plaza Mayor conecta con dos calles que ascienden hacia la parte alta del pueblo, donde los portales tienen labrados en piedra los escudos de sus antiguos ocupantes, como en la Casa Iriarte.

Ujué, Navarra© Shutterstock
Ujué se eleva a 800 metros de altura.

A medida que se sube, la densidad histórica se espesa. Al sur de la iglesia llama la atención el palacio de Carlos II, del siglo XIV, con dos espectaculares balconadas sostenidas por grandes ménsulas de piedra que esconden tras de sí una exposición permanente sobre el santuario y la villa. 

En la parte baja del pueblo, antes de abandonar el centro, conviene hacer una parada en el Mesón Las Torres, el primer restaurante que abrió en Ujué, fundado en 1967 por Hipólito Ibáñez y con una de las migas más famosas del mundo, hechas con sebo de cordero, ajos, tomates, setas y jamón en fuego de leña. Cerca, sobre una pequeña loma enfrentada a la población, se encuentran las ruinas de la iglesia de San Miguel, construcción gótica del siglo XIII en la que quedan vestigios del románico en su fachada principal.

Palacio de Carlos II, Ujué, Navarra© @visitnavarra
Mirador de la iglesia-fortaleza.

El monumento que lo explica todo

Los paseos de ronda que rodean la iglesia y las torres almenadas configuran el aspecto de fortaleza del conjunto. El templo sorprende por ser desproporcionadamente grande para un pueblo que hoy apenas supera el centenar de habitantes, y esa desproporción es en sí una prueba de que la localidad fue un lugar mucho más poblado y poderoso de lo que sugiere su tamaño. La historia del santuario arranca de una primera iglesia prerrománica y el resultado final es uno de esos monumentos que no terminan de pertenecer a un solo estilo porque la historia no le dio tiempo a completarse. 

Galería gótica Ujué, Navarra© Shutterstock
Galería gótica.

La portada principal es un tratado de imaginería gótica, donde se aprecian relieves alusivos a la vendimia, animales y escenas bíblicas, además del rey Carlos II, que se hizo retratar en su propia portada. El paseo de ronda que rodea el conjunto va descubriendo los tres ábsides románicos en la parte trasera; la torre románica de los Picos, con una portada románica; y la Torre de los Cuatro Vientos, de factura gótica, más baja y robusta. Un detalle que no hay que pasar por alto es que bajo esta última una ventana enmarca perfectamente la ciudad de Olite a lo lejos, con la que Ujué tuvo una relación estrecha.

Portada de la iglesia de Ujué, Navarra
Fachada-sur de la iglesia.

En el interior se conserva la imagen de Santa María de Ujué, datada en torno a 1190, que Carlos II ordenó forrar de plata. Junto a ella, en una hornacina discreta, una caja de madera policromada guarda el corazón de Carlos II, que según la tradición ordenó que su cuerpo fuera enterrado en la catedral de Pamplona, sus vísceras enviadas a Roncesvalles y su corazón depositado en Ujué. En el muro derecho del coro, restaurado en 2008 tras estar oculto durante siglos, hay otro tesoro: un fresco del siglo XIV firmado por Martinet de Sangüesa, muestra a la Virgen María con el Niño sosteniendo una mariposa en las manos, y una escena con tres personajes a caballo, iconografía ligada a la Peste Negra que al sur de los Pirineos es toda una rareza.